Que hacer cuando el dinero no vale nada.

que hacer cuando dinero no vale nada. estudinero

Mientras asistimos a encarnizados debates televisivos en donde oficialistas y opositores se trenzan a los gritos para determinar si la inflación es del 30 o del 15%, la realidad de nuestros bolsillos marca que no importa tanto cuál es la cifra: lo importante es que la constante suba de precios se siente cada vez que se va al supermercado o se quiere pagar cualquier servicio.

Más que detenernos a analizar las causas (para unos la emisión monetaria y para otros la puja distributiva) lo que me interesa en esta columna es detectar las consecuencias que trae en nuestra cotidianidad el hecho de convivir en un contexto de suba constante de precios, para luego determinar cuáles podrían ser las soluciones a nivel personal.

CONSECUENCIAS DE VIVIR CON INFLACIÓN.

La inflación tiene consecuencias a nivel conciente que son plenamente conocidas por todos, como ser la pérdida del poder adquisitivo del salario, la dispersión de precios que hace que se vuelva indispensable conseguir varios parámetros de valores antes de realizar cualquier tipo de compra y el desgaste que trae aparejado la negociación constante en el “tire y afloje” para tratar de bajar los precios de los productos consumidos.

Pero además, existen otros aspectos derivados de este fenómeno que perturban nuestra existencia:

  • 1) Sensación de inequidad: la sensación de inequidad se puede vivir en todos los escalones del sistema productivo y social, desde la patronal a los empleados de rango más bajo.

Los dueños de los recursos ven cómo determinadas políticas del gobierno terminan favoreciendo más a ciertos sectores (por ejemplo la industria automotriz o la industria del turismo).

Los empleados, por otro lado, pueden disfrutar la buena fortuna de estar representados por un gremio fuerte y combativo o caer en la desgracia de tener que encarar una negociación individual y desgastante con sus jefes de manera directa.

Esta sensación de injusticia trae como consecuencia un creciente descontento con los gobernantes y el país en general, y la frustración se vuelve dominante en el plano emocional.

  • 2) Incertidumbre: lo contrario a la incertidumbre es justamente la capacidad de poder tener cierto control sobre nuestro futuro inmediato, ya sea en el plano profesional o laboral como en el personal.

La inflación produce desajustes importantes en este campo, y la incertidumbre de no saber cuál será el valor futuro de los bienes y servicios que se utilizan diariamente así también como los deseados (casa, auto) hacen que la gente “tire la toalla” en lo referente a la organización de sus finanzas personales y se vuelque al consumo indiscriminado.

  • 3) Irritabilidad: la sensación de ser cada día más pobre y tener que resignar consumos que se perciben como necesarios para nuestra calidad de vida genera mayor irritabilidad, sobre todo en familias numerosas en donde el tema del recorte de gastos y los “malabares” para llegar a fin de mes produce cierto grado de tensión permanente al tratarse cualquier tema que involucre dinero.

COMO SOBREVIVIR A LA INFLACIÓN

Cuando los precios son siempre los mismos o existe un aumento anual imperceptible, ocuparse de la cuestión monetaria no reviste mayor demanda de energía, aunque siempre tendrá sus beneficios. En épocas inflacionarias, en cambio, relajarse y confiar en el encargado de fijar los precios puede ser muy costoso.

La inflación es nociva para todos, pero más aún para aquellas personas que no tienen la rapidez para adecuarse a los cambios. Bajo este contexto, interesarse por las finanzas personales deja de ser una opción para convertirse en una obligación.

Básicamente, existen dos mecanismos para ganarle a la inflación:

1) Adelantar consumo corriente: para poder llevar a cabo este punto de manera exitosa es necesario invertir tiempo en la planificación y estrategia a llevar a cabo.

Adelantar consumo corriente no es ir al supermercado de la esquina y comprar cinco pastas dentríficas en vez de una, sino que tiene que ver con realizar antes un estudio detallado de cuáles son los productos a consumir que tienen una mayor elasticidad al aumento de precios y al mismo tiempo una fecha de vencimiento o caducidad alejada.

Luego, se debe avanzar sobre la capacidad de almacenamiento que se puede tener en el hogar, en donde cada centímetro debería ser aprovechado con inteligencia. Finalmente, se recomienda realizar la compra en hipermercados mayoristas en donde se pueden conseguir productos hasta un 30% más barato que en los comercios regulares, elevando el ahorro a más de un 50% si tenemos en cuenta la inflación futura.

2) Invertir a tasas mayores del 20%: si la única opción fuese el consumo, nadie ahorraría ni colocaría ese ahorro a trabajar a través de la inversión en los vehículos financieros creados para tal fin. Cuando vemos el rendimiento que viene teniendo la Bolsa este año (más de un 80% de ganancia) caemos en que esto no es así.

Mi opinión es que la inversión en Bolsa es una alternativa que cualquier persona debería tener dentro de su menú de posibilidades a la hora de decidir qué hacer con sus ahorros.

En un contexto inflacionario, el precio de las acciones deberían seguir aumentando como el resto de los precios de la economía.

CONCLUSIÓN

Para la mayoría de los argentinos, la inflación es un peso. Más allá de las medidas que puedan estar en la base de este fenómeno, y que no manejamos los ciudadanos comunes, podemos focalizar nuestra energía en actividades que sí controlamos: las consecuencias y las maneras de hacerle frente a la suba de precios.

La sensación de inequidad, la incertidumbre y la irritabilidad son consecuencias que pueden paralizar a las personas, abriendo las puertas a que la inflación termine dinamitando las economías familiares.

Arriesgarse a lo “no conocido”, creer que existen alternativas al popular pero poco conveniente plazo fijo bancario y adaptarse a la velocidad de cambio y aprendizaje que requiere este nuevo contexto podrá ser la solución a la lucha personal que cada uno tiene que dar para defender el poder adquisitivo del dinero ganado con tanto esfuerzo.

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1 comentario

  • Con motivos para celebrar -que en la vida siempre los hay-, con más dinero en la calle y algunas promociones, diciembre es, cada año, un mes clave para las ventas. Pero también, claro, para la suba de precios, sobre todo en un país con un grado considerable de emisión monetaria y con déficit de inversiones de las que permiten ampliar la oferta de bienes. Los datos del primer párrafo, que surgen de analizar un índice elaborado por la consultora CCR, avalan esas conclusiones. Además, el índice de inflación que difunde un grupo de legisladores en el Congreso Nacional y que se basa en las estimaciones de consultoras privadas muestra en diciembre uno de sus valores más elevados, en un podio compartido con meses como marzo, también caracterizado por una mayor demanda de bienes y servicios.

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