La mentalidad ñoqui del dinero y otros perfiles posibles

ñoquis con respecto dinero

Especial de Nicolás Litvinoff para La Nación.

“¡Ganaba 30 lucas por no hacer nada!“, escucho que una amiga le dice a un amigo en una cena de cumpleaños. “Tenía un contacto que la hizo quedar como personal de planta hace como 10 años en una rama de judiciales, se “rasca” todo el día, no hace nada, y le pagan 30 lucas por mes. Ella dice 30 pero debe ser un poco más”, agrega, y veo como todos la miran asombrados y exclaman cosas como “que suerte que tuvo” o “¡quién pudiera!“.

Mi experiencia trabajando como Coach Financiero desde hace más de 15 años me hizo entender rápidamente la grave equivocación de este tipo de pensamiento. No lo dije para no crear un conflicto y porque sabía que me encontraría con mucha resistencia sustentada en lo que yo llamo “el pensamiento ñoqui del dinero”.

El incidente me llevó a reflexionar sobre nuestra actitud frente al ingreso, es decir, los aspectos emocionales que atañen a nuestra relación vincular con lo material, con la manera en la cual elegimos para sustentar nuestra vida cotidiana.

Veremos a continuación algunos ejemplos de diferentes perfiles con respecto a su relación con el dinero, con el fin de atrapar pensamientos y comportamientos reiterados que solemos tener a la hora de generar recursos materiales.

La mentalidad “ñoqui” del dinero

En estos días es habitual escuchar en los medios y en las discusiones de calle el tema de los empleados ñoquis. Pero lejos de meternos en cuestiones políticas, en este caso analizaremos la situación desde una perspectiva distinta, que es el de la persona que se presta, incluso feliz de hacerlo, a este juego estéril.

Generalmente se le dice ñoquis a aquellos que aparecen solo el día 29 para cobrar el sueldo. Pero también se trata de ñoquis a personas como la del ejemplo anterior, que tienen que cumplir un horario de seis u ocho horas diarias pero que nadie sabe bien que función específica cumplen o cuáles son sus tareas.

El primer caso es un típico cuadro de corrupción que no requiere demasiado análisis. Se le está pagando a alguien sin exigirle ninguna contraprestación a cambio.

Pero en el segundo caso, en donde yo pienso que hay cientos de miles de personas, y en donde incluso el entorno lo puede ver como algo inteligente, bueno o envidiable, es en donde, para mi, si se comete un grave error de comprensión.

Aquella persona que tiene que ir físicamente a un lugar a cumplir un horario, por más que no tenga tareas asignadas o que sea muy bueno/a simulando que trabaja, sin darse cuenta está vendiendo su libertad y quedando encerrada con ello en una pasividad no productiva, que puede ser muy frustrante a nivel personal.

En este caso se está recibiendo dinero y entregando a cambio un tiempo pasivo, en donde no nos sentimos útiles para nadie, y lo único que sabemos hacer es “estar allí”.

Según mi experiencia, es altamente probable que una persona con mentalidad ñoqui con respecto al dinero termine endeudándose con las tarjetas de crédito, hipoteca, o algún otro tipo de préstamo con intereses exorbitantes.

La falsa percepción del poco esfuerzo realizado para conseguir una suma de dinero varias veces superior al sueldo mínimo todos los meses puede llevar fácilmente a malgastar lo ganado, al no tener mensura del valor del dinero en términos de lo que se da a cambio.

Es importante aclarar, para no caer en confusiones, que este caso no tiene nada que ver con los ingresos pasivos o automatizados de los cuales venimos hablando en columnas anteriores. En esos ejemplos, el dinero se recibe sin que se tenga que entregar tiempo a cambio. Bajo la modalidad de ingresos pasivos o automatizados, podemos explorar nuestros deseos y elegir los lugares en los cuales queremos desarrollarnos, y sabemos que tendremos recursos para solventarlos, siendo dueños de nuestro tiempo y generando ingresos sin necesidad de vender horas de nuestras vidas.

La mentalidad “oficinista” del dinero

La mentalidad oficinista del dinero pertenece a un grupo muy numeroso de personas; a la vez trabajadoras y sacrificadas.

Al contrario que en el caso de la mentalidad ñoqui del dinero, dentro de esta lógica lo ganado se valora, ya que el sacrificio siempre está presente en lo referente a los ingresos. Pero el principal problema es que esta clase de personas trabajan haciendo algo que no les gusta, buscando que el viernes llegue rápido para poder ir a disfrutar de los dos días de libertad que tienen por semana. Entonces, dado que hay que esforzarse al máximo para ganar dinero, los gastos suelen ser algo más cuidadosos, y el ahorro que posibilite una mayor tranquilidad frente a potenciales despidos puede estar presente.

El mayor error que se suele cometer aquí es el de comprar en cuotas, respaldados por un ingreso que consideran seguro. No hablamos aquí de gastos menores con la tarjeta de crédito, si no de la compra de, por ejemplo, un coche, una casa o unas costosas vacaciones al exterior, sin mirar muchas veces aspectos importantes como el Costo Financiero Total (CFT) que corresponden al verdadero valor de los intereses cobrados.

La teoría del sacrificio, de que hay que sacrificarse para ganar dinero y que la vida en sí es un sacrificio, los lleva muchas veces a repartir el dinero ganado entre familiares o personas cercanas, sin siquiera disfrutar ellos mismos lo que están produciendo. Bajo esta lógica, se sacrifican por otros y un tercero es el responsable silencioso de que se encuentren trabajando y ganando dinero haciendo algo que no disfrutan.

La falsa ilusión es ahorrar el dinero suficiente como para poder trabajar de algo que verdaderamente los entusiasme, pero ese momento es más bien una meta dinámica que siempre se va corriendo y nunca llega.

La mentalidad “emprendedora” del dinero

En la mentalidad emprendedora el dinero, este es simplemente un medio que se utiliza para continuar inventando, emprendiendo.

Bajo esta modalidad, el dinero nunca es un objetivo en sí mismo, sino que se busca generar o construir productos o servicios que mejoren la calidad la vida de la gente, y al mismo tiempo generen beneficios para sus creadores.

Para un emprendedor no hay retiro ni jubilación posible, porque lo que le interesa es el juego de emprender, y no suele ver al trabajo como un sacrificio sino más bien todo lo contrario: es el ámbito donde desarrollarse en cuanto su capacidad creativa.

Incluso la gran mayoría de los emprendedores no tienen ningún problema en llevar una vida austera, invirtiendo sus recursos en su empresa o nuevo emprendimiento.

La gran virtud bajo esta lógica es la tolerancia a la frustración de la que carecen los perfiles anteriores, que lleva al emprendedor a capitalizar sus errores y no amedrentarse cuando las cosas no salen bien.

La mentalidad “especuladora” del dinero

La palabra especulación suele tener en nuestro país una connotación negativa, cuando no debería de ser así.

La especulación financiera es algo que siempre existió y que siempre existirá, y hasta incluso es necesaria para dar liquidez a los mercados. Un especulador busca anticiparse a un evento futuro y arriesga capital buscando que suceda el escenario pensado.

En la mentalidad especuladora del dinero, este es el insumo que genera las ganancias, y uno de los objetivos es el de crear vehículos automatizados de ingresos.

Erróneamente suele creerse que la gente que trabaja especulando con el dinero hace poco y gana mucho. Pero la verdad es que muchas veces el estrés que produce esta ocupación, derivado de la responsabilidad en el manejo de dinero que muchas veces suele ser de terceros, puede ser un aspecto negativo importante que no suele ser tenido en cuenta.

Los especuladores que toman esta profesión como si fuese una apuesta en un casino no suelen durar mucho en el rubro. En cambio, quienes encaran el tema con profesionalidad, pueden alcanzar beneficios más que interesantes.

Conclusión

La manera que elegimos para ganar dinero dice mucho más de nosotros de lo que creemos.

Las distintas mentalidades referidas a los ingresos que hemos visto en esta columna pueden servir para reconocer patrones de conductas que solemos tener, con el fin de transformar nuestra realidad en lo referente al trabajo y las finanzas personales.

Hemos visto también que no solamente juega un papel importante la forma o la modalidad que utilizamos para hacer que los ingresos fluyan, sino que también muchas veces ese modus operandi termina repercutiendo también en nuestros gastos, ya sea directa o indirectamente.

Entender, discutir, reflexionar y cuestionar los pensamientos arraigados que tenemos en este campo (como por ejemplo el de que es inteligente que te paguen por estar ahí sin hacer nada) es el primer paso para mejorar la calidad de nuestros ingresos y también de nuestros gastos.

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