Arte, vino o deportistas: opciones para una inversión no tradicional.

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Arte, vino o deportistas: opciones para una inversión no tradicional
Comprar cuadros, esculturas y bebidas o apuntalar la carrera de tenistas o golfistas son alternativas con riesgo, pero suelen ganarle a la inflación y dan satisfacciones
Por Carlos Manzoni  | LA NACION
Hay gente que cuando decide invertir no piensa en acciones, bonos, fondos negociables ni nada que se le parezca, sino que elige productos mucho menos convencionales para armar un portafolio redituable: whisky, vino, obras de arte y deportistas están en la lista de estas personas a las que lo tradicional no los entusiasma. Resulta que en épocas de inflación y de dificultad para comprar dólares, aparecen opciones atractivas para conservar el valor adquisitivo del dinero sin necesidad de enredarse en grandes operaciones bursátiles.

En épocas de alta inflación, una simple operatoria puede transformarse en un gran negocio. Comprar bienes que aumentan por encima del nivel general, almacenarlos durante un tiempo y revenderlos una vez que su precio haya subido. Esto puede hacerse con todo tipo de productos no perecederos, pero hay unos en particular que tientan a cada vez más inversores: las bebidas alcohólicas. Y especialmente, las de alta gama.

Mariano Otálora, director de la Escuela Argentina de Finanzas Personales, explica alguna de las razones por las que las bebidas se convierten en inversión. “Son creativas y no tradicionales, y no hace falta gastar en infraestructura para almacenarlas; se encarecen a un ritmo mayor que la inflación y tienen variados canales para su reventa, desde clubes de tomadores hasta bares y restaurantes, pasando por los mercados virtuales”, dice el especialista.

Eduardo Coduri, CEO de la consultora y auditora Ernst & Young, es uno de los que invirtió en vino. “En oportunidad de implementarse restricciones a ciertas inversiones en moneda extranjera por el cepo cambiario, y dada la inestabilidad de la economía con impacto en ciertas inversiones financieras, se me ocurrió canalizar parte de mis ahorros en vinos que al cabo de cinco o seis años y en algunos casos más, tengan una apreciación de valor y sabor atractiva”, cuenta el ejecutivo.

El economista Nicolás Litvinoff, director de estudinero.net, destaca que el precio de los vinos siempre le ganó a la inflación en la última década. “Estamos hablando de botellas que hace cinco años costaban entre 30 y 50 pesos, mientras que en la actualidad valen entre 150 y 200 pesos”, precisa.

Ahora, hay una bebida alcohólica con la que se puede hacer mayor diferencia: el whisky. Aquí se junta el incremento de precio por inflación y el valor que le da la dificultad para importarlo. Marcas como Johnny Walker Etiqueta Negra, Glenfiddich o Chivas Regal están entre las preferidas. Este último salía $ 200 hace dos años y ahora vale $ 600. Quienes invierten en esto compran a mayoristas o en supermercados chinos y luego lo venden en fechas de alta demanda, como las Fiestas. “También se vende mucho en MercadoLibre”, acota Litvinoff.

Apostar al arte, en tanto, requiere un poco más de conocimiento. Según el marchand Ignacio Gutiérrez Zaldívar, dueño de la galería Zurbarán, un promedio de 2% del capital de un inversor está colocado en arte. “En mi opinión y experiencia, sostengo que para tener papel pintado por gobiernos [billetes], prefiero atesorar papel pintado por artistas”, comenta.

En la Argentina, la renta proveniente de la venta de una obra de arte está exenta de impuestos, siempre que se trate de un vendedor que no tenga habitualidad en este tipo de operaciones. Gutiérrez Zaldívar precisa que el arte argentino se ha revalorizado un promedio de 8% anual acumulativo en las últimas cuatro décadas. “Un Quirós valía US$ 3000 y hoy cuesta US$ 90.000; un Molina Campos salía US$ 300 y ahora cotiza US$ 30.000; un bodegón de Juan Lascano estaba en US$ 400, mientras que actualmente asciende a US$ 25.000”, detalla el coleccionista.

También están los que invierten en deportistas, como futbolistas, tenistas o golfistas, a quienes les pagan los gastos de alimentación, indumentaria, viajes y asistencia psicológica hasta que lleguen a triunfar, y después cobran un porcentaje de sus ganancia durante determinado tiempo. Desde este mes, se cortó la posibilidad en el caso del fútbol, puesto que por una ley de la FIFA se prohíbe a particulares tener la titularidad de los derechos de un jugador.

Luis Alberto Azerrad, agente de intermediación y representante de futbolistas, relata que, hasta que se pudo, lo que él hacía era comprar un futbolista, llevarlo a un club y firmar un convenio que estipulaba que ante una futura venta, cada parte se lleva un porcentaje. “Si llevabas un chico amateur, por ahí en el convenio se estipulaba un 10 o 15% de una futura operación”, acota.

Otálora explica cómo es la relación en el caso del tenis. Un jugador necesita entre 60.000 y 90.000 dólares por año para jugar en forma profesional. En la Argentina, hay varios fideicomisos que se encargan de invertir en los mejores talentos del tenis. El objetivo de la inversión es lograr que el jugador alcance el ranking 100.

Un jugador ubicado en el puesto 500 del ranking de tenis mundial puede llegar a ganar US$ 7000 al año; en cambio, si logra llegar al ranking 100, podrá generar ingresos de entre 300.000 y 350.000 dólares anuales. “El objetivo es alcanzar un rendimiento del 25% anual en dólares con un plazo de inversión superior a los 5 años”, especifica Otálora.

Hay, por último, una inversión no convencional que es menos palpable que las anteriores, pero no por eso menos atractiva. Se trata del bitcoin, la moneda virtual que hace furor en el mundo. En la Argentina, hay clubes de bitcoin, y gente que se junta y habla de eso.

Litvinoff afirma que se puede entrar en esta inversión con 500 o 1000 pesos. Un bitcoin cuesta actualmente US$ 200, pero su cotización fluctúa todo el tiempo. “Hay gente que se hizo millonaria con esta inversión, porque compró cuando valía US$ 2, en 2008, y vendió a US$ 1200”, refiere el economista.

Su adquisición en el país cada vez es más fácil, porque también se vende por MercadoLibre. Como es un mercado que no está regulado hay muchas cosas que se pueden hacer por medio de bitcoin, como sacar dinero del país. Eso sí, es una inversión de alto riesgo.

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