Vacaciones en tiempos de crisis: nuevos hábitos se imponen esta temporada.

El ingenio se agudiza para no sacrificar el descanso de verano; estrategias y cambios de estilo
Por Mariana Israel  | Para LA NACION
Erase una vez, una familia de clase media que alquilaba una casa en la costa durante un mes para disfrutar de las vacaciones. Rentaba también una carpa o una sombrilla en un balneario, donde se generaba esa suerte de microcomunidad de parientes y amigos que veraneaban juntos año tras año.Aquella modalidad, en un contexto de crisis económica, es cada vez menos frecuente. Los cambios de hábitos para cuidar los bolsillos se extienden y la temporada de verano es un fiel reflejo del nuevo comportamiento que impera, con la lupa en los gastos.

Este año, los costos para vacacionar podrían aumentar un 40% en algunos rubros con respecto a la temporada pasada, según Nicolás Litvinoff, economista y director de Estudinero.net. “La caída en el consumo y en los ingresos reales lleva a las personas a agudizar el ingenio para acceder a unas vacaciones menos costosas”, expresa.
Nadie parece dispuesto a sacrificar el veraneo. “Es interesante que la gente quiere tomarse vacaciones cueste lo que cueste. Se las ve como un espacio reparador y necesario, que además es parte importante de la identidad de la clase media. Se hace mucho esfuerzo para no perderlas”, coinciden María Ximena Díaz Alarcón y Mariela Mociulsky, socias y directoras de la consultora Trendsity.
En ese esfuerzo por no resignarlas, dicen, hay varias estrategias. Personas que cambian costumbres y ensayan nuevas formas de vacacionar.
Todo método de ahorro sirve cuando el objetivo es descansar y recuperar fuerzas para arrancar con energía otro año intenso.
VERDE EN LUGAR DE PLAYA
“La crisis afecta mal. Directamente, ni te vas. Los chicos este año van al
campo de sus abuelos. El resto, a seguir trabajando”, resume Mariana Canda, de 40 años, directora de una agencia de prensa y comunicación.
A distintas escalas, las estilos de vereneo se van transformando para las diversas clases sociales. El alquiler en countries también es una modalidad en crecimiento, de la que se benefician dos familias. Los inquilinos eligen pasar más días de descanso por precios más accesibles que en los lugares de veraneo, sobre todo si se prioriza una casa amplia y con todas las comodidades. Y los dueños, que años atrás cerraban sus casas a la hora de viajar, ahora las alquilan para tener un ingreso que ayude a financiar sus gastos de vacaciones.
Este año probará la experiencia Romina, una psicóloga de 34 años que vive en un barrio privado de Tigre y que por primera vez no se instalará todo enero en Punta del Este con su marido y tres hijos. “Las cuentas no dan y hay que recurrir a métodos nuevos, hace un tiempo me hubiera parecido una locura, ahora me parece una salida interesante. Lleva mucha logística, primero porque hay que guardar todo lo personal, desde ropa hasta fotos y recuerdos. Además tengo que dejar la casa todo el mes y a Punta sólo vamos a poder ir 15 días…la otra quincena, estaremos instalados en el campo de unos amigos”. A cambio de esta “movida”, recibirá 45.000 pesos de alquiler, más un depósito de 13.000 de cobertura por si no le devuelven su vivienda en las mismas condiciones.
COMPARTIR EL GASTO
“Muchas familias están optando por alquilar juntas, sobre todo si tienen hijos de edades similares”, señala Díaz Alarcón. Por su parte, Litvinoff destaca que un viaje compartido reduce considerablemente los gastos, hasta un 50% si las cuentas son claras, un detalle no menor para elegir los amigos para convivir.
Ana, de 37 años, va a recurrir en 2015 a esa modalidad. “La idea es alquilar una casa en febrero para instalarme ese mes, como vengo haciendo desde hace varios años. Pero esta vez, debido al aumento de los alquileres vamos a compartirla junto a otra familia de amigos para abaratar los costos”, comenta.
De esta manera no se resigna el destino ni la cantidad de días…el desafío pasa por acostumbrarse a la nueva forma de vacacionar.
ELEGIR OTRO MES (Y ACORTAR EL RECESO)
Silvia y Raúl López, de 62 y 60 años respectivamente, él gestor y ella contadora, tienen un departamento en Mar del Plata donde solían transcurrir sus veranos. Alquilaban una cochera y una carpa en la playa durante toda la temporada, de diciembre a marzo.
Cuando llegó el momento de ajustarse, comenzaron a dividir el gasto con unos amigos: compartieron la carpa y la cochera. Este año, por primera vez en una década, no van a alquilar ni carpa, ni cochera, y van a instalarse en el departamento sólo 15 días. El resto del verano, piensan ponerlo en alquiler.
Por su parte, Luis y Beatriz, de 65 años, solían tomarse 15 días en febrero, pero este año como mucho se irán 7 ó 5, y en marzo, porque los precios les resultan más accesibles. La opción de mudar las vacaciones no es para cualquiera. “Sobre todo en el caso de las familias con chicos pequeños, es difícil irse en otro momento del año que no sea durante el receso escolar”, indica Díaz Alarcón.
FINES DE SEMANA Y AGENDA EN LA CIUDAD
Mónica tiene 30 años, trabaja de manera autónoma y su marido es docente, así que bien podrían darse el lujo de tomarse unas largas vacaciones. Sin embargo, este sueño está bastante alejado de su realidad y ya planifican su verano desde otra perspectiva. “Vamos a irnos los fines de semana largos en principio. Y después haremos programas en la ciudad: teatro, cine, etcétera”, enumera.
Este esquema, resaltan quienes ya vienen implementando estas mini escapadas, permite además variar los destinos. “La ventaja es doble, ahorrás bastante y además vas a lugares generalmente cercanos que de otra manera no conocerías porque no son los típicos que uno elige para veranear una quincena”, subraya Carolina Diez, una diseñadora que hace tres años toma vacaciones exprés.
CAMBIO DE HÁBITOS DURANTE LAS VACACIONES
Para reducir aún más los gastos, los hábitos en el lugar de veraneo se modifican año tras año. Si antes se hacían las compras en el supermercado local, hoy muchos prefieren llevarse la comida desde su hogar. Una rutina que se viene imponiendo es apostar al brunch (desayuno abundante) o teanner (merienda que podría reemplazar la cena).
“Renuncian a las salidas o a comer afuera”, señala Díaz Alarcón como uno de los indicadores más generalizados. Las compras y los “regalitos” ya dejaron también de ser un clásico de vacaciones.

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