¿Para qué quieres dinero?

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Especial de Nicolás Litvinoff para el diario La Nación.
 
TV, radio, Internet o carteles publicitarios en la vía pública, el marketing está presente en todos lados para recordarnos qué cosas tenemos que desear y, por ende, para qué necesitamos cada vez más dinero.
 
Pero…¿Dónde están nuestras verdaderas motivaciones? ¿Y si las causas detrás de la escasez de dinero tuvieran más que ver con un tema motivacional que operativo? ¿Y si los fundamentos que erróneamente asumimos como “dados” son justamente los que debemos revisar para cambiar nuestra relación con el dinero?
 
En mayor o menor medida, todos queremos más dinero. Algunos viven con la frustración constante de querer y no conseguir. Otros sienten que, por más millones que tengan, jamás será suficiente.
 
En esta oportunidad profundizaremos sobre las motivaciones que hay detrás del deseo de obtener dinero y encontraremos resultados sorprendentes que pueden cambiar la realidad financiera de aquellos que no dedican tiempo y energía a estas cuestiones y “automatizan” así un aspecto muy importante de sus vidas.

EL SENTIDO DEL DINERO PARA LA ECONOMÍA

Desde el punto de vista objetivo, el dinero puede definirse por sus tres funciones básicas:

1) Unidad de cuenta: podemos determinar el valor de cualquier bien en función de la cantidad de dinero.

2) Medio de cambio: se puede cambiar por bienes y servicios de manera consensuada. Esto hace que la economía no se base en el trueque, práctica común en los comienzos de la historia.

3) Depósito de valor: se utiliza para atesorar, ahorrar y conservar la riqueza.
Ahora bien, las mismas teorías económicas explican las razones por las que las personas demandan dinero, y eso tiene que ver con las motivaciones, que son el objeto central de esta columna.

Según la teoría neoclásica, el dinero se demanda por conveniencia y seguridad.

La demanda por conveniencia se relaciona con la función de medio de cambio vista anteriormente, teniendo en cuenta su parte operativa para realizar transacciones cotidianas, como pagar las cuentas, comprar comida, viajar, etcétera.

La demanda por seguridad está vinculada a la función de depósito de valor, y su utilidad tiene que ver con crear un fondo de emergencia, jubilación o imprevistos.

Para John Maynard Keynes, no obstante, existe un motivo adicional para la demanda de dinero: la especulación.

La especulación suele tener una equívoca connotación negativa. Sin embargo, es una pieza vital del engranaje para que los mercados funcionen de manera eficiente. La demanda de dinero por especulación tiene que ver con la cantidad de dinero líquido (en efectivo o cash) que una persona decide tener dentro de su patrimonio, y que será inversamente proporcional a las tasas de interés.

Hasta acá llega la teoría económica que, a mi entender, no termina de explicar las verdaderas motivaciones que hay detrás de ese deseo monetario que, cada mañana, impulsa a un individuo a saltar de la cama rumbo a su lugar de trabajo.

Veamos ahora, desde el punto de vista de las finanzas personales, qué podemos aprender sobre aquello que verdaderamente nos hace querer tener dinero.

EL SENTIDO DEL DINERO PARA LAS FINANZAS PERSONALES

Existe una clase social con pocas o inexistentes oportunidades en términos de educación, salud, vivienda y acceso al mercado laboral. Su única motivación para ganar dinero, entonces, está ligada a la difícil tarea de sobrevivir en un país con alta inflación y cambios económicos bruscos.

No es el caso de la clase media argentina donde, a mi modo de ver, muchas personas cuentan con recursos y herramientas para cambiar su realidad insatisfactoria, pero no saben qué hacer o por dónde empezar.

Más allá de las definiciones teóricas enumeradas anteriormente, el sentido común nos indica que el dinero que le otorga poder adquisitivo a una persona debería, de alguna manera, servirle como medio para concretar experiencias placenteras.

Sabemos que el placer no siempre se obtiene con dinero, pero también es cierto que el dinero no deja de ser un buen medio para alcanzarlo. Así y todo, gran parte de la clase media argentina trabaja hoy para pagar las deudas, el colegio de los chicos, el alquiler o la factura del celular. ¿Placer? Poco y nada, a no ser que esté puesto en el disfrute de ser independiente, por ejemplo, aunque -de todas maneras- deja muy poco para la realización personal.

Esto no quiere decir que los que ganan por encima de sus gastos sean más felices que los que llegan con lo justo a fin de mes: una gran mayoría cae en una especie de consumismo vano, que la lleva a intentar llenar vacíos existenciales adquiriendo cosas que no necesita, muchas veces por estar atrapada en lo que se conoce como trampa de estatus, donde el dinero termina sirviendo para satisfacer los deseos de terceros.

El objetivo es que el dinero se transforme en una extensión de la voluntad de la persona, en una herramienta que la ayude a cumplir sus sueños, a convertir en realidad sus pensamientos positivos y sus más valiosos deseos.

El problema es que muchas veces, luego de tantos años de creer que el dinero es un fin en sí mismo, y no un medio, el deseo personal se atrofia, se confunde y se pierde en una maraña social que nos informa subrepticiamente qué es lo que debemos ambicionar. Y, al carecer de un propósito inspirador, el ganar dinero termina convirtiéndose en el sentido de la existencia.

Estas personas sufren un “cuadro de inercia financiera”, donde se desdibuja el verdadero motivo por el que trabajan, y terminan por justificar el accionar cotidiano y la brecha que se abre entre el deseo y el resultado, con respuestas de resignación como “porque es mi trabajo” o “porque para eso me pagan”, lo que las lleva a desconocer el sentido de la actividad y a olvidar la enorme diferencia que hay entre “hacer” y “lograr”.

Por todo esto, tener un propósito claro para ganar dinero es fundamental para aumentar la felicidad y la realización personal a la que todos aspiramos en la vida.

Para poder examinar cuál es el objetivo individual de cada uno, estos cuatro propósitos pueden iluminar un tanto la cuestión.

1) Individuales y de corto plazo: tienen que ver con cumplir necesidades personales que consideramos próximas y circunstanciales, como pagar el alquiler, el seguro del auto, la comida del mes, las vacaciones, etcétera.

2) Colectivos y de corto plazo: se relacionan con la necesidad o intención de ayudar a otros a cubrir necesidades inmediatas como llevar a nuestros hijos al cine o a comer afuera, comprarles ropa, pagarles una excursión del colegio, ayudar a familiares o amigos que atraviesan alguna dificultad económica, etcétera.

3) Individuales y de largo plazo: son los que se conectan con la misión de la vida, con la vocación. Dentro de esta categoría entra la necesidad de tener dinero para estudiar una carrera o un posgrado, el desarrollo y establecimiento de un emprendimiento propio que nos entusiasme, la adquisición de la casa de nuestros sueños o cualquier otro objetivo personal que nos llene de satisfacción y que lleve un tiempo importante concretar.

4) Colectivos y de largo plazo: se asocian con la motivación de ganar dinero para realizar cambios importantes que trasciendan lo personal y apunten al bien común. Ejemplo de esto es inventar algo que mejore la calidad de vida de uno o más sectores de la sociedad, aportar nuevas ideas a un área específica de conocimiento, representar una causa justa, contribuir a la creación o el fortalecimiento de una fundación, etcétera.

CONCLUSIÓN

Las motivaciones aquí expuestas no son excluyentes, ya que una persona puede tener un porcentaje alto de algunas y bajo de otras, sólo una o cualquier otra combinación posible.

Lamentablemente, la mayoría tiene una motivación individual y de corto alcance para ganar dinero, y esto contribuye a una sensación de infelicidad y falta de sentido de las cosas, porque no hay un objetivo en la vida que genere entusiasmo.

Conocer estas motivaciones (y todas aquellas que no se nombran, pero pueden existir), debería servirnos para disparar ideas que generen un cambio profundo en la manera de relacionarnos con el dinero, con nuestros proyectos y con la vida en general.

La propuesta es incorporar motivaciones más genuinas y personales a la difícil tarea de ganar dinero con nuestro trabajo diario y modificar, de esta manera, nuestra subjetividad y el lugar desde el que hacemos las cosas.

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