¿Para qué ahorramos?

para que ahorramos

Especial de Nicolás Litvinoff para el diario La Nación.

La pregunta del título de la columna de hoy lleva implícito un fuerte supuesto en un país en donde el 61% de sus habitantes no tiene “capacidad de ahorro”. ¿Por qué entonces hacerse ese cuestionamiento? Simple: mi tesis es que una de las razones más importantes por las cuales el ahorro se encuentra ausente en los hábitos de la gran mayoría es por la falta de estímulos personales.

Ello, sumado a un capitalismo endeudador que se beneficia de la ignorancia financiera de la gente para apoderarse de su tiempo, crea una telaraña financiera de la cuál es muy difícil salir una vez que estamos dentro.

Trabajaremos hoy sobre los distintos tipos de ahorro existentes de manera tal de poder tener nuestro propio GPS que nos guíe en este camino sabiendo hacia donde nos dirigimos.

Luego, hacia el final de la nota y con las distinciones pertinentes asimiladas, propondré un ideal de ahorro para aquellos que saben que deben emprender este camino más temprano que tarde en orden de poder disfrutar de un futuro sin tanto stress financiero.

¿Para que ahorramos? Aquí, las “causas” más importantes.

“Ahorro” es una palabra que puede tener distintos significados según la estructura mental de cada persona, pero que en general suele estar asociada a cierto sacrificio: posponer consumo presente (a regañadientes) para consumir más en el futuro.

Ahorro para emergencias: también conocido como “paraguas para días de tormenta”. Este tipo de ahorro debería estar presente siempre, sin excusas, porque creer que nada malo puede pasarnos en la vida en términos de despido laboral, accidentes, enfermedades, etc.. es pecar de un exceso de omnipotencia que puede hacernos mucho mal.

Sumado a ello, este es quizá el ahorro más fácil de implementar porque tiene un monto fijo al cual debemos llegar, al igual que el “ahorro para consumo” que analizaremos más adelante: equivale a 6 meses de ingresos actuales, y debe ser colocado en algún tipo de inversión de muy bajo riesgo y fácil acceso, o mantenido directamente en una caja de seguridad en dólares.

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En este caso, “la causa” del ahorro tiene que ver con ganar confianza y tranquilidad, sabiendo que estamos “cubiertos” por un tiempo prudente ante eventualidades no deseadas.

Ahorro para consumo:es el ahorro al cual la mayoría de la gente está acostumbrada, y tiene que ver con separar todos los meses una parte de los ingresos que será destinada luego a un bien o servicio particular (ropa, auto, electrónica, viajes, etc.).

La compra en cuotas con tarjeta de crédito o incluso los préstamos personales son para muchos un “ahorro forzoso” que, equivocadamente, actuaría como una solución para aquellos que no consiguen ahorrar por su cuenta, pero que terminan casi siempre en problemas financieros gracias a los altos intereses y la peligrosa sensación que produce el disociar el momento de disfrute del momento de pago.

No es cuestión tampoco de demonizar a las personas que ahorran para consumir, ya que de alguna manera representa una gimnasia financiera que puede ser de suma utilidad para lograr otro tipo de ahorro superador.

Pero tenemos que reconocer que ahorrar para comprar tiene un doble impacto negativo que debemos tener en cuenta: por un lado nos deja una sensación de vacío una vez que el deseo es materializado y por el otro nos coloca en una situación en la cual siempre estamos volviendo a empezar.

La “causa” del ahorro para consumo puede ser desde mejorar nuestra calidad de vida hasta aparentar un status que no tenemos, pero siempre estará relacionada con situaciones que aportarán poco y nada a nuestra sensación de felicidad.

Ahorro para emprender: el emprendedurismo es algo muy de moda actualmente gracias a las nuevas tecnologías que han abaratado las barreras a la entrada de ciertos tipos de micro emprendimientos. En este caso estamos hablando de un ahorro altamente productivo en el sentido de que algo que comienza como una manera de obtener un ingreso adicional al generado en relación de dependencia puede terminar brindando a quién lo lleva a la práctica la tan ansiada emancipación laboral.

Estamos en un momento histórico para llevar adelante este tipo de emprendimientos con pequeños montos de capital: la dispersión de precios y los altos márgenes de ganancias de los grandes comercios y shoopings genera una importante oportunidad para aquellos que se animen a vender sus productos o servicios a través de Internet, publicitándolos en redes sociales a un costo bajo que permite además la posibilidad de segmentar el alcance y realizar varios intentos a “prueba y error” hasta llegar al nivel deseado.

La “causa” aquí está más que clara y es quizá la más potente de las vistas hasta ahora: estamos hablando de la posibilidad de que ese ahorro se “recicle” luego en una nueva fuente de ingresos.

Ahorro para invertir:este es el ahorro más beneficioso de todos e increíblemente uno de los que menos se practica. ¿Cuáles son las razones? Mi experiencia en el tema me dice que la gente piensa en invertir como algo riesgoso y complejo, un accionar en donde podría ser “estafado/a” y perderlo todo. Frente a esto, mejor gastarlo y disfrutarlo ahora.

Para aquellos que no están pudiendo ahorrar, yo les recomendaría que aprendan a invertir, aún sabiendo que no tienen ahora el capital necesario para hacerlo. En esta nota comparto algunos postulados claves que allanarán el camino.

Al implementar la inversión, aunque sea utilizando los instrumentos más básicos como el plazo fijo o las Lebacs, estaremos ejercitando lo que yo llamo el Ciclo Natural de las Finanzas Personales: parte del ingreso que entra en nuestra órbita se ahorra para invertir, y luego esa inversión genera un nuevo ingreso que es producto del ingreso anterior “reciclado”.

La “causa” aquí está más que clara: generar Ingresos Pasivos que aumenten nuestros ingresos totales y nos liberen tiempo para poder dedicarlo a otras actividades relacionadas con el disfrute.

Ahorro para ayudar o adquirir experiencias: Hay personas que no pueden ahorrar si saben que lo están haciendo para beneficiarse ellos mismos pero que sí pueden hacerlo cuando se trata de ayudar a otros con ese dinero o bien de adquirir experiencias que los harán sentirse más plenos.

La “causa” en este enfoque es totalmente benigna y de alguna manera tiene la fuerza de poder incluso darle sentido a nuestra existencia: los seres humanos somos felices cuando compartimos, y en el ayudar al prójimo sin ningún tipo de interés a nivel retribución se suele encontrar una fuente de placer difícil de igualar.

Conclusión e ideal de ahorro

Suponiendo que no estás ahorrando en este momento, te recomendaría “atacar” el tema desde dos flancos paralelos: por un lado comenzar con el “ahorro” para emergencias separando al menos un 10% de tus ingresos todos los meses utilizando el enfoque de “pagarte a vos primero” y por otro lado comenzar a aprender a invertir, aunque sea leyendo la parte económica del diario todos los días, buscando información al respecto y acudiendo a charlas y seminarios gratuitos como los que dicta la Fundación de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires.

Es importante tener en cuenta que no se trata aquí de elegir entre llevar a la práctica un tipo de ahorro u otro, sino más bien de ir probando con cada uno de ellos pero siempre teniendo en cuenta primero la “causa”, lo que allanará el camino de manera significativa.

Veamos si entre todos podemos modificar esas estadísticas negativas en cuanto a la capacidad de ahorro que nos condenan de cara al futuro, no solo a nivel individual sino también como país.

Poner el caballo adelante del carro al encontrar nuestra causa de ahorro puede derivar en beneficios que de otra manera se presentan como inalcanzables, pero están más cerca de lo que imaginamos.

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