Sobre hábitos, dinero y relojes inteligentes.

Smart watch for Stock Exchange

Especial de Nicolás Litvinoff para el diario La Nación.

En finanzas personales, la relación existente entre ingreso, gasto, ahorro e inversión es indiscutible.

Para tener una economía doméstica sana y productiva, estos cuatro pilares deben engranar y funcionar de manera eficiente y equitativa:

El ingreso debe estar diversificado y ser creciente. Por lo menos, el 10% de ese ingreso debe ahorrarse todos los meses para ser invertido y el gasto se debe adecuar al dinero restante.
La aplicación de este esquema constituye el paso superador que lo lleva a uno de las finanzas personales a las finanzas patrimoniales. Aparece un patrimonio que emerge del ahorro y que ahora debe ser administrado.

Lamentablemente, en la práctica la mayoría de los argentinos no logra dar ese paso porque encara la cuestión por el camino equivocado: cuando su ingreso comienza a ser creciente, deja que el gasto “se coma” todo lo que entra. Algunos, incluso, elevan el gasto a mayor velocidad y contraen deuda a tasas que les generan más deuda.

Como resultado, el ahorro no existe y la transformación de las finanzas personales en finanzas patrimoniales nunca llega, se patea siempre para más adelante.
¿Cuáles son las razones de este comportamiento claramente dañino? Según mi experiencia, todo redunda en un tema de hábitos.
La ausencia de hábitos de ahorro (o la aparición de conductas que te impiden ahorrar)es uno de los autoboicots más importantes que se comenten en el campo del dinero, aunque esto podría cambiar en un futuro cercano gracias al uso del dinero electrónico y las nuevas tecnologías, como veremos más adelante.

El mundo está cambiando velozmente de la mano de la realidad virtual y distintos dispositivos que funcionan como extensión del cuerpo humano. El desafío es entender cómo esos cambios pueden beneficiarnos.
En el campo de las finanzas personales, las ventajas pueden ser enormes para aquellos que entiendan los conceptos que analizaremos hoy y estén dispuestos a llevarlos a la práctica lo antes posible.

Lo que viene: Finanzas Inteligentes

El ahorro es una cuestión de hábitos, ¿pero qué son los hábitos?
La palabra hábito viene del latín habitus, que a su vez es el participio pasivo del verbo habere, del cual se desprenden las palabras haber, habilidad y habitar. De ello se deduce que los hábitos tienen que ver con una determinada habilidad en lo cotidiano, en lo que se habita.
Desde la psicología se entiende al hábito como la repetición de conductas que hace un sujeto y que pueden automatizarse, de manera tal que una vez instaladas aparecen de modo natural y pasan a formar parte de la personalidad de quien las práctica.
En base a ello podemos afirmar con seguridad que los hábitos de ahorro tienen que ver con “microconductas” cotidianas que pueden costar un poco al principio, pero que, una vez establecidas, se automatizan y pasan a formar parte de nuestra personalidad: las llevamos a cabo sin darnos cuenta.

Podemos pensar entonces en los hábitos como un mar que puede ser navegado fácilmente una vez que se supera la rompiente, que es donde quedan encallados muchos de los que pretenden ahorrar sin limitar sus gastos.
¿Existe entonces algún dispositivo tecnológico que nos ayude a superar esa rompiente de manera sencilla para adquirir los hábitos de ahorro que pueden transformar nuestras finanzas? Aún no, pero a no desanimarse: existen ya en el campo de la salud y en un futuro cercano los tendremos al alcance de la mano (y del bolsillo).
Aunque muchos no lo sepan, los smartwatch (relojes inteligentes) ya están salvando gente y mejorando la calidad de vida de las personas al inducirlas a adquirir hábitos saludables en el día a día.
¿Un ejemplo práctico? En dos ocasiones ya mi reloj inteligente vibró en mi muñeca para recordarme que tengo que levantarme y moverme un poco mientras escribo esta nota. El reloj tiene un sensor de movimiento que se enciende ante períodos de inactividad corporal (al estar mucho tiempo sentados o acostados).

Además, los smartwatch llevan un registro de toda nuestra actividad diaria y lo utilizan luego para informarnos sobre la cantidad de kilómetros que caminamos en el día, cuánto tiempo estuvimos parados, la cantidad de calorías quemadas, la frecuencia cardíaca y más datos que nos permiten controlar fácilmente nuestro nivel actividad física y algunos parámetros de salud.

En mi caso, esta nueva tecnología ha modificado notablemente mis hábitos con un simple y divertido sistema de premios y trofeos virtuales que se consiguen logrando determinados objetivos.
De la misma manera y en un futuro cercano, los smartwatch u otro dispositivo similar podrán ayudarnos a controlar nuestras finanzas mediante la formación de estadísticas en tiempo real referidas a los cuatro pilares: ingreso, gasto, ahorro e inversión. De hecho, ya existen aplicaciones para smartphones como Mis Finanzas, Money Lover, Wallet y muchas más que tienen cierta popularidad.
Cuando esas aplicaciones se perfeccionen y procesen automáticamente los datos de nuestros ingresos, gastos, ahorros e inversiones, no tendremos excusas para llevar a cabo una vida financieramente saludable.
Como en el campo de la salud, habrá un sistema de alertas, estadísticas y trofeos que las hará muy amigables y divertidas.
Todo esto ocurrirá de la mano de un fenómeno que ya comenzó y es imparable: el reemplazo del dinero físico por el mencionado dinero electrónico.

Cómo adelantarnos a los cambios y disfrutar ahora de los avances

Cuando decimos “dinero electrónico” hablamos de un futuro cercano para nosotros y de una realidad en algunos países avanzados.

Todas las transacciones se realizarán de manera electrónica, posiblemente mediante una wallet (billetera virtual) que llevaremos en el celular, en el reloj o en otro dispositivo práctico. Tal vez, en un chip incorporado a nuestro cuerpo.
Esa billetera virtual permitirá que todos nuestros ingresos y egresos de dinero queden registrados y hasta clasificados en función de parámetros que nosotros podremos “costumizar” (personalizar).
¿Cuánto gastamos este mes en alimentos? ¿Cuánto dinero ingresó en concepto de salario y rendimiento de inversiones? ¿Cuánto se nos fue en “gastos hormiga”? ¿Cuán lejos o cerca estamos de nuestro objetivo mensual de ahorro? Todas las respuestas a estas preguntas estarán disponibles en tiempo real y nos permitirán facilitar el manejo de nuestro capital y, a la vez, comprender cuáles son los hábitos financieros saludables y cuáles no.
Pero para anticiparnos a la llegada de las innovaciones tecnológicas, propongo comenzar a elaborar estadísticas básicas sobre nuestros movimientos financieros diarios.

Algunas de los ítems más importantes a medir en una simple hoja o, mejor aún, en una planilla de Excel son:

Ingresos:

medición de ingresos totales.

Variación de los ingresos mes a mes ((Ingreso mes 2 / Ingreso mes 1) – 1).

Variación interanual ((Ingreso año 2 / Ingreso año 1) -1).

Participación porcentual de las distintas fuentes en el ingreso total (( Ingreso sueldo / Ingreso total) *100).

Gastos:

Medición de gastos totales.

Variación de los gastos mes a mes ((Gasto mes 2 / Gasto mes 1) -1).

Variación interanual ((Gasto año 2 / Gasto año 1) -1).

Participación porcentual de los distintos gastos en el gasto total ((Gasto comida / Gasto total) *100).

Ahorro:

Porcentaje de ahorro mensual en relación con el ingreso mensual ((Ahorro mensual / Ingreso total mensual) *100).

Conclusión

Estos son algunos ejemplos sencillos de mediciones que podemos llevar sin tomarnos demasiado trabajo y con la ayuda de distintas app para celulares, aunque por ahora las datos deberán ser cargados de manera manual.

Conocer al detalle estas estadísticas personales nos facilitará la adopción de los hábitos necesarios para ahorrar al visualizar cuestiones monetarias que comúnmente se nos escapan.

Por más que al principio el ahorro siga siendo esquivo, por lo menos sabremos en qué se nos está yendo el ingreso y podremos comenzar a operar para reducir ciertos gastos allí donde sea posible.
Esta práctica nos permitirá adoptar más adelante la tecnología preparada para facilitarnos la vida financiera y aceptar con una sonrisa y no a regañadientes cuando nuestro reloj inteligente u otro dispositivo nos advierta que el gasto que estamos por realizar no es conveniente (ya existen experimentos).
Lo mejor que podemos hacer es ir preparando el terreno para aprovechar al máximo estas nuevas tecnologías una vez que estén disponibles, llevando nosotros mismos nuestras estadísticas personales y modificando nuestras conductas financieras en base a los resultados que vayamos observando.

También habrá ocasiones en las que decidamos silenciar nuestros dispositivos y esquivar la previsión económica, siempre que seamos conscientes de que aplicando esas medidas la mayoría de las veces podremos obtener una renta y disfrutar de un retiro anticipado y tranquilo.

La decisión, como siempre, depende de uno mismo.

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“Los analfabetos del siglo XXI no serán aquellos que no sepan leer y escribir, sino aquellos que no sepan aprender, desaprender y reaprender.”

 

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