Dólar planchado.

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Especial de Nicolás Litvinoff para el diario La Nación.

El dólar oficial cumple casi un mes y medio cotizando por debajo de los 8 pesos, mientras que el dólar paralelo se encuentra por ahora “lateralizado” entre los 10.50 y las 11 pesos.

Luego de la brusca devaluación que tuvo lugar en enero de este año y la fuerte suba de precios en toda la economía que se dio en febrero, se espera que el dólar se mantenga por un tiempo en estos valores y la inflación disminuya en los próximos meses.

Esto es una buena noticia, pero (siempre hay un pero) nada es gratis en la economía: los costos que decidió afrontar el Gobierno para estabilizar estas variables (dólar e inflación) tendrán un costo importante en los bolsillos de la gente común, vía caída de consumo, uno de los principales pilares históricos de este modelo.

Comencemos explicando cómo hizo el Gobierno para frenar la inercia alcista del dólar “operando” sobre distintas variables que suelen tener un impacto económico retardado en el mercado de consumo.

HERRAMIENTAS DE POLÍTICA MONETARIA

El BCRA (Banco Central de la República Argentina) puede influir en la cantidad de dinero que hay en circulación a través de determinadas acciones, buscando aumentar la base monetaria o disminuirla. Mientras que un aumento del dinero disponible estimula el crecimiento económico vía aumento del consumo, una contracción del mismo ocasiona generalmente el efecto contrario.

Las tres herramientas monetarias que puede utilizar el BCRA son:

1) Operaciones en el mercado abierto: esto es, comprando o vendiendo bonos del Gobierno en el mercado. Si el BCRA compra activos financieros, entonces intercambia dinero por bonos públicos que están en manos del sector privado, con lo cual inyecta liquidez al sistema (aumenta la base monetaria). Si en cambio el BCRA vende activos financieros, recibe dinero y entrega bonos, con lo cual “chupa” dinero del sistema, bajando la oferta monetaria.

La compra de bonos en el mercado abierto es considerada una política monetaria expansiva (aumenta la cantidad de dinero) y la venta de los mismos una política monetaria contractiva (disminuye la cantidad de dinero).

2) Tasas de descuento: el BCRA puede subir o bajar la tasa de interés a la cual los bancos le piden prestado dinero.

Los bancos comerciales pueden pedir préstamos de corto plazo al BCRA, y el interés que cobra el mismo se conoce como Tasa de Descuento. Esto tiene un efecto en la cantidad de dinero que los bancos tienen disponible a su vez para prestar al público.

3) Regular la cantidad de reservas: se conoce también como suba/baja de encajes bancarios. Cuando los bancos comerciales reciben dinero del público, ya sea en calidad de plazos fijos o cajas de ahorros, deben inmovilizar una parte de los mismos que actúan como garantía. Esos fondos inmovilizados terminan depositados en el Banco Central, y se llaman encajes bancarios.

Cuando el BCRA sube estos encajes, los bancos suelen trasladar este aumento a los servicios financieros que ofrecen. Consecuentemente, para mantener sus márgenes de ganancias, los bancos reaccionan aumentando las tasas activas (tasa que les cobran por los préstamos a los agentes económicos).

SITUACIÓN ACTUAL

Las Letras del Banco Central (Lebac) son títulos de corto, mediano y largo plazo que licita el BCRA los martes de cada semana, mientras que las Notas del Banco Central (Nobac) son títulos de mediano plazo (3 años) también licitados por la autoridad monetaria.

Las tasas que pagan estos instrumentos son usadas como referencia por todo el sistema financiero y, justamente a través de Lebac y Nobac, es que el BCRA ha logrado frenar el avance del dólar, aumentando el rendimiento que paga a quienes compren esos títulos en casi un 100% en pocos meses, al pasar de 15% hacia mediados de 2013 hasta el 30% actual.

Para llegar al nivel del 27-30% actual (según plazos y montos), el BCRA ha subido las tasas durante ocho semanas consecutivas.

Según lo visto en el punto anterior referido a las herramientas monetarias, esta operación de mercado abierto es netamente contractiva, ya que el BCRA entrega títulos (Levac y Nobac) y recibe pesos como contraparte, que saca de circulación. En los 2 meses y medio que lleva el año, la cantidad de pesos que ha “absorbido” es de 40.000 millones.

Ello significa que hay 40.000 millones de pesos menos en la economía, parte de los cuales seguramente se habrían volcado al dólar o al consumo. Esta política de “esterilización” de la base monetaria tiene también sus costos: la disminución de dinero en la economía disminuye la demanda y aumenta los riesgos de una recesión.

REDUCCIÓN DE PESOS EN LA ECONOMÍA: POTENCIALES EFECTOS Y ESCENARIOS

¿Alcanzará esta nueva actividad del BCRA para frenar la inercia inflacionaria? Es muy temprano para arriesgar una respuesta y más aún sabiendo que los efectos de las políticas monetarias demoran aproximadamente seis meses en sentirse con plenitud en el bolsillo de la gente; aunque se puede afirmar que se abre con esto un abanico de tres escenarios posibles:

1)  El retiro de pesos en la economía genera un “aterrizaje suave” en cuanto al crecimiento económico y el consumo. La inflación se estabiliza en torno al 2% mensual con tendencia decreciente, mientras que el dólar oficial aumenta a un ritmo inferior.

2)  El retiro de pesos en la economía genera una fuerte recesión con caída del consumo y la actividad económica. La inflación se frena momentáneamente, pero el Gobierno se ve obligado a realizar políticas para aumentar esta vez la cantidad de dinero, y ello vuelve “calentar” el dólar y los precios a posteriori.

3) El retiro de pesos en la economía genera un escenario de “estanflación” (estancamiento con inflación). La solución a esto se complica, porque las políticas para aumentar la actividad económica pueden poner al país al borde de una hiperinflación, al presionar sobre variables que ya han demostrado ser muy delicadas como el dólar y los precios.

CONCLUSIÓN

Sea cual sea el escenario reinante (lo sabremos a más tardar en el segundo semestre del año), lo cierto es que los tiempos de fuerte consumo y alto crecimiento económico han quedado atrás y por el momento parece difícil que puedan regresar.

El BCRA, en su esfuerzo por “planchar” el dólar oficial y anclar los precios, ha sacrificado la actividad económica, el consumo y, quizá, el empleo: ante una caída en la actividad económica, las empresas podrían comenzar a reducir su plantilla.

Para aquellos que tengan un excedente para invertir, una parte del mismo (no mayor al 30% del total) podría utilizarse para aprovechar la suba de tasas en pesos: los plazos fijos rinden en promedio un 23% a 60 días. Pero es necesario tener cierta “cintura”, dado que los plazos fijos no serán un buen lugar cuando los efectos de la política monetaria comiencen a sentirse a pleno, más allá de junio de este año.

Distinto es el caso los que están buscando un préstamo hipotecario o personal: esta suba de tasas propiciada por el BCRA ha encarecido sensiblemente los mismos y, salvo los casos excepcionales de préstamos a tasas subsidiadas, endeudarse en estos momentos, aunque sea por poco tiempo con el “pago mínimo” de las tarjetas de crédito, no parece una buena ideas dada los costos.

El dólar oficial y el paralelo, por ahora, han aflojado un poco trayendo cierto alivio a la economía. Lo que resta develar en el corto plazo son los costos asumidos para lograrlo.

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