Los 6 errores de dinero que toda pareja debería evitar.

Especial de Nicolás Litvinoff para el diario La Nación.

Casarse o directamente convivir con otra persona es una de las decisiones más importantes de la vida, al pasar de una situación más individualista a una en donde “compartir” pasa a ser el factor clave del éxito de la relación. Se compartirá la casa, la cama, las salidas, las comidas…todo pasará ahora a dividirse por dos, pero: ¿Qué sucede con el dinero y los temas relacionados a las finanzas personales en una pareja que comienza su vida compartida?

El primer error que se suele cometer en este campo es buscar una respuesta general que abarque a todas las parejas. Así como cada individuo es distinto y lo que funciona para uno puede no funcionar para otro, con las parejas y la dinámica que se establece entre sus miembros pasa algo similar: cada pareja debe encontrar la metodología que mejor se adapte a su forma de concebir la vida en conjunto.

No obstante, podemos marcar algunos errores habituales que se suelen cometer durante los primeros momentos de la relación y que luego pueden costar muy caro en cuanto a lo vincular: el dinero tiene que ver muchas veces con el manejo y el poder dentro de una pareja, y el no prestarle la suficiente atención puede poner en grave riesgo el futuro de la relación.

Veremos a continuación 6 errores de dinero que toda pareja debería evitar.

1) No mientas acerca de cuanto dinero debés

Compartir las finanzas con otra persona es una decisión importante que se debe tomar en un marco de consenso, y para ello ambos integrantes deben tener información transparente y concisa acerca de la situación monetaria actual de la otra parte.

Este no es momento para tener vergüenza o querer perfeccionar la imagen que nuestro/a compañero/a tiene de nosotros ocultando deudas contraídas con bancos, instituciones, amigos o hasta familiares.

Tener una charla a “corazón abierto” en cuanto a las deudas existentes de nuestra “vida anterior” no se presenta como una situación demasiado romántica, pero si necesaria.

La decisión de ocultar esto pensando en cancelar mis obligaciones sin que la otra persona se de cuenta es comenzar con el pie izquierdo. La confianza en la pareja, como en lo demás ámbitos, es algo que cuesta mucho recuperar una vez que se ve traicionada.

2) No mientas acerca de cuanto ganás por mes

En el caso anterior, la mentira emerge por vergüenza a que nuestra pareja se entere de que debemos dinero y eso perjudique la imagen que tiene de nosotros. En este caso, la falsedad aparece buscando beneficiarse en el reparto de gastos o por lo menos no salir tan “perjudicado” (desde la perspectiva de quien incurre en este comportamiento).

Este es quizá uno de los tips más difíciles de seguir en un país en donde son muy pocos los que hablan abiertamente acerca de sus ingresos, convirtiendo este tópico en uno de los temas tabú por excelencia.

En el momento en el que se decide la división de los gastos (veremos más acerca de esto a continuación), y teniendo en cuenta que los ingresos son un factor importante en esta división, aumentan los estímulos de “tirar abajo” la “declaración de ingresos matrimonial” para equilibrar las erogaciones.

El problema aquí es que este es uno de los típicos casos en donde la mentira tiene patas cortas: en algún momento, por accidente o no, el verdadero nivel de ingresos queda en evidencia y la confianza de la pareja sensiblemente dañada.

3) No pienses que dividir 50 y 50 es siempre la solución

Mucha gente piensa que la solución al problema de la división de gastos pasa por dividir 50 y 50 (mitad cada uno), abriendo una cuenta bancaria en conjunto y aportando cada uno en partes iguales el dinero mensual que luego se usará para los gastos corrientes.

Este arreglo funciona a la perfección mientras el ingreso de ambos sea similar, pero puede ser vivido como una injusticia por una de las dos partes si existen diferencias de ingresos entre los componentes de la pareja (siempre y cuando no exista también una deuda anterior que haga que caiga el ingreso real luego del pago mensual de la misma).

Aquí es donde el punto anterior se hace más importante: “blanquear” nuestro nivel de ingresos y deudas reales debe llevar a una división justa y equitativa en función de los recursos mensuales con los que cuenta cada uno.

De esta manera, una división 60/40 o 70/30 puede tener más sentido y dejar a ambas partes más contentas, eliminando resentimientos y sensaciones de injusticia que una división 50/50 puede acarrear.

4) No darle a uno de los dos el control total del dinero

Es muy común que las parejas decidan que uno de los dos integrantes (que no tiene porque ser necesariamente quien más gana), tome el control de las finanzas personales de la casa y que el otro delegue esa responsabilidad y asuma un rol más pasivo.

Este comportamiento, si bien puede parecer cómodo, no es lo mejor ya que la persona que tiene el control se puede empoderar fácilmente, trayendo problemas y discusiones en donde la otra persona asume a su vez el rol de víctima y se crea una dinámica compleja y tóxica en cuanto a lo vincular.

Las decisiones en cuanto al destino del dinero (ahorro, gasto, inversión) deben ser consensuadas por ambos y no debe asumir uno solo el control de la situación.

De esta manera, la responsabilidad es compartida cuando las cosas salen bien y cuando salen mal, lo cuál lleva a que los “reproches” y el “pase de facturas” en la pareja por temas de dinero carezcan de sentido.

5) No cometas infidelidades financieras

Se dice que existe una infidelidad financiera cuando uno de los componentes de la pareja realiza gastos sin el conocimiento de la otra parte. Los mismos pueden incluir desde compra de ropa hasta préstamos a familiares o amigos sin el consentimiento de la pareja.

El sitio Money Habitudes ha realizado encuestas que muestran que por lo menos un tercio de las parejas ha cometido algún tipo de infidelidad económica.

Este tipo de mentiras u omisiones se relacionan directamente con el miedo al conflicto. Al suponer que nuestra pareja se va a enojar cuando se entere de nuestros gastos o deudas, preferimos esconderlos y ahorrarnos un momento incómodo.

Siempre va a haber infidelidades financieras porque nadie le dice a su pareja todos los consumos que hizo en el día. La solución aquí pasa por fijar un importe a partir del cuál tengamos que comunicarle al otro los gastos realizados.

6) Desconocer cuáles son los temas de dinero sobre los que hay que hablar

“La pareja debe hablar de manera regular sobre temas de dinero” es un consejo común en lo que respecta a las finanzas personales, pero la pregunta es: ¿cuáles son los ítems que deben abordarse y de que manera?

En primer lugar, es importante crear contexto para la charla. Hacerla a las apuradas o en un lugar en donde no se tenga la suficiente privacidad es la mejor manera de que la misma pierda importancia.

Luego, hay al menos 3 ítems que sí o sí deben estar:

 i) Objetivos y estilos de vida relacionados con el dinero: hay preguntas que una pareja debe poder responder rápidamente en cuanto a si ambos están de acuerdo, como por ejemplo:

¿Quieren trabajar siempre los dos? ¿Qué pasa si uno de los dos quiere emprender un proyecto propio y eso hace que no pueda generar ingresos durante un tiempo?

Los hijos: ¿vendrán “cuando tenga que ser” o se eligirá un momento en el cuál ambos consideren que se encuentran financieramente preparados para ello? ¿Se los enviará a un colegio privado o estatal? ¿Cómo se los educará en temas de dinero?

¿A que edad les gustaría a ambos retirarse laboralmente?

Estos son solo algunas preguntas disparadoras de las muchas que pueden haber y que necesitan ser analizadas y respondidas en conjunto.

ii) Gasto: ¿Cuáles son los gastos “importantes” y cuáles los “superfluos”? ¿Los gastos pueden ser financiados con tarjeta de crédito en cuotas? ¿Cómo se llevará la contabilidad de los mismos? ¿Qué estrategias se pueden llevar a cabo para disminuir los gastos y generar excedentes para el ahorro?

iii) Ahorro: ¿Cuál será el objetivo del ahorro? ¿Un fondo de retiro, vacaciones, cambiar la casa, el auto? ¿En donde se invertirá lo ahorrado para que la inflación no se “coma” su poder adquisitivo? ¿Cuánto aportará cada uno para este plan, 50/50 o distintos porcentajes?

Conclusión

Algunos pueden creer que los argumentos vertidos en esta columna son demasiado materialistas para una relación de pareja en donde lo importante es el amor, el cuidado y el respeto que pueda existir entre sus componentes.

Sin embargo, mi opinión va todavía más allá. En lo que respecta al dinero, pensar en la vida en pareja como una sociedad o empresa con un proyecto común en donde ambos socios deben hablar claramente y cooperar entre sí me parece el approach más inteligente y el que más éxito ha demostrado a lo largo del tiempo.

Ya lo dice un viejo refrán popular: “Cuando el dinero sale por la puerta, el amor escapa por la ventana”.

Ocuparse del tema financiero de la pareja para evitar que ello suceda puede ser visto, en función de estos argumentos, como un total y completo acto de amor.

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