Cómo hacer para que tu dinero valga más.

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Especial de Nicolás Litvinoff para el diario La Nación.

El dinero no vale lo mismo para todos: un billete de 100 pesos (o, dentro de poco, uno de 500) tiene el mismo valor nominal para dos personas distintas, pero puede tener un valor real totalmente diferente.

Mi objetivo en la columna de hoy será mostrar ejemplos prácticos que argumenten esta afirmación, para luego analizar cuáles son los factores que hacen que el dinero valga menos y cuáles los que hacen que valga más.

Mediante la internalización de estos conceptos estaremos en condiciones de hacer que nuestro dinero valga más que lo que valía anteriormente, lo cuál se vuelve aún más importante en situaciones económicas complejas como las que atraviesa el país actualmente.

Diferencias en el valor del dinero: algunos ejemplos

Invertir como potenciador del dinero

Pedro tiene conocimientos de inversión mientras que Juan vive “al día”. Dado el elevado nivel de las tasas de interés en el presente, Pedro puede invertir su dinero al 40% en pesos mediante una combinación de LEBACs, cauciones bursátiles y bonos del gobierno, generando ingresos financieros adicionales a sus ingresos laborales.

Podría decirse que para Pedro, cada billete de 100 pesos viene con otro pedacito de papel troquelado por 40 pesos más (que es el 40% de 100), dado que eso es lo que puede conseguir en el mercado financiero.

Para Juan, en cambio, 100 pesos son 100 pesos y así como los recibe los irá asignando a los distintos gastos que tenga comprometidos o que surjan a partir de ahí.

En este ejemplo puede verse como aprendiendo conceptos de inversión el valor del dinero aumenta para nosotros, dado que estaremos en condiciones de generar dinero con dinero, multiplicando el mismo y utilizándolo como un factor productor de recursos.

Los enemigos “pegan” distinto

Si hablamos de factores que modifican el valor de dinero en la Argentina no podemos dejar de mencionar la inflación como enemigo principal de nuestros intereses monetarios. Pero veremos un ejemplo que demuestra que la inflación no es la misma para alguien de sueldos medios que para alguien de altos ingresos.

Supongamos que Roberto y José tienen 30 años, son solteros y alquilan sus respectivas viviendas. El primero gana 15 mil pesos mensuales, vive en un dos ambientes en Villa Crespo y paga 5 mil pesos de alquiler, mientras que José gana 85 mil pesos mensuales, vive en una torre exclusiva de Barrio Norte y paga 11 mil pesos de alquiler.

Los propietarios de ambos departamentos aumentan 30% el costo del alquiler a la hora de renovar sus respectivos contratos, con lo cuál José tiene que pagar ahora 6.500 pesos y Roberto 14.300 pesos.

El costo inflacionario es de 1.500 pesos para José y de 3.300 pesos para Roberto: en términos nominales se podría pensar erróneamente que el más damnificado es Roberto, pero se caería en clásico error de mala apreciación del valor del dinero.

El incremento de costos es equivalente al 10% del sueldo de José (1.500/15.000), mientras que para Roberto la suba no llega al 4% de su salario (3.300/85.000).

Este es un claro ejemplo de cómo los enemigos del valor del dinero repercuten de manera diferente en personas con distintos niveles de ingresos.

Conocimiento de la supremacía del flujo versus el “stock”

Carlos tiene sesenta años y estuvo ahorrando toda su vida para llegar al objetivo que se propuso: un millón de dólares. El camino hacia ese objetivo, ahora cumplido, no fue nada fácil. Luego de algunas inversiones en el mercado de capitales que no salieron muy bien, Carlos decidió mantener su dinero en vehículos de inversión de corto plazo, conocidos como Money Market, que prácticamente no pagan ningún interés anual. De esta forma, se aseguró de que cada dólar que ahorraba engrosaría su patrimonio sin tener que sufrir ninguna pérdida en el camino.

Carlos es millonario ahora, pero el cumplimiento del objetivo lo hace sentir un tanto vacío. ¿Qué va a hacer ahora con todo ese dinero? El sueño era poder dejar de trabajar algún día, pero para hacerlo Carlos es consciente de que tendría que “comerse” los ahorros, es decir, ir gastando para vivir. Ese accionar, sin duda, lo haría sentir un poco más pobre cada día, con el consecuente temor de sentir que, si deja de producir para vivir de sus ahorros, el dinero se transformará para él en un bien no renovable, lo cual no contribuye demasiado a alejar los miedos sobre quedarse sin recursos en algún momento de su vida.

Carlos ha sido exitoso en construir un “paraguas para días lluviosos”, pero lo que desconoce es que su dinero remite a una capacidad productiva ociosa, en donde su falta de cultura financiera hace que ni siquiera un millón de dólares le traiga la tranquilidad buscada.

Ignacio, por otro lado, tiene cuarenta y cinco años, y se encuentra financieramente en el mismo lugar en el cuál Carlos se encontraba a su edad: US$ 360.000 en su cuenta bancaria. Pero, a diferencia del primero, Ignacio ha invertido muchas horas de los últimos diez años en aprender sobre inversiones, y luego de algunos tropiezos y errores de principiante, ha podido construir un mix de inversiones en bonos de su país y americanos, fondos comunes de inversión, finanzas colaborativas (peer-to-peer lending), y dos pequeños departamentos que compró en Miami durante la crisis de las hipotecas del 2008 y que ahora alquila.

Promediando las rentabilidades de sus distintas inversiones, la tasa anual de rendimiento obtenida es del 10%, lo cual equivale a US$ 3.000 mensuales. Dado que Ignacio vive solo y no tiene gustos exorbitantes, ese flujo mensual de ingresos proveniente de los intereses, alquileres y demás, le alcanza para vivir más que tranquilo, sabiendo que sus ahorros se encuentran perfectamente diversificados y produciendo a su vez el dinero necesario para su manutención.

En este ejemplo se ve como 360.000 dólares pueden valer más que 1.000.000 en términos de flujo y no de stock, que es como los especialistas en finanzas suelen incluso valuar a las empresas (un método muy utilizado de valuación de empresas es calcular el valor presente de sus flujos futuros de fondos para una cantidad de años dados).

Cómo hacer que tu dinero valga más

Hemos visto casos en los cuales una misma suma de dinero vale distinto, un mismo incremento inflacionario “daña” de manera diferente a personas con distintos poderes adquisitivos e incluso un último ejemplo en donde menos cantidad de dinero vale más que otra suma casi tres veces superior al estar mejor invertida. El objetivo de ello es reconocer que el dinero tiene un valor nominal y un valor real, que no vale para todos igual.

Si aceptamos esta tesis, podemos entonces continuar esta línea de razonamiento diferenciando algunos de los múltiples factores que hacen que el dinero tenga un valor real mayor o menor con respecto a su valor nominal.

Tu dinero vale menos si: Tenés deudas a tasas no subsidiadas (¡la mejor manera para ganarle a la inflación es tomar deuda!), no sabés ahorrar (¿para qué?), sabés ahorrar pero no sabés invertir (¡aprender a invertir es muy difícil!), tenés una familia numerosa, dependés de un solo ingreso, no llevás un registro al detalle de tus ingresos y egresos (¡no sé en que se me va el dinero!), no comparás precios (¡igual todo está aumentado!), existe un contexto de inflación, el dólar aumenta fuerte de precio…

Por el contrario, tu dinero vale más si: no tenés deudas, ahorrás para invertir, generás ingresos con tu dinero adicionalmente a tu trabajo, llevás un registro exhaustivo de tus finanzas personales, hacés un estudio riguroso de precios antes de gastar dinero, existe un contexto de deflación.

Conclusión

Podríamos llamar a lo visto hoy “La alquimia del dinero” (se le dice alquimia a la trasmutación de la materia) en el sentido de que aprendimos que está en nosotros la facultad de transformar un billete de 100 pesos en algo que tenga más o menos valor.

Aprender conceptos tales como Valor temporal del dinero pueden sin dudas despejarnos el camino para aumentar el valor de nuestros ingresos sin depender de nadie.

Por el contrario, sentarnos de brazos cruzados a ver cómo factores exógenos como la inflación o el ajuste hacen que nuestro dinero valga cada vez menos será seguramente más fácil y cómodo, pero las consecuencias sobre nuestra economía doméstica y calidad de vida seguramente distarán mucho de ser las deseadas.

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“Los analfabetos del siglo XXI no serán aquellos que no sepan leer y escribir, sino aquellos que no sepan aprender, desaprender y reaprender.”

 

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