La economía del rendimiento

la economia del rendimiento

Especial de Nicolás Litvinoff para el diario La Nación.

Como hice tiempo atrás con Gilles Deleuze en mi nota La Economía de las Máquinas Deseantes, en la columna de hoy apelaré a la filosofía para entender mejor el mundo donde nos toca vivir en relación con nuestras finanzas personales.

En este caso, los haré caminar de la mano de uno de los pensadores más interesantes del momento, el surcoreano Byung-Chul Han, quien cuestiona muchas de las ideas reinantes referidas al espíritu emprendedor (conocido como “emprendedurismo”), el trabajo y las finanzas.

Presentaré algunas de las ideas centrales de sus libros “La sociedad del cansancio” y “La agonía del Eros”, junto con mis observaciones.

Prepárense, porque es probable que encuentren en sus ideas serios cuestionamientos al paradigma actual y los fuerce a repensar posturas y creencias.

La explotación de sí mismo
“La sociedad de trabajo y rendimiento no es ninguna sociedad libre”

Byung-Chul Han

Nuestro amigo profesor de Filosofía y Estudios Culturales en la Universidad de Berlín define a la sociedad actual como una sociedad del rendimiento, donde el verbo “poder” (no como “dominación” sino como “poder hacer”, que da lugar al trillado “tú puedes”) copa la escena y nos contrapone con la sociedad de la disciplina, que basa las conductas en el verbo “deber”, abordado de forma brillante por Michael Foucault en su libro “Vigilar y Castigar”.

La nueva sociedad del rendimiento tiene lugar a nivel global debido a la búsqueda de un aumento de la productividad en todos los campos, gracias a un “inconsciente social” que busca denodadamente maximizar su producción.

Bajo este nuevo paradigma, el llamado a la motivación y al proyecto emprendedor resulta más eficaz para la explotación que el látigo o la orden directa a través de un mandato.

Byung-Chul Han nos habla también sobre el nuevo “sujeto del rendimiento”. Se trata de aquel que se ve como empresario (y empleador) de sí mismo. No caben dudas: está libre en cuanto a que no está sometido a ningún otro sujeto que le dicte órdenes, pero no es realmente libre puesto que se siente forzado a maximizar su rendimiento a través del exceso de trabajo.

Esta autoexplotación es definida por el pensador surcoreano como “libertad obligada” o “libre obligación” y da origen al “animal laborans”, el animal del trabajo moderno: un emprendedor hiperactivo e hiperneurótico, sobreestimulado por una sociedad del rendimiento que lo bombardea constantemente con slogans del tipo “just do it” (simplemente, hazlo) o “impossible is nothing”(nada es imposible), aumentando su autoexigencia y su apego diario al trabajo.

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En consecuencia, la sociedad actual del trabajo no es ni remotamente libre para Han. Muy por el contrario, genera nuevas obligaciones. Han cuestiona a Hegel y, en definitiva, a Marx: la dialéctica del amo y el esclavo no conduce finalmente a una sociedad donde toda persona apta para el ocio es libre, sino más bien una sociedad donde el propio amo se ha convertido al mismo tiempo en esclavo del trabajo. Cada uno lleva su campo de trabajo forzado adonde vaya. Somos prisioneros y celadores, víctimas y verdugos. Todo al mismo tiempo.

Es la auto-explotación sin dominio de sujetos que actúan como máquinas de rendimiento autistas, dice Han.

Consecuencias de la sociedad del rendimiento

“El exceso del aumento de rendimiento provoca el infarto del alma”
Byung-Chul Han

Han advierte que el “tú puedes” ejerce finalmente una mayor coacción que el “tú debes”. La presión propia resulta fatal. Es muy difícil resistirse a uno mismo.

Para colmo, se genera un vacío: quien fracasa en lograr sus objetivos en un mundo de posibilidades infinitas además es culpable y no tiene a quien echarle la culpa.

Por lo tanto, mientras la sociedad de la disciplina reinante desde la Revolución Industrial generaba locos y delincuentes (aquellos que no podían adaptarse a las reglas), la sociedad del rendimiento actual produce fracasados y depresivos

Así llegamos a los infartos psíquicos ( ACV, accidentes cerebrovasculares) producidos por la depresión por agotamiento. No es casual que la depresión encabece actualmente el ranking de enfermedades en la región.

Lo que enferma no es el exceso de responsabilidad sino el nuevo mandato de rendimiento a toda costa. Sufrimos un exceso de positivismo alimentado por un bombardeo de estímulos: todo el tiempo se nos alienta a confiar en nuestro “poder” más allá de las circunstancias.

Esto modifica radicalmente la estructura y economía de la atención, derivando en una percepción fragmentada y dispersa y haciendo que el individuo caiga en el “multitasking” (realizar varias actividades al mismo tiempo).

El lamento del individuo depresivo “nada es posible” solamente puede manifestarse dentro de una sociedad que cree que “nada es imposible”. El no- poder-poder conduce a un destructivo reproche de sí mismo y la autoagresión. El sujeto de rendimiento se encuentra en guerra consigo mismo y el depresivo es el inválido de esta guerra interiorizada.

Conclusión y consejos finales

“El cansancio tiene un gran corazón”
Maurice Blanchot

Byung-Chul Han nos dice, además, que la sociedad del rendimiento está convirtiéndose paulatinamente en una sociedad del dopaje.

Este dopaje es el que nos transforma en una máquina de rendimiento hiperactiva y constantemente ocupada, desprovista de tiempo libre. El cansancio y el agotamiento son excesivos.

¿Quién no experimenta a diario un cansancio extremo luego de la faena laboral que lo lleva a querer estar tranquilo sin que nadie lo moleste, mirando Netflix o televisión “chatarra” y sin fuerzas ni voluntad para hacer otra cosa? Este agotamiento, consecuencia del exceso de trabajo, se convierte en un cansancio solitario, que divide y aísla.

Pero también existe otro tipo de cansancio. Es el denominado “fundamental” y aparece luego de haber estado todo el día en una playa, recorriendo una ciudad desconocida o realizando cualquier actividad que nos gusta sin presiones. Es un cansancio que inspira. No es agotamiento y despierta nuevas miradas e interpretaciones.

Los lectores que frecuentan estas columnas saben bien que desde hace tiempo elegí el camino del Lifestyle Design (diseño de estilo de vida) en busca de reducir el tiempo de trabajo. Con ese fin, utilizo Vehículos Automatizados de Ingresos.

De esta manera, he logrado reducir mi jornada laboral a 16 horas por semana distribuidas de tal forma que puedo disfrutar de casi cuatro días libres para practicar el “cansancio fundamental”.

No busco con esto intentar diseñar tu vida y tus finanzas personales: me basta con haber podido diseñar la mía propia para no caer en la sociedad de rendimiento y transformarme en un animal laborans más.

Como primer paso, considero que esta “brisa de aire fresco” que nos traen estos nuevos pensamientos cuestionadores del orden socialmente establecido pueden funcionar como fuertes disparadores para comenzar a organizar la economía doméstica de manera tal de poder trabajar menos y disfrutar más, evitando caer en la depresión y otro tipo de enfermedades que ahora sabemos pueden tener que ver con ciertos mandatos sociales positivistas que es necesario evitar.

Hacia allí nos dirigimos, pensando, cuestionando y también (a nuestro propio ritmo) accionando.

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“Los analfabetos del siglo XXI no serán aquellos que no sepan leer y escribir, sino aquellos que no sepan aprender, desaprender y reaprender.”

 

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