Uso e importancia de los porcentajes en tus finanzas personales.

Especial de Nicolás Litvinoff para el diario La Nación.

Aburridos, complejos, fríos…los números y las matemáticas forman parte de nuestra cotidianidad desde que tenemos uso de razón hasta que dejamos esta vida, y así y todo somos pocos los que “nos amigamos” con ellos.

En muchos casos se trata de no pensar demasiado: dejamos que otros hagan los cálculos, tomamos como una verdad irrefutable cualquier estadística que leemos y delegamos en un tercero el manejo de nuestros ahorros, todo sea por no “embarrarnos” las manos con operaciones matemáticas que vayan más allá de una simple suma o resta.

Pero la relación entre las Finanzas Personales y los números es muy estrecha y la necesidad de entender y utilizar los mismos para nuestra economía doméstica puede marcar una diferenciación importante en nuestra calidad de vida presente y futura, llegando incluso a transformar la manera en la cual generamos ingresos, ahorramos, gastos e inversiones.

Estudiaremos juntos a continuación la importancia de dominar los porcentajes como variable principal en la toma de decisiones referidas a nuestras finanzas.

¿Que son los porcentajes?

El porcentaje es un número que se calcula en función a otro principal, dado como una fracción de 100 partes. Es usado para definir relaciones entre dos cantidades: el X por ciento (%) de una cantidad se refiere a una parte proporcional de un número, y es muy utilizado como fundamento de decisiones así como también para entender la magnitud de cambios o potenciales cambios de una medida de estudio.

Existen varias formas y reglas matemáticas pero trabajaremos en esta columna simplificando las mismas para que sea todo más fácil de entender y aplicar en lo referente a la vida cotidiana.

He conocido a lo largo de mi vida personas que saben los porcentajes por regla mnemotécnica, como por ejemplo el 10% de 100 es 10, el 20% es 20, y así sucesivamente. Pero cuando tienen que calcular el % de un número no tan exacto la cosa comienza a complicarse.

Para ello existe un truco que es multiplicar el número base por el porcentaje a calcular precedido por el número 0 y la coma. Por ejemplo, si quiero calcular el 25% de 3200, debe multiplicar este último número por 0,25 (que es igual a 800).

Luego, si tenemos la proyección de una variable y queremos saber cuanto fue su variación en términos porcentuales, debemos dividir el número final sobre el número inicial y al resultado restarle uno.

Por ejemplo, si el kilo de yerba salía 50 pesos hace una semana y ahora vale 63,50, y queremos saber cuanto aumento, debemos dividir 63,50 por 50 y al resultado restarle 1 (el aumento fue del 27%).

¿Y para qué sirve realizar estas simples operaciones aritméticas? Veremos a continuación algunos ejemplos prácticos en los que su utilización es de vital importancia.

Variación porcentual de nuestros ingresos “de bolsillo”

En una economía inflacionaria como la nuestra, el cálculo de los porcentajes gana importancia como apoyo a la hora de sacar conclusiones sobre nuestra situación financiera actual y los potenciales cambios a implementar.

Por ejemplo, las paritarias y los aumentos de precios hacen que el sueldo aumente todos los años, por lo menos de manera nominal. Pero si queremos averiguar el cambio de “bolsillo” que sufren nuestros ingresos, debemos tener en cuenta también la variación de componentes impositivos como ganancias o aportes jubilatorios.

Por ello, para calcular la variación de ingresos neta de descuentos, debemos tomar el valor que deposita el empleador en nuestra cuenta corriente y el monto (también neto de descuentos) que recibíamos anteriormente, y luego dividir ambos (con el ingreso último en el numerador y el anterior en el denominador) y al resultado restarle uno.

El resultado será el aumento “de bolsillo” que hemos recibido y que puede diferir de la variación bruta que tenía “metida” en su composición aumentos impositivos y de retenciones que deformaban el cálculo real.

1) Rentabilidades porcentuales de nuestras inversiones

En momentos en los cuales muchas personas buscan cubrirse de la pérdida de poder adquisitivo que una devaluación puede ocasionar demandando instrumentos como bonos dólar linked, el cálculo de porcentajes es también de utilidad para calcular el rendimiento real obtenido.

La operación matemática a realizar es la misma que la vista en el punto anterior, pero con la salvedad de que ahora hay que agregar al número final los intereses (cupones) cobrados durante el tiempo que se mantuvo el bono en cartera ya que los mismos forman parte de la rentabilidad.

Ejemplo: el bono se compra a 92 pesos y se vende un año después en 101, mientras que los intereses cobrados en ese lapso fueron de 8 pesos.

En este caso, el número final es 109 (precio venta del bono más intereses cobrados durante el período) mientras que el inicial es 92. Al dividir 109 por 92 y restarle luego 1 llegamos a la rentabilidad total obtenida, que es de 18,47%.

El conocer en detalle la verdadera rentabilidad de nuestras inversiones es un aspecto fundamental para poder luego decidir donde alocar nuestros ahorros en un contexto de estrés financiero como el actual.

2) Ponderación de diversas fuentes de ingresos o gastos en nuestro ingreso o gasto total

Es importante establecer qué porcentaje de nuestros ingresos totales provienen del trabajo en relación de dependencia, de las inversiones que podamos tener y de trabajos que hagamos por nuestra cuenta, como una manera de entender los originadores de dinero que debemos potenciar.

Supongamos que nuestro ingreso mensual fue de 15.000 pesos. De ese total, 10.000 pesos fueron percibidos por nuestro trabajo en relación dependencia, 3000 por trabajos realizados por cuenta propia y 2000 por intereses cobrados de un plazo fijo.

Si dividimos cada uno de los números de estos ítems por el ingreso total (15.000) y multiplicamos el resultado por 100, llegaremos a que la ponderación de nuestros ingresos en relación de dependencia en el total es del 66,67% (10.000/15.000), la ponderación de los trabajos por nuestra cuenta en el total es del 20% (3.000/15.000) y el proveniente por las inversiones es de 13,33% (2000/15000).

Con esta información sobre la mesa, podemos planificar nuestros objetivos financieros para el año entrante en términos porcentuales, como por ejemplo: quiero lograr que mis ingresos por inversiones aumenten su ponderación del 13,33% al 20% del total.

El mismo hilo de razonamiento puede utilizarse para los gastos, separando los diversos ítems (alquiler, obra social, alimentos, esparcimiento, etc.) y luego dividiendo cada uno de ellos por el total y multiplicándolos luego por 100.

En este caso, el objetivo debería ser inverso: quiero el año entrante disminuir la ponderación total de X gasto en el gasto total.

Conclusión

Como venimos fundamentando en columnas anteriores, las finanzas personales tienen un alto componente emocional. El miedo a los números y la sensación de complejidad indescifrable que suele surgir en ciertas personas al tratar estos temas no hacen más que alejarlos de la posibilidad de disfrutar de una mejor calidad de vida al utilizar ciertos datos importantes en el proceso de toma de decisiones referentes a su economía doméstica.

Estos porcentajes, como acabamos de ver, son muy simples de calcular y presentan fundamentos tangibles y sólidos para provocar un cambio transformador en nuestra relación con el dinero, al entender primero dónde estamos parados y sobre la base de eso trazar un plan de acción para llegar al lugar que queremos en un lapso razonable.

Luego, mediante la utilización de algunos trucos y artimañas numéricos se puede dar un paso más en este interesante camino de dominio financiero personal.

Calculador o planilla de Excel mediante, los resultados pueden ser extraordinarios.

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