Felices Fiestas consumistas.

Especial de Nicolás Litvinoff para el diario La Nación.

-Así como viene la mano, el 2014 será el año del consumismo.

 -¿Te parece? Las cosas no parecen estar tan bien.

 -Te aseguro que será el año del consumismo. La gente se tendrá que quedar “con su mismo” auto, “con su mismo” techo, “con su mismo” modelo de celular.

 

La palabra consumismo proviene del latín: cosumere que significa gastar o destruir.

En el consumismo, se experimenta una inducción al consumo de bienes y servicios que no son necesarios a través de una publicidad agresiva que lleva a la compra de productos rápidamente sustituidos por otros, igualmente superfluos y poco perdurables, con el fin de mantener estable la producción.

Bajo este influjo, lo único importante es el hecho compulsivo de consumir por consumir de forma insaciable. Incluso los más jóvenes, aún sin poder adquisitivo, son bombardeados con campañas consumistas específicamente diseñadas para su imaginario juvenil.

Acercándonos a la etapa más consumista del año, la duda invade a gran parte de los argentinos. ¿Qué hacer? Gastar dinero que no se tiene (utilizando al límite las tarjetas de crédito) para comprar los regalos de Navidad y pagar una parte o la totalidad de las vacaciones de verano, bajo el peligroso lema de “lo merezco luego de un año de mucho trabajo y esfuerzo”, y comenzar luego el 2014 pagando las cuotas de algo que duró apenas un par de semanas y que ya es parte del pasado no parece ser justamente un idea brillante.

“Queremos que gastes mucho en estas fiestas para que pruebes que amas a tu familia” es el texto de una imagen con un Papá Noél autoritario que circula en la web, y aunque parezca mentira, la gran mayoría de personas a nivel global siguen este lema aunque de manera inconsciente: gastarse un dineral en las Fiestas y en las vacaciones pareciera ser la certificación de amor de los padres para con sus hijos y familiares, bajo una idea totalmente equivocada de lo que son las navidades.

Zygmun Bauman, uno de los sociólogos contemporáneos que más sabe sobre el tema, plantea que hemos llegado a tales niveles de consumismo que materializamos nuestras relaciones sociales y familiares como algo habitual.

En su libro Vida de Consumo, afirma: “Los políticos que claman por la resucitación de los agonizantes valores familiares, y que lo hacen con seriedad, deberían empezar a pensar concienzudamente en las raíces consumistas causantes del deterioro simultáneo de la solidaridad social en los lugares de trabajo y del impulso de cuidar y compartir en el contexto de la familia”. Teléfono para gran parte de nuestros líderes actuales. La economía local es sostenida por niveles de consumo nunca antes vistos, fogoneados por una inflación que hace que los pesos “se prendan fuego” en las manos de quien los recibe.

“El secreto mejor guardado de la sociedad de consumo es la idea de que las personas se transforman en bienes de consumo. Para ser participantes de verdad en la sociedad, tenemos que transformarnos nosotros en bienes de consumo (y por tanto en seres que se pueden comprar, usar, desechar)”, continúa Bauman en otro pasaje de su libro que contiene ideas y reflexiones frente a las cuales es imposible mantenerse indiferente.

COMPRAS FRENÉTICAS

La historia económica moderna ha conseguido instaurar en la cabeza de la gente un principio básico: celebrar la Navidad requiere ineludiblemente ir de compras.

Lo paradójico de esto es que durante el resto del año son varias las cuestiones por las cuales la gente se queja de los precios: aumenta la cuota de la obra social, la nafta, el precio del kilo de tomates se dispara.sin embargo con la Navidad se produce el efecto contrario: todo el mundo tiene asumido que celebrar significa comprar y por ende ir de “shopping” justo en el momento del año en el que son más caros la mayoría de los productos.

Muchos podrán justificar esta actitud en la “presión” de los hijos, la elaboración de la “lista de Santa Claus” y demás cuestiones, pero la realidad es que los padres terminan por convencerse por sí solos de que para demostrar lo mucho que quieren a sus primogénitos, la mejor opción es comprar más regalos costosos (mientras más costoso mayor amor), para terminar sometiéndose a la dictadura de la publicidad y olvidando alternativas de consumo más justas desde el punto de vista social y ambiental, como buscar juguetes en las ferias de artesanos local, sin embalajes innecesarios, ni sexistas, ni bélicos, que estimulen la creatividad, realizados con materiales naturales y biodegradables, pagando el producto y no su publicidad.

Además, estamos olvidando incluso lo más importante: que es posible jugar sin juguetes.

La Navidad también puede ser un llamado a una mayor conciencia social, al entender que para mucha gente, los días festivos son unos más en sus vidas y no ven nada especial en la celebración. Para los pobres, el día de Navidad es un día muy triste. También para los pueblos que agonizan entre la miseria y guerras interminables . Allí no hay Navidad.

LAS FIESTAS Y TUS FINANZAS PERSONALES

Dentro de muy poco, millones de personas cobrarán su aguinaldo, y no es extraño ver que gran parte de la población tiene ya “comprometido” el mismo, aun antes de recibirlo.

¿Vacaciones? ¿Paga deudas? ¿Comprar regalos de Navidad? ¿Ahorrar parte del mismo?

Llegó el momento de planificar, por más que lo más “cómodo” sea cobrar e ir corriendo a la tienda de regalos para salir minutos más tarde cargados de bolsas con productos.

Pero para dar al aguinaldo un destino más inteligente que ese, sugiero que antes de pensar en las compras hagas un análisis de tu economía doméstica para decidir qué hacer cuando se disponga de ese dinero extra.

Si tu problema son las deudas y estás “viviendo al día”, deberás comenzar por priorizar tus necesidades, y si no podés pagar el total de tus deudas, sería una jugada responsable al menos saldar una parte de las mismas para bajar el monto total y los intereses a pagar.

Si no hay deudas, entonces se debe revisar si se está en condiciones de ahorrar ese monto, para luego invertirlo en las distintas alternativas que podrían mantener e incrementar el poder adquisitivo del dinero.

Por último, una parte del mismo puede ser destinado al festejo navideño, pero siempre pensando con conciencia social y ecológica, y teniendo en cuenta que el éxito o fracaso de estas Fiestas, lo que realmente determine si quedarán en nuestro recuerdo como un hermoso momento compartido con los seres queridos, no será la cantidad de dinero que gastemos sino la capacidad vincular y afectiva que tengamos con aquellos que más presencia tienen en nuestras vidas y pensamientos.

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