Además de saborearlo, aprende a invertir en whisky.

Revista Forbes (México).
Por Enrique Hernández
Platinum Whisky Investment Fund mostró a inversores que la valorización por vender botellas de whisky escocés tuvo un “fenomenal” aumento en los últimos cinco años: en 100 botellas de single malt subió 479%, en 250 envases de esa bebida aumentó 376% y en 1,000 botellas de whiskies trepó 228%.

Sorber copas de whisky en muchas ciudades del mundo es sinónimo de gustos refinados, de billeteras amplias y estatus. Pero algunos amantes de la bebida escocesa encontraron una inversión embriagante que les deja millones de dólares en ganancias como si fueran operadores de Wall Street que apuestan por adquirir las acciones de las empresas de moda.

La insólita inversión es realizada por coleccionistas en Estados Unidos, headhunter en Hong Kong o cualquier mortal, millonario, bebedor ocasional o personas con espíritu de Al Capone en Argentina a través de un fondo de inversión o un fideicomiso de botellas de single malt o blended, dos de los destilados de whisky más populares y consumidos del planeta.

Los productos financieros ofrecidos en Hong Kong, Estados Unidos y Argentina prometen mayor rentabilidad que el mismo petróleo West Texas Intermediate (WTI) —considerado el barril de crudo de la más alta calidad—, que los commodities como oro, soja y maíz. Garantiza mejores rendimientos que tener dinero en una cuenta de ahorro en un banco y quizás en la bolsa.

“El fondo sólo invierte en botellas de whisky que tienen una apreciación de su precio en subastas y tiene una producción limitada”, señala Rickesh Kishnani, director ejecutivo de Platinum Whisky Investment Fund, compañía promotora y pionera de la inversión embriagante con sede en Hong Kong.

Platinum es considerado el único fondo de capital privado del mundo, el cual invierte en botellas de whiskies añejos y raros. Los fundamentos de la inversión en single malt y blended están basados en la economía, es decir, en la oferta y demanda, comenta.

“No invertimos en nuevos lanzamientos de las destilerías que serían una moda pasajera”, manifiesta a Forbes México el fundador de la firma financiera que tiene 30 negociantes privados en Hong Kong, Singapur, Taiwán, Reino Unido, Canadá, Estados Unidos y México. En el último país destaca el inversor Gary Bennett, director general de Seguros Monterrey New York Life, quien llegó en 2014 al mercado mexicano y trabajó durante tres décadas para la aseguradora estadounidense en el mercado de seguros hongkonés e indio.

Cada uno de los amantes del oro líquido posee una inversión mínima de 250,000 dólares en Platinum. Rickesh Kishnani dice que aceptan a ahorradores de todo el mundo que elijan botellas de esta bebida escocesa como un activo físico para diversificar su cartera de inversiones.

“Para hacer un whisky Macallan 18 años, significa que cada gota de la botella se envejeció durante un mínimo de 18 años en el barril de una destilería. Eso crea una limitación sobre cómo producir mucho whisky añejo, lo cual ha dado como resultado un (desabasto) en el mercado por los próximos 10 años”, expresa el también CEO de Platinum Wines, un distribuidor de vinos y licores premium con operaciones en Asia.

Desde 1980 y 1990 no se produce suficiente whisky de malta de Escocia para satisfacer la demanda existente hoy en el mundo, expresa Rickesh Kishnani. Platinum aprovecha el boom y el gusto por una buena bebida al construir una colección de whiskies añejos y de edición limitada adquirida en Europa, la cual es revendida entre coleccionistas, subastas, bares y hoteles.

“Un segmento emocionante de la colección son los alambiques silenciosos, que pertenecen a destilerías que cerraron en 1980 y 1990. Las botellas que ahora quedan en el mundo son las últimas disponibles, debido a que la destilería no existe para producir nuevas botellas”, expone Kishnani.

Una de las botellas más caras en el mundo es el Macallan 1926 de 60 años de edad, cuya edición es Valerio Adami. Sólo se produjeron 12 botellas una vez, por lo que su valor es de más de 150,000 libras esterlinas o 214,000 dólares.

Cálculos y estimaciones presentadas por Platinum a un grupo de inversores en marzo de 2015 explican que la valorización por vender botellas de whisky escocés dio un “fenomenal” aumento en los últimos cinco años: en 100 botellas de single malt subió 479%, en 250 envases de esa bebida aumentó 376% y en 1,000 botellas de whiskies trepó 228%.

Otra buena perspectiva del negocio del oro líquido fue identificada por el índice Investment Grade Scotch, recopilado por Whisky Highland, que determinó que los 100 mejores whiskies del mundo revalorizaron su precio un promedio 208.61% durante los últimos 6 años.

“El whisky no se ve afectado por la volatilidad, como le sucede a la bolsa o a las acciones; puede verse afectada alguna botella y su precio se incrementa todos los años a nivel mundial”, asegura Mariano Otárola, director ejecutivo de la Escuela Argentina de Finanzas Personales y asesor de un fondo de inversión promovido por Miguel Ángel Reigosa, presidente del Museo Whisky Malt Argentina.

No hay riesgos, porque al adquirir una o mil botellas el inversionista necesita de un espacio donde guarda la bebida a determinados grados de temperatura y lejos del sol. “Son mínimos cuidados de conservación”, recuerda el escritor de los bestseller Cómo pagar menos impuesto sin evadir, Del colchón a la inversión, Inversiones para todos y ¿Qué hacemos con los pesos?

“Es un fondo de inversión donde un especialista es el encargado de comprar las mejores botellas para ganar plata, con el objetivo de obtener un rendimiento anual o mensual”, según el administrador de empresas.

“La gente puede invertir en botellas de whisky; cuando las quiera vender, lo hará el propio fondo o fideicomiso”, considera Mariano Otárola. A partir de ahí cobra sus ganancias o bien puede degustar una copa de oro líquido. 

“El whisky es una inversión maravillosa”, afirma Nicholas M. Pollacchi, director ejecutivo de The Whisky Dog, una empresa estadounidense que asesora a los compradores a elegir esta bebida de la mejor calidad.

“Nos tomamos el tiempo para entender cuál es la pasión personal y los ayudamos a construir una colección privada que representa su propio amor por el whisky. Los alentamos a que construyan sus propias habitaciones privadas para mostrar y disfrutar de su colección.”

Para el estadounidense, su apuesta por el whisky es impulsada por su “pasión”, la cual se compara como la de cualquier coleccionista que quiere tener los mejores automóviles clásicos o las obras arte del momento y únicas.

“Los inversionistas, que coleccionan automóviles o obras de arte, no los compran para que alguien más los cuide, sino para venderlos y obtener una parte de las ganancias, cuando terminan con la operación.”

A veces, los aficionados mantienen sus vehículos en garajes privados, otros construyen galerías de arte en sus hogares “para admirarlas, apreciarlas y disfrutarlas. Entonces, “la inversión en whisky es igual”.

“Muchas de las botellas de whisky pueden ganar un valor masivo desde 100% hasta 10,000%, en casos muy particulares, pero siempre depende del mercado y del producto en sí.”

No siempre se logra una buena inversión. “Si un whisky cuesta 350 dólares, pero en cinco años valdrá 5,000 dólares, entonces es una buena inversión. Pero un whisky que cuesta 100,000 dólares, sólo aumenta 5,000 dólares en cinco años”, puntualiza. Es ahí cuando no hay mucho interés para los asesores ni inversionistas para apostarle, porque se trata de comprender el valor en el futuro de una botella, en vez de comprar la botella más cara.

Una borrachera de Miguel Ángel Reigosa le desencadenó su pasión por coleccionar esa bebida y promover desde el 1 de diciembre de 2015 un fideicomiso de whisky, catalogado como único en América Latina.

“Mi padre tuvo la suerte de viajar por su trabajo; en aquel entonces  —cuando tenía 14 años de edad— nos bajó dos botellas de Old Parr 12”, describe el presidente del Museo Whisky Malt Argentina.

“Una no la abrí y la tengo en mi colección, y otra sí la abrimos y nos mostró lo que era un whisky. A partir de ese momento no volví a tomar otra bebida, salvo una cerveza, que es el primer destilado de whisky”, recuerda el argentino desde su oficina, ubicada en el sótano de su museo en Coghlan, una zona de moda en Buenos Aires.

Ahora me animo a realizar el fideicomiso, porque llama gente de todo el mundo y de Argentina para vender botellas que ya no producen las destilerías en el planeta, sostiene.

“Tenemos anotados como inversionistas del fideicomiso de whisky, que está listo desde el 1 de diciembre, a más de 500 personas de Latinoamérica y Europa”, admite. Los ahorradores o inversionistas a cambio reciben botellas del mejor single malt para que se las lleven a casa o las resguarden en el Museo, que es vigilado por ojos artificiales y alarmas.

Un banco comercial en Argentina da al año entre 20% y 30% de tasa de interés, cuando un inversionista adquiere en pesos argentinos un bono de la bebida se le entrega un rendimiento de entre 60% y 80%, expresa.

“La gran inversión es en el whisky de 25, 30 y 50 años (de destilación) otorga un rendimiento de 130% en dólares a la gente”, comenta Reigosa. “El que invierte 10,000 dólares le damos 23,000 dólares al año.” En Argentina, el fondo de oro líquido también permite a la gente cubrirse y buscar opciones para ganarle a la inflación, expresa Mariano Otárola. En 2015, el mercado argentino registró una inflación anual de “30%”, según Alfonso Prat-Gay, ministro de Economía.

El funcionario espera para este año una inflación de hasta 25%. Los efectos de alzas de precios se resintieron en los últimos minutos de 2016 y no hay claridad de cuánto será realmente el alza de precios.

Una alta inflación en la economía argentina provocó el retiro de inversiones en propiedades o en plazos fijos bancarios, porque dejaron de ser rentables y otros perdían dinero, manifiesta Nicolás Litvinoff, economista y director de Estudinero!.

La inversión en whisky no muy es popular en Argentina, pero se usa para diversificar los ahorros y “es un activo de inversión, que no está correlacionado con el mercado de valores ni con la economía: Si la bolsa baja, el precio del whisky seguirá subiendo; si hay más inflación, el precio del whisky seguirá subiendo”, explica el economista.

Cuando la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner instauró el cepo cambiario o una normativa que limitaba la compra, venta y cualquier operación con dólares, se crearon unos métodos más creativos e insólitos de inversión. “Aparecieron inversiones como bitcoins, que están teniendo mucha aceptación en Argentina, así como en whisky y en vinos finos que crecieron mucho en los últimos años”, indica.

“Cuando se habla de inversión se busca poner dinero a lo largo del tiempo para que aumente el patrimonio o el capital. En ese sentido, el whisky presenta cuatro grandes ventajas como inversión en Argentina”, puntualiza.

La inversión es adquirir botellas siempre bajo la premisa de conocer e investigar cómo es el mercado, las distintas marcas y calidades, porque los single malt  —botellas que ofrece el fondo de Miguel Ángel Reigosa— son siempre los más buscados a nivel mundial, sostiene Litvinoff.

“Para producir un single malt de 50 años necesitas de 50 años de añejamiento. Cuanto menos botellas te vayan quedando, van aumentando su precio por su calidad y por ser de colección”, dice Miguel Ángel Reigosa.

El museo del argentino es un búnker monitoreado por 32 cámaras de videovigilancia, paredes selladas de metal, y destina más de 14,000 dólares al mes en seguridad y contrata un seguro de 25,000 dólares al año. Si es robada toda la colección hay garantía de que no pierde todo.

El único museo que nos gana en el mundo es el de Edimburgo, que pertenece a la empresa Diageo, dueña de Johnnie Walker, 400 marcas más y Louis Vuitton. “Ellos deben tener la décima fortuna a nivel mundial.

“Estamos luchando contra eso y estamos a 500 botellas para alcanzar a colección. Ellos tienen 3,383 botellas, por lo que en un año y medio llegamos a ese número.”

Él es uno de los 42 coleccionistas reconocidos a nivel mundial. Son 20 años viajando a Escocia todos los años. El coleccionista posee más de 2,800 botellas de whisky, y cuenta con 4,100 asociados de Argentina, Brasil, Chile, Uruguay, entre otros países de Sudamérica.

“Comencé a vender whisky y capacitar gente porque en Argentina pensaban que un single malt —whisky de una sola destilería y elaborado a partir de malta de cebada— era lo que tomaban las embarazadas en época de lactancia”.

—¿Quienes son los que más se interesaron por su museo y ahora por el fideicomiso?

—En Inglaterra no creen que tengamos botellas que ellos no tienen en su poder. Muchos italianos, españoles y mucha gente en Latinoamérica está interesada en invertir con nosotros.

—¿Es como una inversión en petróleo premium u oro de 24 quilates?

—Es oro líquido, como dicen los escoceses. A nosotros nos deja más ganancia invertir en whisky, porque está desapareciendo la bebida con más añejamiento. El futuro estará en las microdestilerías y en los embotelladores independientes que compran las primeras barricas y la pasan a otra barrica para que tenga otro sabor. Después de mantenerla y conservarla por 20 años, simplemente la venden.

Los consumidores asiáticos quedan fuera del esquema financiero, porque sus paladares se deleitan con tragos de blended, y lo ofertado en Buenos Aires es single malt, expresa el inversor argentino en una pequeña oficina donde se ven una decena de pantallas donde se mira cada movimiento del museo. Esa escena describe que le tiene más miedo a ser asaltado que a un cambio en las variables macroeconómicas.

“Ellos consumen mucho, porque tienen mucho dinero. Un poder adquisitivo mil veces superior al nuestro”, dice el hombre, quien en sus ratos libres también dicta cátedras a varios grupo de Alcohólicos Anónimos en Buenos Aires.

“Los asiáticos toman whisky con Coca-Cola; acá la gente lo toma como si fuera un elíxir y siempre se buscó adoctrinar a la consumidores para que conozcan cuáles son los mejores productos del mundo”, concluye.

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