¿Debés o te deben?

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Especial de Nicolás Litvinoff para el diario La Nación.

El objetivo principal de un comunicador de economía y finanzas personales es “traducir” el complejo lenguaje de esta disciplina de manera tal que pueda ser entendido por cualquier persona sin conocimientos previos del tema. Esta observación, que debería ser algo natural a la profesión, muchas veces no se cumple gracias a dos cuestiones principales:

i) El comunicador sucumbe ante la tentación de utilizar lenguaje técnico para demostrar sus conocimientos (inseguridades personales).

ii) El público suele restarle importancia a las teorías que “bajan” temas trascendentales (como lo es el dinero en la vida de una persona) a un nivel simple.

En esta columna, la idea es plantear un enfoque simplificador de las finanzas personales y la relación con el dinero bajo la premisa de responder la siguiente pregunta: ¿Debés o te deben?

EL DINERO OBJETIVO Y EL DINERO SUBJETIVO

El dinero, por un lado, posee una cualidad objetiva, matemática y cuantitativa: podemos calcular ingresos brutos y netos de un país o de una persona, gasto, inversión, etcétera.

Pero por otro lado, cuando nos remitimos al campo de las finanzas personales, se activa un universo de posibilidades subjetivas en donde el dinero se vuelve un objeto simbólico, que agrupa creencias y emociones dispares que mutan en función del individuo en cuestión.

Para algunos es un símbolo de poder mientras que para otros es un medio de supervivencia. Muchos creen que el dinero es un fin mientras que otros lo piensan como un medio. Ciertas personas matarían por él, mientras que a otros no les importa en lo más mínimo.

Cada uno interpreta al dinero de forma distinta en función de su sistema de creencias y le da con ello un uso congruente con lo que ve en él.

Para entender mejor esto, podemos imaginar que existen billetes que en vez de tener la foto de un prócer tienen inscripto el valor subjetivo que cada uno le asigna.

Si Ernesto ha vivido su vida con inseguridades financieras y temiendo una crisis inminente, los pesos que lleguen a sus manos tendrán inscripto para él la leyenda “salvavidas para crisis” y el uso que les dará tendrá que ver seguramente con el atesoramiento. Ernesto no verá sentido en usar sus “salvavidas para crisis” en pagar unas buenas y merecidas vacaciones.

Si Juan tiene su deseo puesto en el consumismo, cada billete que llegue a su poder podría tener una inscripción que diga “intercambiar por objetos”, y ese será el uso que rápidamente le dará no bien pase por un negocio. Convencer a Juan de que ahorre dinero para su futuro será imposible porque no es el valor subjetivo que él le asigna.

Este valor subjetivo que se le atribuye al dinero es el que nos importa analizar con el fin de “despojarnos” del costado emocional que hace que la situación se vuelva más compleja de lo que debería. Más allá de nuestros mandatos, de cómo eran nuestros padres con el dinero, de cómo se manejan nuestros compañeros de trabajo en lo referente a lo material o de lo que significa en nuestro sistema de creencias personal, debemos ahora asumir una cuestión que pocos podrán discutir: vivimos en una sociedad en la que una minoría entiende y sabe cómo generar dinero con dinero, mientras que una gran mayoría solo genera dinero “poniendo el cuerpo”, esto es, invirtiendo horas de trabajo.

Generar dinero con dinero tiene que ver con “alquilar” ese dinero o lo que se compre con el mismo. Generar dinero con dinero, simplificando, tiene que ver con prestar dinero a otros (que pueden ser desde particulares hasta empresas o gobierno).

Aquellos que no saben generar dinero con dinero no verán motivación alguna en lograr un excedente por sobre sus gastos y tenderán a gastarlo todo y vivir al día (en el mejor de los casos) o pedir prestado y vivir por arriba de sus posibilidades, que es lo que termina haciendo la mayoría.

Hecha esta diferenciación, profundizaremos ahora en lo que significa que nos deban dinero y la importancia de ponerse a uno mismo en esa situación en detrimento del que se encuentra en la situación del “eterno” deudor con problemas constantes para llegar a fin de mes.

LOS ACREEDORES

Para tener éxito en algo, primero hay que entender cómo funciona, y el funcionamiento de la economía capitalista es muy simple: o sos deudor o sos acreedor.

El acreedor genera dinero con dinero. Acepta posponer su consumo porque sabe que si presta su dinero hoy, mañana tendrá su recompensa. El dinero utilizado para generar esta “alquimia” puede ser propio o no.

Para ponernos de este lado en la división binaria que estamos planteando necesitamos asumir primero que es posible y éticamente aceptable generar dinero con dinero. Repasando lo explicitado en líneas anteriores, debemos asignarle al dinero una cualidad subjetiva que nos permitirá obtener más dinero.

Si la tasa de colocación que podemos lograr es de por ejemplo 30%, entonces deberíamos pensar que cada billete de 100 que llega a nuestras manos tiene un cupón troquelado de 30 pesos que podremos hacer efectivo si lo prestamos. Luego, debemos conocer los riesgos y los vehículos para concretar este anhelo.

El mayor riesgo tiene que ver con prestar ese dinero en la economía informal, ya que este tipo de operaciones suele tener una garantía de baja calidad y un respaldo jurídico pobre o directamente inexistente para reclamar la deuda en caso de incumplimiento.

Entonces, para disminuir el riesgo debemos remitirnos a vehículos regulados por organismos de control. Veremos ahora algunos de los muchos existentes:

Plazos fijos bancarios: nos convertimos en acreedores del banco, que pasa a debernos a nosotros el monto depositado más los intereses.

Cooperativas reguladas: igual que en el caso anterior, pero pasamos a ser acreedores de una cooperativa que paga tasas más altas.

Bonos corporativos que cotizan en la bolsa: nos convertimos en acreedores de la empresa emisora del bono, que pasa a debernos el capital (valor nominal) más los intereses pautados.

Bonos del gobierno: igual que el anterior, pero en este caso el gobierno es el deudor.

Real Estate: El inquilino (casa/departamento, cochera) o la empresa (local comercial) pasa a debernos todos los meses el costo pautado del alquiler, que puede verse como un interés por sobre el capital invertido.

Cauciones bursátiles: es un tipo de instrumento en donde el colocador tiene de garantía acciones que el deudor debe inmovilizar como colateral. El agente de bolsa es el encargado de controlar y administrar, y representa uno de los tipos de colocación más seguros de todos los existentes. Poca gente lo conoce.

Cheques de pago diferido: es posible comprar en la Bolsa cheques emitidos por pymes, que además pueden estar respaldados en cuanto a su cobro por una SGR (Sociedad de Garantía Recíproca). Es una colocación muy segura en donde la pyme pasa a ser nuestra deudora.

Ponerse del lado del acreedor utilizando vehículos como los descriptos es algo que recomiendo comenzar a ejercitar aún con pequeñas sumas.

La sensación de generar dinero con dinero es muy poderosa porque rompe con algunos paradigmas antiguos y obsoletos en cuanto a la generación de ingresos.

LOS DEUDORES

Los deudores pueden tener muchas características, pero hay una que es común: pocas veces o nunca se animaron a generar dinero con dinero, y piensan en ello como algo muy difícil de llevar a la práctica para “una persona común”. No se dan cuenta que el dinero que ellos deben es el dinero que otros “crean” con más dinero.

Hemos identificado recién a los acreedores como aquellos que llegan a la meta valiéndose de ciertos vehículos que deben utilizar para aprender y experimentar. Análogamente, los deudores deben saber cuáles son los vehículos que los alejan de esta meta:

Tarjetas de crédito: Al gastar con tarjeta pasamos automáticamente a ser deudores del banco emisor de la misma. Si bien existen algunos casos en los cuales su uso puede estar justificado, lo ideal es reducir su utilización a la mínima expresión para convertirse en acreedor.

Hipotecas: claramente, al sacar una hipoteca nos convertimos en deudores de largo plazo. A no ser que estemos hablando de una tasa subsidiada, recomiendo mantenerse alejado de este tipo de deudas.

Préstamos personales: igual al caso anterior pero de más corto plazo. El banco pasa a ser nuestro acreedor y nosotros asumimos un pasivo (deuda) colocándonos en el rol de deudores.

Préstamos a solo firma: similar al ejemplo previo, a tasas prácticamente usureras. Acá los deudores “crean” el dinero que otros generan en “cómodas cuotas fijas”.

Para aquellos que estén cansados de ser los que con su esfuerzo generan el dinero que los acreedores disfrutan, el plan es tan simple que puede ser erróneamente desestimado por desconfianza: “bajarse” de los vehículos de deuda y “subirse” a los vehículos que “manejan” los acreedores.

CONCLUSIÓN

En nuestro país hay muchas personas con ingresos de subsistencia para quienes la aplicación de estos argumentos es prácticamente una misión imposible por más que hayan entendido el concepto al pie de la letra. Pero aún así, pueden ahora “dejar pasar” ciertos vehículos de deuda a los que antes se subían sin miramientos.

Pero también existe una amplia clase media que dispone de recursos como para pasarse al cuadrante de acreedores y no lo hace por desconocimiento o descreimiento.

Comenzar a sentirse acreedores puede hacer más que balancear la economía doméstica: proporciona un sustento sólido para comenzar a gestionar un segundo paso superador, que es el de la independencia financiera.

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