Obras de arte, árboles o cine: opciones no tradicionales para invertir.

Comprar cuadros o financiar la actividad forestal o una producción fílmica están en el radar de algunos ahorristas; las ventajas y los riesgos.
David Feliba/LA NACION

En la Argentina no abundan las opciones de inversión en pesos para ganarle a la inflación. Pero desde obras de arte hasta financiar películas de cine, una serie de opciones no tradicionales emerge cuando la imaginación del inversor se agudiza.

“Un inversor inteligente siempre tendrá este tipo de inversiones en su portafolio, pero en porcentajes chicos, ya que sabe que el riesgo es importante porque suelen estar menos reguladas. Su principal atractivo es la posibilidad de obtener un retorno mucho más elevado que el de la media del mercado”, dice el director de Estudinero.net, Nicolás Litvinoff. Y advierte: “Un inversor inexperto que se entusiasme puede de pronto sobreponderarse en inversiones alternativas y comprometer una parte importante de su capital. De todo el ahorro, como máximo debería estar en estas opciones entre 10 y 15%”.

El negocio del arte

“Una persona puede comprar una obra por muchas razones, pero en general, los que hacen los buenos negocios en arte son los que tienen un gusto personal por él”, sentencia la consultora Amparo Díscoli. El experimentado marchand Ignacio Gutiérrez Zaldívar aporta: “El primer mandamiento es siempre comprar lo que a uno le gusta, ya que aunque se haga como una inversión a mediano o largo plazo, durante ese período el que convivirá con la obra será uno mismo”. Según Zaldívar hay en el país unos 3000 artistas activos que producen 24 obras anuales en promedio cada uno. Hay cuadros nacionales que van de los 1000 a algo más de 500.000 dólares.

“Son inversiones sofisticadas a mediano y largo plazo”, aclara Díscoli. “Mucha suerte hay que tener en mercado local, o al menos estar muy adentrado, para encontrar una obra y hacer un flipping (comprar y vender con alto margen en menos de tres meses). Precisamente son objetos a los que el tiempo le agrega valor y no tienen vencimiento”, dice.

Como los bonos del Tesoro de EE.UU. son considerados activos libres de riesgo que resguardan al inversor de la corrosión inflacionaria del dólar, existe una generación de pintores argentinos ya fallecidos y consagrados que ofician de reserva de valor en detrimento del potencial rendimiento -y riesgo- que podría tener un joven pintor que se inicia. Una inversión conservadora en arte nacional podría incluir obras de Antonio Berni, Emilio Pettoruti, Alberto Greco, Xul Solar y Raúl Soldi.

Díscoli desglosa las otras dos canastas de artistas, con expectativa de retorno y riesgo proporcionales: “El sector medio o contemporáneo es un artista vivo, de entre 40 y 60 años, que sigue produciendo y ya se puede comenzar a delinear si quedará o no en la historia del arte. Tiene trayectoria, pero aún no alcanzó su máximo precio y trata de pegar el salto al blue chip o lugar de artista consagrado. Luego están los emergentes, artistas por debajo de los 40 años y con obras que no suelen superar la década desde su producción. Son aquellos con precios más bajos, donde si la inversión fue precisa y progresa rápido en el mercado se tiene un excelente mark up por la incertidumbre”.

Según Gutiérrez Zaldívar, de Zurbarán, una inversión razonable es a partir de US$ 5000. “Aconsejo uno solo antes que varios económicos. Hay cosas de menos de US$ 1000, pero esto es como los inmuebles: ubicación, ubicación, ubicación. Bueno, aquí lo caro se vende siempre, y lo barato en épocas de crisis puede encontrar dificultades”, explica.

La inversión forestal, por su parte, es un negocio para pacientes. Según la Asociación Forestal Argentina (AFOA), 80% de las plantaciones están en la Mesopotamia. Según los especialistas, es precisamente la tasa de retorno (y una exención impositiva) lo que justifica los años de capital inmovilizado. “Hay que pensar que es una inversión que durará entre 10 y 14 años”, dice Hugo Cetrángolo, ingeniero agrónomo y director académico de la Unidad de Agronegocios de la Universidad de San Andrés. “Lo atractivo es que hay doble vía de valorización: por el crecimiento de la madera y por el revalúo de la tierra, cual inversión inmobiliaria.”

Según explica, los productos forestales básicos son dos: madera sólida para aserraderos y madera de menor diámetro para fabricar papel. El negocio se resumiría en comprar un campo, plantar, hacer las podas y los raleos, y al tiempo de corte (10- 12 años) vender la madera a aserraderos y plantas de papel. Cetrángolo recomienda el eucalipto. “Es más rentable desde una perspectiva de inversión, porque al ser un plazo más corto que el pino (20 años), la tasa interna de retorno repercute con más incidencia. El negocio forestal es muy atractivo: una TIR razonable o promedio podría ser de 10% anual en dólares, sin incluir la valorización de la tierra”, dice.

La joven EucaForest es una de las firmas nacionales que abre el juego forestal al capital de inversores minoristas. Genera los fideicomisos, capta las inversiones y ejecuta el proyecto. Por temas de fondeo no compra, sino que alquila los campos en Corrientes en los que planta los eucaliptos. Foresta con árboles de genética mejorada que recortarán el ciclo de crecimiento. Si bien la tala rasa es recién después del décimo año, el proyecto está ideado para una renta a partir del cuarto o quinto año, cuando empieza la tala para madera fina. Según desglosa su director Joaquín Driollet, la inversión por hectárea es de US$ 2800, mientras que los ingresos ascenderían a US$ 24.000 por hectárea: US$ 7500 ente el cuarto y octavo año y el resto, al final del ciclo. La inversión mínima es de US$ 10.000.

Luz, cámara, inversión

Formar parte de un proyecto cinematográfico dejó de ser tarea imposible para el inversor con gusto por el séptimo arte local. Invertir en pozo es la alternativa. Litvinoff explica: “Hay una primera fase del proyecto que funciona para prender la llama’, con una inversión que está en el orden de 3 a 6% del presupuesto y se usa para pagarle al guionista y negociar derechos si corresponde. El capital inicial, a diversificar entre varios inversores, puede estar entre 200.000 y 400.000 pesos”.

Con más de 25 años en la industria y participaciones en films como El hijo de la novia y Metegol, el director de la productora Jempsa Ricardo Freixa describe las etapas de financiamiento. “En la fase de desarrollo no hay actor, sólo un guionista contratado y un director. El guión para una película importante puede rondar los US$ 30.000. Recién cuando se llega a la versión final se busca al elenco. Luego se abre la etapa de producción, donde el inversor evalúa ya no la posibilidad, sino el paquete completo.” La diferencia entre aportes de uno y otro inversor, aclara, es notoria. En la segunda fase, los dólares llegan de a cientos de miles.

Consejos de expertos

Dedicar una parte del ahorro a inversiones no convencionales requiere prestar atención a factores como la larga espera del retorno

Si de poner el capital en obras de arte se trata, uno de los consejos es apostar por una obra significativa antes que por varias económicas. Además se recomienda comprar algo que sea agradable para el ahorrista y tener en cuenta que son inversiones sofisticadas y de mediano y largo plazo, en las que las expectativas de retorno están vinculadas con la edad y trayectoria del artista

Paciencia y más paciencia requiere la inversión en plantaciones forestales. Hay algunos proyectos que prometen retornos a partir del cuarto o quinto año, pero lo usual es tener que esperar alrededor de una década. El eucalipto es una de las especies recomendadas

Para los amantes del cine, el financiamiento de producciones nacionales “desde el pozo” es una alternativa viable. Una opción es aportar financiamiento en la primera etapa de un proyecto, para el pago al guionista y la negociación de derechos si hay detrás una obra literaria; es considerada una inversión de riesgo con posibilidad de una rentabilidad atractiva.

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