El Papa verde.

el papa verde

La siguiente es la nota de tapa de la revista el Guardián, aparecida el 28 de Marzo de 2013, y titulada “El papa verde”.

 

La obsesión de los argentinos por el dólar es culpa de la historia. De nuestra propia historia. Desde que apareció la primera moneda nacional, hace 132 años, el signo monetario argentino perdió 12 ceros. Desde aquel “Peso Moneda Nacional” que en 1881, durante la presidencia de Julio Argentino Roca, intentó unir financieramente al país, al actual “Peso”, vigente desde la consagración de la convertibilidad, en 1992. Lo más impactante, no obstante, es que la mitad de lo perdido, nada menos que seis ceros de la moneda, ocurrió durante los últimos 30 años. Pocos meses antes del retorno de la democracia, en junio de 1983, apareció el “Peso Argentino”, al que reemplazó el “Austral”, en 1985, y luego vino el actual “Peso”. En el medio hubo dos procesos hiperinflacionarios. Y, más acá, la explosión de la convertibilidad. Con semejante bagaje hasta parece justificable que los argentinos con capacidad de ahorro piensen en verde al menor temblor financiero.

Juan Domingo Perón fue el primer mandatario en dar cuenta públicamente de la obsesión de los argentinos por el billete verde. A comienzos de los años ’50 pronunció la célebre frase “¡Quién ha visto alguna vez un dólar!” intentando desacreditar a los ahorristas que buscaban refugio contra la cada vez más acechante inflación. “Perón lo decía porque había sectores minoritarios que querían forzarlo a devaluar y volverse dependientes de los organismos de crédito. Él nunca había tranzado ni con el FMI ni con los organismos financieros externos. Y el peso era fuerte. Estos sectores querían que Argentina se volviera dependiente de Estados Unidos y de los poderes internacionales. Recordemos que era la época en que se pasaba del patrón oro al patrón dólar”, sintetiza el legislador porteño por el Frente para la Victoria Juan Carlos Dante Gullo.

Sesenta años después, la postal parece calcada. La pregunta que en las últimas semanas más escucharon economistas, periodistas y funcionarios es qué pasará con la cotización del dólar en el corto plazo. La prohibición formal de adquirir divisas para el ahorro generó el mercado paralelo, ilegal, del dólar. Lejos de aplacar la búsqueda de billetes verdes, esa restricción potenció la ansiedad de los medianos y grandes inversores. Una medida lógica –como la de impedir la chance de que empresas e individuos compren hasta dos millones de dólares mensuales en los bancos o casas de cambio—se extendió luego a todo el mercado, sin diferenciar a los grandes inversores de los más chicos. El endiosamiento de la moneda estadounidense es tal que, en los últimos meses, el buscador de Google tuvo más entradas de “cotización del dólar” que de otras variables tanto o más angustiantes que el valor de la divisa, como “pobreza” o “inseguridad”.

La aceleración del proceso inflacionario está detrás de la efervescencia social por la divisa. Cuando el costo de vida es cada vez más caro, el público, y también las empresas, intentan poner a salvo sus activos. Compran dólares y guardan stocks para prevenirse ante futuros shocks.

Para evitar otro doloroso momento en la historia de la política económica, el Gobierno intenta cambiar la estrategia ensayada en el último año y medio. La jugada luce arriesgada, pero algunos funcionarios están convencidos de que la única forma de salir del actual conflicto es con medidas audaces. El eje central pasaría por habilitar un deslizamiento más acelerado del tipo de cambio, permitiendo micro devaluaciones prácticamente diarias, con el objetivo de recuperar parte del terreno perdido. Así como antes se valía de una cotización del dólar estable como único ancla de la inflación, ahora se movería ese valor como un intento de descomprimir la presión en el mercado financiero. No sería de extrañar, entonces, que el dólar oficial se acerque a los seis pesos en los próximos meses, sin esperar a que ello acontezca recién a fin de año. La velocidad de ese movimiento dependerá del escenario inflacionario. Justamente, en simultáneo con la medida cambiaria, la intención de los funcionarios es reforzar los controles de precios. Lo arriesgado de la apuesta es que la suba del dólar también presione sobre la inflación. Por eso, Guillermo Moreno se apuró en cerrar un nuevo trato con los grandes supermercados, que asegura un congelamiento de los precios en las góndolas por lo menos hasta fin de mayo.

El Gobierno está convencido de que la tensión en el mercado paralelo del dólar es producto de una ola especulativa lanzada desde poderosos sectores económicos enfrentados con la política económica oficial. La lupa está puesta desde hace algunas semanas sobre los principales productores y exportadoras de soja, que se verían beneficiados con una maxi devaluación, justo antes de la cosecha. Si fuera así, percibirían más pesos por la oleaginosa vendida. Dante Gullo traza una línea imaginaria entre aquel Perón de los años ’50 con lo que sucede ahora: “Aquéllo es absolutamente aplicable a lo que sucede ahora porque con todo esto del blue lo que se busca es que se devalúe perjudicando a los que menos tienen y a las mayorías”.

Para los especialistas en analizar las conductas del público, en el mejor de los casos, el cambio de mentalidad llevaría años. Martín Tetaz, economista especializado en economía del comportamiento, profesor de Economía Política en la Universidad Nacional de La Plata, es uno de los que adhiere a esa teoría. “La figura psicológica que tal vez mejor define la devoción de los argentinos por el dólar es una intermedia entre la fobia y un trastorno de ansiedad generalizado”. “Mantener o cerrar más el cepo le pondrá todavía más presión al dólar blue”, asegura en diálogo con El Guardián. Y concluye: “Pensemos que las grandes crisis que atravesó el país en los últimos 60 años se almacenaron en la memoria episódica de la mucha gente y con un contenido emocional muy fuerte. Creo, como suelo decir, que el recuerdo de la inflación y la devaluación no es que están en el cerebro sino en los huesos de los argentinos. Y lo cierto es que se repite la conducta que en otras crisis funcionó como un chaleco antibalas. Si la idea es frenar la fiebre compradora de dólares, empecemos a construir otra historia diferente y solvencia de nuestra moneda. Necesitamos muchos años de estabilidad”.

Es interesante el aporte de Nicolás Litvinoff, director de Estudinero.net y autor de los best seller “Es Tu Dinero” y “Es Tu Tiempo”. “Lo que sucede con el dólar, si lo vemos desde lo emocional, refiere a una inercia a repetir acontecimientos del pasado. Hay como una resistencia a creer que las cosas esta vez pueden ser distintas”. Incluso, asegura Litvinoff, cuando ese comportamiento termine siendo contrario a los intereses de la sociedad que el individuo integra. “La gente cuando tiene miedo actúa contra sus propios intereses. Quien gana, por ejemplo, 7000 pesos y – privándose de todo – ahorra 2500 pesos y sale corriendo a Maipú y Florida a comprarle a un arbolito. Sin saberlo, actúa contra sus intereses favoreciendo una devaluación que lo va a perjudicar. Todos hablan de cuánto más vale el dólar, pero el dólar no cambia de valor, lo que cambia es el peso, que se debilita. El Estado tiene que hacer que la gente tenga más confianza en el peso”.

Esa pelea de fondo es la inflación. Lo asume Héctor Valle, economista y director por el Estado en YPF. “El nuevo control de precios va a andar bien porque hay margen para presionar sobre los supermercados y otros formadores de precios que remarcaron ‘por las dudas’”. Valle agrega un dato que podría indicar el escenario optimista que perfilan en la Casa Rosada. “Si este año logramos tener tres o cuatro puntos menos de inflación que la prevista puede considerarse un éxito. Es necesario bajar los costos de los servicios privados, que explican nada menos que la mitad de la inflación. Por caso, las cuotas de las escuelas, las expensas y el turismo interno. Y en 2014 empezaría otro partido”, resume.

El funcionario no lo menciona abiertamente pero su análisis tiene en cuenta un escenario político favorable al oficialismo. Las últimas encuestas que llegaron a despachos de diversos funcionarios de primer nivel hablan de un muy probable triunfo de las listas del FPV en las elecciones de octubre, con un 40 a 42 por ciento de adhesión, si la jornada electoral fuera hoy. Con el respaldo popular refrendado, queda claro, el Gobierno tendría todavía más espaldas para dialogar con los grupos económicos más concentrados.

El principal desafío económico, entonces, pasaría por quitarle presión a los precios. La situación es difícil pero no dramática, como cuando el país afrontaba vencimientos de la deuda asfixiantes. Hoy en día, todo lo contrario, el perfil de la deuda pública es perfectamente asimilable. A los 4900 millones de dólares que hay que pagar este año deben añadirse apenas unos 3000 millones en 2014. Aun cuando resta definir la pelea judicial con los fondos buitres en los tribunales de Nueva York, el tema deuda aparece como secundario en la agenda económica-financiera.

No lo es, por cierto, el tipo de cambio real, que marca la competitividad de la economía y está directamente ligado a la inflación. Javier Alvaredo, jefe de la consultora ACM y exfuncionario durante la gestión de Miguel Peirano en el Ministerio de Economía, sacó un cálculo revelador de la evolución económica. Dice que en 2007 la Argentina tenía un valor del dólar que, a valores actuales rondaría los 8 pesos. Un 55% superior a los 5,14 pesos que cotiza en el mercado oficial. La diferencia entre uno y otro valor viene dado por la inflación acumulada en esos seis años sin que el tipo de cambio acompañara ni siquiera de cerca ese proceso.

En el medio, el dólar paralelo le gana la carrera a las demás inversiones financieras y ese es un enorme problema para abordar cualquier estrategia que se plantee el Gobierno. Durante marzo, y a pesar de los severos controles cambiarios, el “blue” ganó un 8,3 por ciento, por lo que ya acumula un avance del 24,4 por ciento en lo que va del año. Por este motivo, a menos que haya una rápida recomposición de la confianza, es muy probable que el Gobierno se vea forzado a apretar más las clavijas. No hay que perder de vista que el déficit de la balanza turística alcanzó a la friolera de 3000 millones de dólares en el último año. A lo que deben sumarse los 5000 millones de rojo del balance de los combustibles. Esto da una magnitud de la necesidad de divisas que tiene el Gobierno a pesar de que, como quedó dicho más arriba, el perfil de vencimientos de la deuda viene más moderado. Miguel Bein, ex viceministro de Economía de José Luis Machinea, es contundente: “Los finales de los procesos económicos se ven cuando un país se queda sin reservas. Si se mantienen, de ninguna manera puede haber una eclosión”. Con poco más de 40 mil millones de dólares en el Banco Central, el escenario actual no debería ser dramático. Pero sí complejo, de eso no caben dudas.

Desde los despachos oficiales mantienen silencio y, desde la City, la elite de economistas previenen que si el Gobierno no logra frenar la sangría de divisas (las reservas cayeron en 2500 millones de dólares desde el inicio de año) se verá obligado a tomar más medidas. La de mayor consenso indica la imposición de límites a las compras con tarjetas de crédito en el extranjero.

Sea como fuera, todo hace suponer que en el corto plazo se juega una parada importante en el imaginario partido por bajar al dólar del altar de los enceguecidos ahorristas. Para que de una vez por todas se cierre el ciclo inaugurado por Perón seis décadas atrás.

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