Ahorra o nunca.

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Especial de Nicolás Litvinoff para el diario La Nación.

De acuerdo con un estudio realizado por la consultora OPSM (Opinión Pública Servicios y Mercados), en el 2014 el 67% de los argentinos dijo no tener capacidad de ahorro. Sin embargo, ¿ese “no tener” deriva de “no poder” o de “no intentarlo”?

Quizá vos, lector de esta nota, sí poseas el temple necesario para separar una parte de tus ingresos mensuales pensando en tu “yo futuro”. Al fin y al cabo, si nos encontramos acá es porque el tema de Finanzas Personales te interesa, pero si preguntás en tu entorno, es probable que 7 de cada 10 conocidos afirmen que el ahorro es algo esquivo en sus vidas y traten de justificarlo desde la lógica.

Lo cierto es que por más excusas que encuentren, seguirán sin resolver su principal problema financiero: la falta de previsión económica en sus vidas.

En columnas anteriores, trabajamos sobre los pilares de las Finanzas Personales: Ingreso, Gasto, Ahorro e Inversión. Son elementos que se encuentran íntimamente relacionados y se resignifican mutuamente.

En esta columna, nos centraremos en el ahorro como núcleo de este cuarteto:

Sin ingresos no hay ahorro, es verdad, pero es gracias al principio de ahorro que el ingreso puede aumentar. Sucede que el ahorro da lugar a la inversión y la inversión a los ingresos pasivos, que se suman a los ingresos ordinarios.

La inversión depende del ahorro, pero el ahorro no siempre depende de la inversión. Los motivos para ahorrar no siempre están vinculados con una inversión. Será nuestro deber encausar hacía allí el capital ahorrado.

Entre el gasto y el ahorro se observa una marcada interdependencia: Cuando el gasto se vuelve ingobernable, el ahorro se ausenta sin aviso. En el otro extremo, cuando se generan ingresos pasivos a partir del ahorro, el gasto se cubre sin mayor esfuerzo.

A continuación, indagaremos los motivos por los cuales el ahorro resulta algo esquivo entre los argentinos. Además, brindaremos técnicas sencillas para todos los interesados en mejorar su formación financiera y comenzar a transformar una realidad muchas veces angustiante.

El fin de la inocencia financiera

La ingenuidad es normal e incluso bella a determinada edad. En cierto modo, indica falta de malicia y espontaneidad. Hay mucho por descubrir, de lo bueno y de lo malo.

Pero en el plano financiero, esa ingenuidad no siempre se abandona y deriva en lo que llamo la “inocencia financiera”, que puede ser el causante de una vida plagada de malas decisiones económicas y de una sensación de infelicidad permanente.

Definimos como “inocentes financieros” a quienes no han querido madurar en los aspectos vinculados con el dinero. Eligen seguir siendo infantes económicos y prefieren ignorar que en el mundo de las finanzas hay una selva repleta de fieras hambrientas que no dudarán ni un segundo en devorarse todos sus ingresos mediante engaños avalados por la ley.

Los inocentes financieros son carne de paloma para los comerciantes o vendedores de indumentaria, electrodomésticos y otros rubros que suelen ofrecer promociones tan creativas como costosas. Indefensos ante sus artilugios, los infantes obedecerán casi sin notarlo la máxima del consumismo “Compre y disfrute aquí y ahora, porque lo que vale es el presente, no el futuro”.

Frente a esta estrategia, que obnubila a más de uno, existe una técnica de aplicación sencilla que permite suprimir gastos presentes con el fin de generar el excedente necesario como para comenzar a ahorrar y vivir más holgadamente.

El primer paso consiste en asumir que el gasto de hoy equivale al trabajo de mañana. ¿Cuánto tiempo tendré que trabajar para pagar esto que voy a comprar? No es dinero el que destinamos a determinadas compras superfluas e innecesarias sino tiempo.

El ex presidente de Uruguay, José Mujica, un férreo luchador contra el consumismo, lo resumió magistralmente en una entrevista: “Lo que estamos gastando es tiempo de vida, porque cuando yo compro algo, no lo compro con plata, lo compro con el tiempo de vida que tuve que gastar para tener esa plata, pero con la diferencia de que la única cosa que no se puede comprar es la vida. Y es miserable gastar la vida”.

Si estamos de acuerdo con esta reflexión, aceptaremos que existe una manera muy simple de madurar en términos financieros incorporando la variable “tiempo”. Solo hay que realizar el siguiente ejercicio unas cuantas veces antes de realizar una compra importante hasta que se convierta en un hábito saludable:

1) Calcular cuánto estoy ganando por hora tomando mi ingreso mensual neto de deducciones y dividiéndolo por la cantidad aproximada de horas trabajadas.

Ejemplo: Si recibo en mi bolsillo 16.000 pesos al mes y trabajo 8 horas por día de lunes a viernes, el pago por hora trabajada es de 100 pesos (16.000/160).

2) Tomar el precio de lo que deseo comprar y dividirlo por el ingreso por hora. Ejemplo: Quiero unas modernas zapatillas deportivas que cuestan 2.400 pesos. Debería entonces trabajar 3 días (o 3 jornadas laborales) para comprarlas. Se llega a ese resultado haciendo 2.400/100.

Esta nueva noción de pago con tiempo en vez de dinero nos llevará a replantearnos gran parte de nuestros gastos superfluos. Se trata, justamente, de lo que la sociedad de consumo no quiere que hagamos, pero nuestra salud financiera nos lo pide a gritos para que comencemos a generar ahorros.

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Mecanismos de compromisos

Una de las razones por las que es tan difícil resistir a las tentaciones que priorizan el gasto en detrimento del ahorro se vincula con la batalla desigual que libran la personalidad presente y la personalidad futura.

En el plano del dinero y el ahorro, la personalidad presente puja por cambiar el auto, comprar una casa más grande, salir a cenar afuera o comprar más y más ropa hoy y ahora: su objetivo reside siempre en obtener una gratificación inmediata.

En la vereda de enfrente, la personalidad futura lleva las de perder: pide postergar placeres breves pero reales del momento por otros más atractivos en los papeles pero alejados en el tiempo. Y ya sabemos, la incertidumbre sobre qué será de nosotros en el futuro hace que nos cueste imaginarnos disfrutando de algo dentro de 20, 30 o 40 años.

Es la batalla desigual entre lo tangible e inmediato y lo desconocido y lejano.

Para poder equiparar ambas fuerzas, una buena opción es la de adquirir “mecanismos de compromiso” como los que citaremos a continuación:

Contabilizar los gastos: Consiste en conocer los gastos que realizamos al detalle. Aquí, el mecanismo pasa por registrar cada una de las erogaciones que tuvimos en los últimos tres meses para luego realizar un análisis minucioso de esos gastos y sus motivos. De esta manera, nos daremos cuenta fácilmente de aquellos gastos superfluos que se llevan gran parte de nuestros ingresos y podremos efectuar los recortes pertinentes. Es una buena forma de luchar contra el descontrol que implica no saber en qué se estaba yendo el dinero.

Cortar los “gastos hormiga”: Hacen alusión a los gastos cotidianos que se desparraman a lo largo del día, como un café con medialunas al paso, un taxi tomado a las apuradas, bebidas y golosinas en quioscos, cigarrillos, etcétera. Como mecanismo de compromiso, podemos eliminarlos por un mes para luego ver el impacto favorable en nuestras finanzas personales. Los resultados pueden ser sorprendentes.

Aforos personales para gastos con tarjeta de crédito: Un aforo es un margen de garantía. Por ejemplo, si el límite de gastos con la tarjeta de crédito es de 8.000 pesos, podemos establecer un aforo personal del 30%. Multiplicando 8.000 por 0,30 llegamos a 2.400 pesos. Luego, restando ese importe de los 8.000 iniciales obtenemos 5.600 pesos, el importe debería representar nuestro límite mensual de gastos. Con este mecanismo de compromiso, evitamos excedernos en los gastos financiados por un banco a través de una tarjeta de crédito y generamos un nuevo excedente que antes se iba en el pago de intereses y que ahora puede ser ahorrado.

Separar todos los meses un 10% de nuestro ingreso: Hacerlo apenas percibimos nuestro salario nos permitirá adoptar hábitos de ahorro más que saludables. Esto es lo que algunos autores de libros de finanzas personales llaman “pagarse a uno mismo primero”. Es de suma utilidad para lograr el control de la economía doméstica.

Conclusión

“Ahorra o nunca”, el título de esta nota, hace alusión a la importancia de comenzar a ahorrar hoy mismo. Aplazar esta decisión nos llevará a una constante sensación de irresponsabilidad y de incapacidad para enfrentar los desafíos que nos impone el mundo capitalista.

Hemos repasado acciones concretas para llevar a cabo antes de realizar cada gasto, así como distintos mecanismos de compromiso que nos permitirán reemplazar comportamientos inmaduros en el plano financiero por otros maduros ligados al ahorro.

La implementación de estos nuevos hábitos dibujará una sonrisa en la cara apenas arrugada de nuestro “yo futuro”. Sentirá, quizá por primera vez, que estamos pensando también en él.

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“Los analfabetos del siglo XXI no serán aquellos que no sepan leer y escribir, sino aquellos que no sepan aprender, desaprender y reaprender.”

 

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