7 perfiles definidos a partir de la relación con el dinero.

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La relación entre el hombre y el dinero es uno de los temas menos tratados de la literatura moderna y, sin embargo, lo material está presente en casi todas las decisiones que tomamos en nuestra vida.

Actualmente en Argentina, más allá de la polarización política creciente, tenemos un modelo económico totalmente atípico para los registros históricos de las últimas décadas, y esto (sumado a otros temas más intrínsecos de cada persona en particular) genera distintas patologías y comportamientos relacionados al gasto-ahorro-consumo; que lleva a mucha gente a pasarla realmente mal y tener  comportamientos que no le son para nada favorables. Por lo tanto, desembocan en una precarización de la calidad de vida, producto de desórdenes monetarios que no se llegan a registrar.

A continuación, veremos 7 tipos de patologías para que el lector se reconozca en alguna de ellas (o en varias) y así, al menos, tenga un diagnóstico como primer paso a un estadío superador en un futuro inmediato.

1) El ahorrador-desconfiado.

Se trata de aquellos individuos con una mezcla de hábitos positivos (ahorrar) y negativos (desconfiar de todo). En un país “normal” les puede llegar a ir bien, aunque nunca muy bien ya que la desconfianza hace que se pierdan oportunidades interesantes. Los ahorros pueden ser colocados generalmente en vehículos de bajo riesgo y corto plazo, como cajas de seguridad, cuenta corriente o plazos fijos.

Pero en un país como el nuestro, pierden dinero a montones en términos reales, ya que la inflación hace que el poder adquisitivo de lo que tienen ahorrado y no invierten (por desconfianza) se vaya reduciendo a un ritmo de más del 20% anual.

Esto puede generar una sensación de impotencia frente a la percepción de estar perdiendo plata a pesar de no gastarla.

2) El ahorrador-consumista

¿Cómo alguien puede ser ahorrador y consumista al mismo tiempo? Se trata de aquellos individuos que ahorran para consumir, es decir, adquieren hábitos de ahorro temporarios para cambiar el auto, comprar lo último en tecnología (celulares, televisores, computadoras) o irse de vacaciones.

Tienen en claro que no deben endeudarse para consumir y eso ya es un punto a favor, pero muchas veces ese consumo tiene un sesgo materialista y vacío, con lo cual la insatisfacción es una constante en sus vidas.

Por otro lado, ni se plantean la posibilidad de invertir su dinero en algo que les pueda generar ingresos, ya que para ellos el ahorro está asociado a la última novedad que no puede faltar en sus vidas y además, comprar tal o cual cosa no lleva consigo demasiado esfuerzo como sí lo haría tener que investigar en qué vehículo financiero (o de la economía real) colocar ese excedente.

3) El eterno deudor

Son aquellos que resuelven sus problemas financieros pidiendo dinero prestado. Su idea de planificación financiera es “pedirle a Juan para pagarle a Pedro”.

Las palabras “cuotas fijas, créditos a sola firma, bajas tasas” siempre llaman su atención. Comprar a crédito cosas que no necesitan es su ejercicio favorito.

Los pensamientos  “Yo me lo merezco”, “Trabajo duro para darme los gustos” o “Está en oferta”, siempre están dándole vueltas en la cabeza cuando entra a un shopping o negocio.

Igual que una persona con problemas de obesidad que come cuando está deprimida, este tipo de inversor gasta cuando está deprimido. Gasta, se deprime y gasta más.

A simple vista, este tipo de inversor puede parecer una persona rica y próspera: puede ser que tengan coches último modelo, casas grandes, etc., pero si comenzamos a investigar llegamos a la conclusión de que se encuentran a un accidente financiero de caer en la ruina, ya que todo lo que tienen está comprado a crédito.

Su gran error es pensar que su problema es el ingreso (o la falta de ingreso) que tienen, cuando en realidad su problema es el comportamiento que  con el dinero.

4) El gastador compulsivo

La compulsión por comprar es un trastorno cada vez más común, y los casos van en aumento en un país como el nuestro cuyo modelo económico está sustentado en el consumo interno, lo cual ejerce una presión constante sobre la población vía marketing “agresivo” de las empresas.

Se trata de una patología en la que hay una necesidad irreprimible de adquirir cosas. En su interior, los gastadores compulsivos tienen una baja autoestima, ansiedad y también tendencias depresivas.

La compra compulsiva es bastante más que un despilfarro ocasional con arrepentimiento posterior, y para considerarse realmente un trastorno, el comportamiento tiene que estar relacionado con una angustia marcada o inferir en el funcionamiento normal de la vida cotidiana.

Las causas primigenias de la adicción a la compra aún no están claras, sin embargo, se pueden detectar dos denominadores comunes entre quienes sufren este desorden: la gran apreciación de lo material y una pobre autoestima.

5) El gastador hormiga

Tienen sus máximas y nadie los mueve de allí: en la Argentina no tiene sentido ahorrar porque  la inflación se come los ahorros y siempre se termina perdiendo. Además: los bancos son “ladrones”, la bolsa es una “timba” y los que tienen dinero o son políticos corruptos o seguro que “a alguien estafaron”.

Este compendio de creencias los vuelve nihilistas y los obliga a “vivir el momento”, y en su presupuesto diario lo que más ponderación tiene son los gastos hormiga, que son aquellos gastos pequeños (un café por el camino, almuerzo en un restaurante cerca del trabajo, llevar a lavar el coche, etc.…) que realizan casi sin darse cuenta.

Como resultado de este comportamiento viven el día da día: no deben nada, pero tampoco tienen excedentes de dinero cuando llega fin de mes, y esa situación los preocupa de cara a un futuro donde tengan que depender de la jubilación estatal.

Frase de cabecera: “No sé en qué se me va el dinero…”.

6) El tacaño

En primer lugar, sería bueno definir si una persona es avara o tacaña, que no es lo mismo. El avaro ama el dinero per sé, y disfruta de acumularlo y poseerlo, y es una persona que aunque tenga mucha riqueza puede vivir en la miseria con el fin de ahorrar y tener más dinero. El tacaño, al contrario, se agarra del dinero por temor al desamparo económico, y esa búsqueda permanente de seguridad es la que le impide gastar. No gasta por el miedo a la pobreza, por más que no se encuentre para nada cerca de ese escenario en la actualidad.

Para el tacaño la imposibilidad para gastar pasa por un tema de miedos económicos, y  siente que tiene sacrificarse todo el tiempo en pos del ahorro. No irse de vacaciones para no gastar, comprar siempre segundas marcas sin importar la calidad, no encontrarse con amigos/as con tal de no pagar una comida en un restaurante son algunos de los ejemplos de sacrificio en pos del ahorro.

Esta concepción equivocada de la vida está dada por un afán excesivo y desordenado de poseer bienes, y la seguridad económica muchas veces se transforma en una zanahoria móvil que nunca cree alcanzar, aunque muchos tacaños tengan ahorros como para vivir varias vidas y no quieren (o pueden) admitirlo.

El tacaño puede llegar a tener un ataque de pánico al recibir una invitación para un cumpleaños o casamiento: hay que comprar un regalo acorde a la ocasión, y eso significa gastar.

Se trata claramente de una de las peores patologías de la presente nota.

7) El altruista pobre

Según Wikipedia.com, el altruismo (del francés antiguo “altrui” = de los otros) se puede entender como aquél comportamiento que aumenta las probabilidades de supervivencia de otros a costa de una reducción de las propias. Está relacionado con el sacrificio personal por el beneficio de otros.

El altruista pobre es aquél que siempre está comprando cosas para los demás o directamente regalando sus posesiones (como la casa o el auto) a familiares o ex esposas/esposos, por lo cual a pesar de haber generado dinero durante su vida siempre está en una situación de escasez.

Esta patología está asociada con una idea del dinero como algo oscuro, generador de culpa y del que es necesario desprenderse cuanto antes.

Conclusión

El objetivo debería ser siempre poder ahorrar para invertir ese dinero, de manera tal de generar ingresos que nos permitan, al menos, mantener el poder adquisitivo en un contexto como el actual de altas tasas de inflación.

Pero, claro está, llegar a ese lugar sin saber de donde estamos partiendo complicaría un tanto las cosas.

Dado que estos temas son encarados tangencialmente en charlas de café y otros lugares improvisados, por gente que en su mayoría tampoco entiende bien su comportamiento monetario, pienso que estas clasificaciones pueden ayudar para al menos saber qué es lo que se está haciendo mal y cómo corregirlo.

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Esta nota fué escrita por Nicolás Litvinoff y publicada por el diario La Nación el 1 de Octubre de 2012.

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