¿Cuánto vale tu vida?

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Especial de Nicolás Litvinoff para el diario La Nación

¿Cuánto vale tu vida? Desde el punto de vista moral y social, la vida humana tiene un valor incalculable, al ser lo más preciado del ser humano. En ese sentido, podemos fácilmente coincidir en que la vida no tiene precio, ni puede comprarse o venderse.

Teniendo en cuenta la libertad humana la vida posee un valor sólo en sí misma, es decir, con respecto a los derechos humanos, al valor individual de una persona y a su seguridad jurídica y económica. Dicho esto, todo ser humano sin importar su condición económica, racial, jurídica y de credo ideológico tiene derecho a la vida y a defenderla.

Ahora bien, vivimos en una economía capitalista en donde se acostumbra definir un valor para todo, incluso para la vida humana.

Más aún, podríamos afirmar que la vida humana tiene un valor estadístico o financiero mediante el cual los jueces penales establecen un monto de un juicio de indemnización en un caso de, por ejemplo, accidente de tránsito o laboral.

Podemos decir entonces que si queremos saber cuánto vale nuestra vida, es decir cuánto valemos en términos económicos para la sociedad en su conjunto, debemos cuantificar nuestro capital humano.

¿Qué es el capital humano y cómo se calcula? ¿Cuáles son los distintos parámetros para cuantificar el valor de una vida? ¿Podemos realizar acciones para aumentar nuestro capital humano?

A continuación estudiaremos juntos las respuestas que nos acercarán a una noción de valor subjetiva de algo tan difícil de mesurar como una vida humana.

El capital humano

Capital humano es un término utilizado para describir el cálculo del valor económico de la vida de una persona ante reclamos indemnizatorios. El mismo es calculado por médicos legistas según los siguientes parámetros: 1) expectativa de vida de la persona, 2) capacidad de generar ingresos y 3) calidad y cantidad de sus lazos afectivos.

El primer punto es fácilmente cuantificable, en términos de que una persona que está en los primeros 20 años de su vida tiene a fines prácticos mucho más “por vivir” que alguien que se encuentra en una edad mucho más avanzada.

Dado que nos estamos basando pura y exclusivamente en términos económicos, y que para llegar a la noción de valor según el capital humano se tomará como factor principal el aporte que una persona hace a la sociedad en términos económicos, la esperanza de vida de una persona será un factor importante para establecer su capital humano.

Con respecto al punto 2, referido a la capacidad de generar ingresos de una persona, el mismo se determina en función de los ingresos precedentes y la proyección de crecimiento de los mismos. En caso de que el cálculo del capital humano se realice sobre una persona de temprana edad que aún no se encuentra generando ingresos, se tomará en cuenta el grado de educación, clase social, y demás parámetros que ofrezcan una aproximación a los ingresos que podría haber llegado a recibir más adelante. Esto es así porque uno de los componentes más fuertes del daño patrimonial se relaciona con la pérdida de los ingresos futuros.

Finalmente, el punto 3 es quizá el más abstracto y difícil de determinar, y hace alusión a los vínculos afectivos que posee una persona. Para el resultado al cual estamos buscando llegar, no es lo mismo un padre de familia numerosa que una persona soltera, en términos del daño psicológico y moral que infringe a sus lazos cercanos.

Ergo, el capital humano será mayor mientras más numerosa sea la familia de la persona y demás vínculos afectivos que se posean.

La sumatoria de estos tres factores son los que determinan nuestro capital humano, y por ende el valor que poseemos para la sociedad.

Cómo incrementar nuestro capital humano

Según lo visto en el punto anterior, no hay mucho que podamos hacer para modificar dos de las variables del cálculo: la esperanza de vida y de los lazos afectivos.

Quizá, el mantenerse saludable y establecer vínculos afectivos sanos y duraderos con nuestro entorno ayudaría, pero eso es algo que hacemos o deberíamos hacer de manera natural.

Pero es sobre el punto 2, referido a los ingresos generados o a generar, que se puede trabajar, dado que aquí se abarcan otros factores que no tienen solamente que ver con el sueldo o salario percibido.

Por un lado está el dinero que generamos de manera mensual, pero por el otro se debe tener en cuenta también el potencial de ingresos a obtener más adelante.

Al mismo tiempo, este potencial de ingresos puede ser arriesgado y de corta duración como el de la vida de un deportista, o formal y previsible como el de la vida de un profesional (médico o abogado).

Conocer nuestro capital humano puede darnos una idea del valor de nuestro esfuerzo personal y del trabajo, de manera de planificar más inteligentemente hacia el futuro y aumentar nuestro valor social.

Veamos tres ejemplos mediante los cuales podemos aumentar nuestro capital humano modificando al alza aspectos relacionados con nuestro ingreso potencial:

1) Educación: invertir en nuestra educación es sin dudas una de las maneras más prácticas de aumentar nuestro capital humano.

Claramente, existe en nuestra sociedad una correlación positiva entre el grado de educación alcanzado por un individuo y su capacidad de generar ingresos. En ese sentido, se puede aseverar que en promedio el capital humano de una persona con estudios de posgrado o doctorado será superior al de un individuo que solamente posea estudios secundarios o terciarios.

De tal manera, invertir en nuestra educación siempre será una buena idea para incrementar nuestro valor en términos sociales.

2) Mediante la diversificación de nuestras fuentes de ingresos: si poseemos ingresos unidireccionales, el cálculo de nuestro capital humano en caso de que suframos un accidente estará limitado. En algunos países como Colombia se establece un tope de 1000 salarios como indemnización ante accidentes culposos.

Si logramos generar otros vehículos de ingresos provenientes de inversiones, no solamente se verá incrementado nuestro flujo de ingresos mensuales, sino que también nuestro capital humano aumenta dado que estamos demostrando una capacidad de generación de ingresos que va más allá de nuestra faceta laboral. Al mismo tiempo, estos ingresos provenientes de inversiones pueden trasladarse fácilmente a nuestros herederos en caso de que suframos alguna desgracia.

3) Mediante la diversificación de nuestras inversiones: en Estados Unidos estos temas se hablan sin tapujos, y es posible escuchar que una persona dice de otra “John vale 2 millones”, haciendo alusión a la cantidad de dinero que gana por año y/o tiene ahorrado.

Nuestros ahorros e inversiones forman parte también de nuestro capital humano en el sentido de que son o deberían ser generadores de ingresos. De hecho, otra manera de llegar a un monto indemnizatorio en caso de una muerte es calcular el monto total que debería ser invertido a bajo riesgo para generar ingresos similares a los que esa persona generaba en vida.

Si se quiere calcular la parte del valor del capital humano referente a los ingresos de una persona que gana, por ejemplo, 30.000 pesos por mes, se debería determinar cuál es el monto que habría que invertir en un plazo fijo teniendo en cuenta las tasas de interés actuales para generar ese monto mensual.

Por ello, una manera de incrementar nuestro capital humano es invertir en algún vehículo financiero que esté lo menos correlacionado posible con nuestra fuente de actividad principal.

De esta manera, estaremos menos expuestos ante riesgos puntuales, mejorando nuestra performance financiera y generadora de ingresos paralelos.

Conclusión

No está de más remarcar aquí que la vida humana no tiene un valor económico per se, si no en consideración a lo que produce o puede producir.

La interrupción de una vida provoca, además de los daños de índole afectivo, otros de índole patrimonial, y lo que se mide en términos de capital humano son las consecuencias que esto produce sobre otros patrimonios en cuanto a la suspensión de la actividad creadora o productora de bienes.

Pero al mismo tiempo, el conocimiento de estos cálculos actuariales y legales pueden darnos una interesante lección acerca de cómo hacernos valer más en una sociedad materialista y muchas veces injusta como la actual.

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