El lenguaje del dinero

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Especial de Nicolás Litvinoff para el diario La Nación

Es sabido que todos los idiomas son complejos. Cuando estudiamos una lengua extranjera, necesitamos tiempo y perseverancia para ir desentrañando sus misterios. A medida que nos embarcamos en la aventura de conocerla y practicarla, vamos comprendiendo sus reglas y sus mañas.

En el mundo de las Finanzas Personales sucede algo similar. Quienes desde pequeños adquieren conocimientos simples pero efectivos y los ponen en práctica cada día, sabrán hablar la lengua del dinero con naturalidad. También podrán desempeñarse con éxito quienes lo estudien de más grandes, siempre que apliquen esa mirada crítica que les permita prestar atención a las particularidades que la mayoría pasa por alto.

En la columna de hoy, estudiaremos el ABC del dinero en tanto lengua que nos beneficiará en lo financiero y nos permitirá contar con más tiempo libre. Se trata de una lengua que no enseñan en las escuelas. Ni siquiera en la universidad. Para ello, analizaremos dos de sus palabras fundamentales: Movimiento y porcentaje.

Movimiento

“Nuestra naturaleza está en el movimiento. El reposo absoluto es la muerte.” Blaise Pascal

El primer paso para aprender el lenguaje del dinero es aceptar su naturaleza: necesita moverse. El capital debe reproducirse constantemente, generar dinero con dinero. De lo contrario, su existencia como tal no tendrá sentido.

En el plano individual, esa reproducción la conseguimos cuando destinamos el dinero a una inversión que genera renta. Invertimos nuestro capital y recibimos intereses a cambio. Se trata de un movimiento expansivo.

No obstante, también puede ocurrir el fenómeno contrario: el movimiento será contractivo cuando lo empleemos para comprar un bien o pagar un servicio, cuando lo gastamos.

Si cobramos el sueldo y realizamos un movimiento expansivo invirtiendo en un plazo fijo, una parte de nuestro dinero irá a las arcas del banco, que a su vez lo prestará a una empresa o individuo para destinarlo a su comercio y obtener una ganancia por ello. De esta manera, el movimiento está asegurado y nosotros tendremos un beneficio en forma de intereses.

En cambio, si cobramos el sueldo y lo gastamos en bienes o servicios (movimiento contractivo) sucederá algo curioso: estaremos colaborando con las ganancias de la persona que pidió un préstamo en el banco para poner en marcha un negocio, pero no recibiremos ningún beneficio financiero a cambio.

Claro que siempre necesitaremos realizar movimientos contractivos para comer, viajar, etc., pero debemos realizar un análisis riguroso de nuestro comportamiento para determinar si estamos realizando solo movimientos contractivos de dinero o si logramos un sano equilibrio entre los gastos y los movimientos expansivos.

Tip sobre movimiento. Dado que vivimos en una economía capitalista, debemos mover el dinero en la dirección expansiva si queremos hablar esta lengua con propiedad. Actualmente, gozamos de múltiples opciones para reproducirlo. Cada una de ellas tendrá su ratio de riesgo/beneficio que será necesario evaluar. En esta nota podrás aprender cómo hacerlo.

Porcentaje

“He aprendido que siempre es mejor tener un pequeño porcentaje de un gran éxito, que el cien por ciento de nada.” Art Linkletter

Como hemos señalado más arriba, al realizar movimientos expansivos de dinero recibiremos una recompensa. Esa recompensa constituye un porcentaje del capital invertido. Si necesitás ayuda para calcular los porcentajes, esta nota puede servirte.

Si tenemos 50 mil pesos ahorrados y compramos Lebacs que pagan el 27,15% anual (equivalentes a 13.750 pesos), ese 27,15% será el porcentaje de recompensa por el movimiento expansivo.

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El porcentaje también habla de la velocidad del movimiento. Por ejemplo, el Bitcoin subió 345% en lo que va del 2017. Semejante alza indica que el dinero se está reproduciendo a una velocidad acelerada y que toda inversión en la criptomoneda esconde el riesgo de que el activo se desplome. Ganó muchísimo y, si retrocediera a valores de principios de año, los nuevos inversores perderían muchísimo también.

Dominar el lenguaje del dinero en lo que refiere a porcentajes significa encontrar la velocidad de reproducción del dinero que mejor se adecue a nuestra aversión al riesgo. Podemos considerar al porcentaje buscado como el velocímetro que sabrá indicarnos si estamos asumiendo un nivel de riesgo mayor al deseado. Hay quienes se dejan tentar por cantos de sirenas y sueñan con altas velocidades porcentuales. Ven un activo cuyo precio crece a pasos agigantados y no quieren perder la oportunidad de hacerse millonarios. El peligro está a la vuelta de la esquina…

Tip sobre porcentaje. El aumento en el monto mensual/anual de recompensa puede venir por dos carriles: Invirtiendo una mayor cantidad de dinero o elevando el porcentaje (la velocidad de reproducción del dinero).

Para la primera necesitarás más capital físico y para la segunda, más capital intelectual. Comprendiendo el concepto de riesgo y utilizando al máximo tus recursos podrás aumentar el porcentaje sin acercar al precipicio tu patrimonio.

Conclusión

“Cambia tu idioma y cambia tus pensamientos.” Karl Albrecht

Si pensás que aprender a hablar inglés es muy difícil y que te las podés arreglar en cualquier lado con tu idioma nativo, no te quejes cuando en un viaje al exterior no comprendas una jota de lo que te dicen y no logres hacerte entender.

Si pensás que el lenguaje del dinero es muy complicado y que te la podés arreglar en cualquier lado con lo que aprendiste en tu casa al respecto, no te quejes si tenés que trabajar horas extras para pagar el resumen de la tarjeta de crédito.

“Hablar en dinero” es hablar el idioma que rige al mundo de hoy, el que te permitirá comunicar y concretar tus sueños y acceder a una mejor calidad de vida.

Thank you, merci, danke, arigato, xie xie, gracias por haber leído esta nota.

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“Los analfabetos del siglo XXI no serán aquellos que no sepan leer y escribir, sino aquellos que no sepan aprender, desaprender y reaprender.”

 

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