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Los 7 pecados capitales de las finanzas personales.

Especial de Nicolás Litvinoff para el diario La Nación.

Los pecados capitales también existen a la hora de hablar de finanzas personales. Se trata de tentaciones y decisiones equivocadas de las cuales es mejor mantenerse alejado si se quiere bajar el estrés que el mal manejo del dinero trae aparejado.

1) NO AHORRAR

Según un estudio realizado por la consultora OPSM (Opinión Pública Servicios y Mercados) en mayo de 2014, el 67% de los argentinos no tiene en cuenta el ahorro en sus finanzas personales. Pero las malas noticias no terminan ahí: del 37% que sí ahorra, el 21% declaró tener “poca capacidad de ahorro”, y solo el 1,5% sostuvo que se queda con un importante excedente por sobre lo percibido todos los meses.

Esta preocupante realidad tiene que ver con la debilidad frente a las tentaciones de consumo que se evidencia en la mayoría de la población.

Una de las razones por las que es tan difícil resistir a las tentaciones tiene que ver con la batalla desigual que se libra entre la personalidad presente y la personalidad futura.

En el plano del dinero y el ahorro, la personalidad presente puja por cambiar el auto, comprar una casa más grande, salir a cenar afuera o comprar más y más ropa ahora, en el momento presente: su objetivo tiene siempre que ver con la gratificación inmediata. En la vereda de enfrente, la personalidad futura es más débil: la incertidumbre del futuro hace que muchas veces cueste imaginarse dentro de 20, 30 o 40 años. Esto representa sin dudas una batalla desigual entre algo tangible e inmediato versus lo incierto y lejano.

El ahorro es un hábito como cualquier otro y llevarlo a la práctica no es tan difícil como se suele apreciar.

2) SER TACAÑO

La avaricia subordina cualquier deseo. El avaro considera el dinero como un fin, y ello hace que pase privaciones innecesarias, lastime gente con su accionar y hasta soporte humillaciones con tal de conseguirlo.

De esto se desprende que el modo más indicado de tratar la avaricia es definir un fin superior y más valioso que el dinero, que haga que éste recupere su función de ser un medio. Lo importante aquí es que ese bien fin superior tiene que ser algo que no pueda adquirirse con dinero, porque -de ser así- otra vez el dinero ganaría supremacía como excusa para su obtención.

La avaricia atenta contra la calidad de vida de las personas que la sufren, que podrían tener una vida mucho más confortable y menos sufrida si pudiesen aprender a desprenderse de lo material para ponderar más el disfrute presente.

3) DERROCHAR

La prodigalidad es un concepto utilizado en el ámbito jurídico para definir la conducta de una persona que tiende a derrochar su dinero o bienes, malgastándolos en forma desordenada y perjudicando con ello a otras personas.

Un ejemplo concreto de prodigalidad es el de la persona que invita rondas de cervezas o tragos a todos sus amigos con el dinero que necesita para comprar la comida o pagar las cuentas de la casa. Se ve claramente cómo la satisfacción de un deseo parcial puede dañar vínculos familiares.

El derroche de dinero muchas veces tiene que ver con una connotación negativa hacia lo material.

4) MEZCLAR AMISTAD Y DINERO

Decidir si prestar o no dinero en función de la relación que se tiene con el deudor es una equivocación sideral.

Lo primero que tiene que tener en cuenta el potencial prestamista es que, por más que lo quiera negar, a raíz del pedido de préstamo efectuado por el potencial deudor, la amistad está en peligro sea cual sea su decisión, y esto ocurre por algo que escapa a su deseo y es más responsabilidad del deudor que de él.

Prestarle dinero a un amigo es siempre un mal negocio. El autoengaño de creer que se soluciona con hacer de cuenta que le estamos “regalando” el dinero para ayudarlo tendría poca vida: ante cualquier gasto que realice el deudor (vacaciones, cenar afuera, comprarse ropa, etcétera) sin haberle devuelto antes el dinero, el prestamista se sentirá estafado y es muy probable que se ofenda irremediablemente.

Lo mejor es no mezclar amistades con dinero y así lograr un objetivo fundamental: conservar la amistad y el dinero.

5) NO SABER ELEGIR UN TERCERO QUE MANEJE NUESTRO DINERO

Invertir según los consejos del ejecutivo de cuenta o asesor financiero es una experiencia que puede costarnos muy caro si no se sabe elegir bien.

Puede existir un conflicto de intereses entre el inversor y los asesores profesionales. Mientras que el primero solo piensa lograr que su patrimonio crezca o al menos mantenga su poder adquisitivo en un contexto de alta inflación, el asesor puede tener en mente otra cosa: su bonus de fin de año, que puede estar en función de la cantidad de productos del banco que le pueda vender al cliente sin importar si son convenientes o no.

Nadie va a defender mejor nuestro dinero que nosotros mismos. De esta manera, se puede consensuar el destino de las inversiones pero siempre haciéndonos responsables de las acciones llevadas a cabo.

6) DEPENDER DE LAS TARJETAS DE CRÉDITO

Que los gastos del mes dependan de las fechas de cierre de las tarjetas de crédito es uno de los síntomas de que las cosas no andan bien en nuestras finanzas personales, mientras que optar por el pago mínimo para cancelar todos los meses cuando llega el resumen en una clara señal de que estamos al borde del abismo financiero.

Usar las tarjetas como una extensión del crédito personal es un error, porque como en el pecado capital anterior, esa comodidad (en este caso, la de acceder a un préstamo sin necesidad de tener siquiera que pedirlo) puede salir muy cara.

Como prueba de ello, alcanza con mirar la tasa de interés que cobran los emisores de los plásticos para comprobar que se encuentran entre los más altos del sistema financiero.

7) DESENTENDERSE DE LA ACTUALIDAD FINANCIERA

Es necesario estar informado para tomar las mejores decisiones. Desentenderse es otra comodidad costosa que terminaremos pagando tarde o temprano.

La tasa de interés representa el costo del dinero, y por ello es de vital importancia para nuestra economía doméstica estar al tanto.

Desde el lado del “tomador”, actualmente la tasa para préstamos hipotecarios ronda el 33,50% anual. Los préstamos personales no bajan del 50% anual, mientras que las tarjetas de crédito están cobrando el 80% anual. Los giros en descubierto están en 100% anual.

Desde el lado del “colocador”, los plazos fijos pagan 24% anual mientras que el dólar informal rindió 38% el año pasado y la Bolsa local (medida por su índice de referencia Merval) 59%. La rentabilidad de la compra de departamentos para alquilar no llega al 4% anual en dólares.

Los bonos del tesoro de EE.UU.(considerada una inversión “libre de riesgo”) rinden actualmente 1,90% anual en dólares, mientras que la bolsa americana rindió 11% en dólares el año pasado.

Con esta información sobre la mesa, la toma de decisiones debería ser menos ardua.


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