3 temas de dinero a tener en cuenta si estás pensando en irte a vivir solo.

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Tomar la decisión de irse a vivir solo es muy fácil. Lo difícil pasa por poder mantenerse econonómicamente en un país donde la inflación produce una distorsión de precios pocas veces vista.

Disfrutar de la privacidad y la ventaja de seguir reglas propias es un placer que tiene su precio, y más teniendo en cuenta la situación de crisis económicas que se viven en el mundo en forma continua en los últimos 10 años.

Esta y otras cuestiones hacen que la adolescencia se estire hasta los 30 años y a muchos les cueste “abandonar” el nido: la comodidad de la casa familiar se asemeja a un hotel 5 estrellas, aunque sólo se tome conciencia de ello una vez dado el salto hacia la independencia.

Pero lejos de querer desalentar a aquellos que están pensando en comenzar a escribir su propia historia, veremos a continuación 3 simples temas de dinero a tener en cuenta para que el proyecto de vivir solo se pueda encarar como algo sólido y sustentable. Y evitar de esta manera la mala experiencia de tener que pronunciar algún día las temidas palabras “Mamá, volví a casa”.

Primer tema: Planificar, planificar y planificar.

Si no planificamos nuestras vidas, corremos el serio riesgo de caer en la planificación de otra persona, y lamentablemente es poco probable que esa persona tenga preparado algo  igual a lo que imaginábamos para nosotros. Comenzar a planificar nuestras finanzas personales tiene que ver en primer lugar con ordenar nuestros gastos y también con reciclar viejos hábitos de consumo donde  no hace falta tener el dinero para comprar lo que se quiere, siempre y cuando se pueda pedir prestado.

La planificación y el vivir con lo propio son los pilares para poder triunfar en la aventura de vivir solos.

Para ello es muy importante:

A) Registrar los gastos. Se imaginan el caos que sería la vida si todo el mundo estuviera registrando cada gasto que hace? Pero pensar que este consejo va en esa dirección es demasiado simplista: hay personas que ahorran en forma natural y otras (muchas otras) que tienen serios problemas para hacerlo.

Para aquellos que sienten que ahorrar les cuesta mucho o que directamente nunca  lo lograron, comenzar a anotar todos y cada uno de los gastos es un primer paso que hay  que dar para modificar los hábitos.

Esto puede resultar molesto y aburrido, pero no hay que tomarlo como algo que será así para siempre. Una vez que se logra llegar bien a fin de mes y se consiguen los objetivos de ahorro, el comportamiento financiero habrá cambiado de manera natural y esta contabilidad ya no será necesaria.

B) Clasificar los gastos. Anotar los gastos es el primer paso hacia un objetivo intermedio superador que posee dos escalones consecutivos: entender en qué se va el dinero todos los meses y transformar los gastos innecesarios en ahorro.

Las clasificaciones pueden ser tantas y tan variadas como el interesado quiera, pero la base es siempre poder separar entre los gastos necesarios y los gastos innecesarios, y para ello hay que ser totalmente honesto en cuanto a aquellos egresos que se realizan cotidianamente pero no reportan satisfacción duradera.

Para ello es útil reflexionar sobre las motivaciones propias de consumo, resistir la presión de una sociedad que estimula al gasto permanente y hasta buscar caminos alternativos para reducir la ansiedad (principal responsable de los gastos superfluos o compulsivos).

Una vez que hayas separado los gastos necesarios de los innecesarios, habrás dado el primer paso importante: ya sabrás el mínimo mensual a ahorrar por mes, que es el total de los gastos a eliminar.

Segundo tema: Eliminar conductas pro-deuda.

La impaciencia suele ser una mala consejera, y muchas veces el deseo de vivir solos puede hacer que el interesado piense que “no pasa nada” si se endeuda ahora con tal de poder dar el salto porque “ya habrá tiempo para pagarlo”.

Lamentablemente, los gastos que deben afrontarse (que veremos al final de esta nota) hacen que levantar la deuda se vuelva una misión imposible, pudiendo frustrar fácilmente la experiencia.

Para poder “vivir con lo propio” y no gastar de más, es útil tener en cuenta dos cuestiones:

A) Mirar atentamente los precios: Aunque parezca difícil de creer, son muchas las personas que sólo se percatan del precio del producto que están comprando en el preciso instante en que lo están por pagar en la caja, y terminan llevándolo igual por más exorbitante que sea  porque les da vergüenza asumir que no pueden afrontarlo.

Pero detenerse a mirar el precio de lo que se desea comprar es una condición necesaria, pero no suficiente: también hay que analizar si lo que estamos por adquirir tiene o no gastos relacionados, es decir, que indirectamente derivan de su compra y que muchas veces pueden ser incluso mayores que lo que pagamos por él.

B) Limitar el uso de las tarjetas de crédito: Las tarjetas de crédito pueden ser utilizadas con inteligencia y moderación, pero no todos tienen esa habilidad. ¿Cómo descubrir si estás dentro de ese grupo? Muy simple: si pagás el total de los resúmenes a tiempo, si nunca haces uso de los intereses que cobran los emisores de las tarjetas por pagar el mínimo mensual, si nunca tuviste problema con los límites de gastos, entonces no necesitás prestar atención a este tema.

Si, por el contrario, te pasa todo lo opuesto a lo enunciado anteriormente, quizá sea hora de reconocer que la tarjeta de crédito es un factor que te incita a gastar más y descontrolar tu presupuesto financiero personal.

Vivir con miedo a que caiga el próximo resumen, por más libertad que nos otorgue el no tener que compartir nuestra vivienda con nadie, no parece una buena idea.

Darlas de baja o dejarlas directamente guardadas en un cajón puede ser una excelente  alternativa.

Tercer tema: Saber que necesitarás al menos 4.000 pesos por mes.

El alquiler de un departamento de dos ambientes en Palermo, Recoleta o Belgrano ronda los $2200 más $400 de expensas (mínimo). Luz, gas, teléfono, ABL e Internet se llevan otros $600 y el supermercado un estimado de $800 mensuales. Total $4000 mensuales.

Estos son solo los gastos derivados de mudarse solo. No tienen en cuenta Obra Social o viáticos que igualmente deben pagarse viviendo con la familia.

Claro que se puede hacer con menos, dependiendo el barrio y de hasta dónde se puede “ajustar el cinturón”.

Como se puede ver, vivir solo no es nada fácil, pero suele pasar (como en muchos otros casos) que la fuerza del deseo de llevarlo a cabo hace que “mágicamente” aparezcan ideas y soluciones que ayudan a quitar los obstáculos del medio.

La necesidad económica que se puede sentir una vez dado ese primer paso también ayuda a ser más creativos a la hora de llegar a fin de mes sin haber dejado servicio o factura sin pagar, pero ello únicamente puede lograrse disciplinando los gastos y buscando incrementar los ingresos que percibimos más allá de nuestro trabajo en relación de dependencia.

Muchos éxitos y a disfrutar de la soledad elegida!

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