Capitalismo, una historia de amor.

Capitalismo, una historia de amor

En su último y aclamo documental (que recomiendo enfáticamente, lo pueden ver gratis acá) llamado “Capitalism: a love story” (2009) Michael Moore logra captar, con suma crudeza y realismo, los problemas intrínsecos que llevaron a EEUU a la debacle de 2008.

Moore comienza filmando, en tiempo real, el desalojo de una familia americana de clase media/baja desde adentro de la casa. Y este el solo el primero de los varios golpes bajos a los que apela este maravilloso cineasta, capaz de retratar como pocos la caída del imperio.
Además de ocuparse de la decadencia de la industria Americana ilustrada en la quiebra de General Motors, Moore le dedica una parte importante del documental a Wall Street y la crisis de las suprime, y aprovecha la movida para asestarle un par de cachetadas a su enemigo número uno: George W. Bush, a quién acusa de haberse rodeado de toda la cúpula de bursátil durante su gobierno, a partir del nombramiento de Henry Paulson como secretario del tesoro (hasta ese entonces máximo directivo de la firma Goldman Sachs) luego de la renuncia de John Snow en el año 2006.

Compra de votos en el senado, extorsiones, coimas (se habla de cómo las compañías estrellas del mercado hipotecario de ese momento sobornaban a los encargados de aplicar el control de las préstamos dándoles líneas de créditos a tasas irrisorias al ser colocados en unas listas VIP), discursos del ex presidente de los EEUU que solo buscan instaurar el miedo en la población para entregarle la llave del tesoro con 700.000 millones de dólares (el costo del rescate finalmente aprobado en el senado) a las firmas más poderosas de Wall Street; todo esto y más forma parte de este documental que lo deja a uno pensando que fue lo que realmente pasó entre el año 2008 y mediados de 2009.

Bienvenido al capitalismo de estado

Según Wikipedia, el capitalismo es el sistema económico fundado en el capital como relación social básica de producción. En él, individuos privados y empresas, con el propósito de acumular ganancias, emplean trabajadores asalariados para llevar a cabo la producción y el intercambio de mercancías, ya sea en forma de bienes o de servicios. También se denomina capitalismo o sociedad capitalista a todo el orden social y político (legislación, idiosincrasia, etc.) que orbita alrededor del sistema económico.

El capitalismo es concebido mayoritariamente por dos características importantes:
i) El régimen económico en el cual la titularidad de los medios de producción es privada, entendiéndose por esto su construcción sobre un régimen de bienes de capital industrial basado en la propiedad privada.
ii) La estructura económica en la cual los medios de producción operan principalmente en función del beneficio y en la que los intereses directivos se racionalizan empresarialmente en función de la inversión de capital y hacia la consecuente competencia por los mercados de consumo y trabajo asalariado.

Si analizamos la definición de Wikipedia y las diferentes formas mediante el cuál el capitalismo es concebido, nos encontraremos con varios aspectos que hacen ruido.
La primer forma habla de un régimen económico en el cuál la titularidad de los medios de producción es privada, cuando la realidad de, por ejemplo, el sistema bancario y financiero de los EE.UU, Inlgaterra y Holanda da cuenta de que, gracias a los rescates que tuvieron que implementarse recientemente, la mayoría accionara de los bancos más importantes y representativos de cada uno de estos países se encuentra en manos del estado del país en el cuál nacieron.

Esto tendrá grandes implicancias para el orden económico internacional en general y para las bolsas en particular, ya que las ganancias del sistema financiero no quedarán en manos privadas sino que deberían recalar en los gobiernos, principales accionistas de las mismas.

La segunda forma habla sobre la estructura económica en la cual los medios de producción operan principalmente en función del beneficio… y hacia la consecuente competencia por los mercados de consumo y trabajo asalariado.

El sistema de libre mercado deriva de las ideas de Adam Smith, quien en el año 1776 en su libro “Riqueza de las Naciones” le da vuelo a estas ideas. En estos escritos, la conjunción del interés personal de cada individuo, expresada a través de la competencia, la oferta y demanda, funciona como mecanismo capaz de, por sí mismo, asignar con eficiencia y equidad tanto los recursos como el producto de la actividad económica.

Bajo esta línea de pensamiento, la libre competencia hace que las empresas se vean obligadas a competir para sobrevivir, bajando los precios de sus productos y aumentando su calidad. Aquellas que no puedan hacerlo deben quebrar y desaparecer del sistema, por lo cual, bajo esta teoría “darwiniana”, solo sobreviven los más aptos.

Estas mismas ideas son las que se quieren imponer en el mundo a través del libre comercio (impulsado mayoritariamente por EE.UU) en donde se pide a todos los países que abran sus fronteras a los productos comerciales del resto del mundo, para poder mejorar su productividad vía la libre competencia.

A mi juicio, este dogma cuenta con un problema latente: los países no son empresas que pueden “quebrar” en caso de no poder competir. Que un país no pueda competir y quiebre significan despidos en masa, tensión social y crecimiento exponencial de la pobreza. Y si no pregúntenle a Grecia.

Europa y USA (Unión Socialista Americana).

España es, junto con Grecia, Irlanda y Portugal, una víctima directa de un conjunto de
malas políticas aplicadas por los líderes del Norte; aunque también debería hacer un “mea culpa” y reflexionar sobre porqué el país se encuentra tan mal parado a nivel de mercado laboral y deuda externa cuando en otros países los efectos directos y residuales de la crisis comienzan a desaparecer.

No sería nada raro que de esta introspección surja como resultado que la codicia y el deseo de veloces y cuantiosas ganancias extraordinarias fueron también los conductores de las políticas gubernamentales españolas en la última década.

Pocos dudan que en EE.UU lo que se viene ahora es mayor presencia del gobierno, un endurecimiento en lo que respecta a los controles financieros y, seguramente, mayor presión fiscal e inflacionaria, además de una suba de tasas de interés.

Como si esto fuese poco para las ideas capitalistas tradicionales, los riesgos soberanos (esto es: el riesgo de que un gobierno declare el cese de pago sobre la deuda emitida) seguirán bajando ya que, quedó demostrado, tanto EE.UU como la Comunidad Europea deben actuar como “prestadores de última instancia” para evitar quiebras privadas (de importancia) o públicas.

Comprender este tipo de cuestiones será de viral importancia para el resto del mundo, y permitirá adelantarnos al nacimiento de este nuevo paradigma liderado por la nueva Unión Socialista Americana (USA): una locomotora global llena de fallas y contradicciones que se agudizan con el correr del tiempo.

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