Estos son mis gurúes financieros y sus enseñanzas más importantes.

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Especial de Nicolás Litvinoff para el diario La Nación.

Todos tenemos gurúes, maestros o guías por quienes sentimos afinidad. Nos identificamos con sus ideas, que actúan como faros cuando reinan las dudas y la incertidumbre.

En el plano de las Finanzas Personales, el desafío es encontrar personas entendidas que sepan educar a partir de conceptos aggiornados y no con discursos anticuados.

A continuación, veremos a quiénes elegí como gurús para manejarme en el mundo del dinero y qué ideas me resultaron más provechosas tanto en la vida personal como profesional.

Robert Kiyosaki

Conocido por su best seller “Padre Rico, Padre Pobre”, que vendió más de 30 millones de ejemplares en todo el mundo, las mejores enseñanzas que tomé de este gurú financiero fueron las vertidas en su libro “El cuadrante del flujo de dinero”, donde mediante el dibujo de cuadrantes repasa los distintos tipos de ingresos posibles y fija una postura sobre en cuál conviene situarse.

De la mano de Kiyosaki comprendí cabalmente que los ingresos pueden provenir de cuatro fuentes distintas o de una mezcla de ellas. Las opciones que menciona son empleado, autoempleado, dueño de un negocio e inversor.

El empleado es quien trabaja en relación de dependencia y cuyos ingresos consisten en el sueldo que le paga el empleador.

El autoempleado es aquel que vende sus servicios a distintos postores y cobra por hora, por comisión, etc. Puede ser desde un plomero hasta un abogado.

Dueño de un negocio puede referirse tanto a quien posee un maxiquiosco como a quien maneja su propia empresa y participa activamente de la administración.

Inversor es quien recibe dinero de manera pasiva y no necesita trabajar para conseguirlo.

Como dije antes, puede que nuestros ingresos provengan de más de un cuadrante. En este caso, será importante evaluar el peso que cada uno de ellos tengan en el total.

Sabemos que la gran mayoría de las personas desearía encontrarse en el lado derecho del dibujo y estar al frente de un negocio o percibiendo rentas de inversiones, aunque hay diferencias marcadas incluso entre estos cuadrantes, puesto que no es lo mismo ocuparse noche y día de la administración de una empresa que tomarse un año sabático y observar con placer que el volumen de ingresos no ha cambiado demasiado.

Gracias a estas distinciones es que aprendí a clasificar mis ingresos y ponderarlos. Al principio, un 90% del total provenían del cuadrante de empleado, pero de a poco pude ir modificando la ecuación y dirigiendo mis esfuerzos a la generación de flujos provenientes de negocios propios e inversiones.

Todos los años me fui poniendo metas para que ese 90% original disminuyera y para que aumentara el porcentaje de ingresos pasivos, de modo tal que el peso del trabajo en mi vida fuera cada vez menor.

Más allá de las críticas que se le realizan, muchas veces válidas, recomiendo fervientemente estudiar las ideas de este autor a fin de nutrirse de conceptos novedosos y útiles en los tiempos que corren.

Robert Allen

Para Allen, la primera cuenca debería ser la de ahorros para gastos de emergencia y debería ir alimentándose con el 10% de los ingresos (otros autores recomiendan el 20%, aunque tiene que ver con la realidad económica que viva cada uno) y equivaler a tres meses de gastos mensuales.

Ese dinero debería estar colocado al tipo de interés más alto que se pueda encontrar, aunque con la condición de que se pueda acceder a él en un lapso no mayor a 30 días.

Una buena alternativa son los Fondos Comunes de Inversión que vuelcan el capital a fideicomisos financieros de bajo riesgo y rinden actualmente cerca de un 30% anual en pesos. Su liquidez es de 72 horas. Esto significa que uno puede disponer del dinero invertido en apenas tres días.

Una vez que la cuenca del ahorro para gastos de emergencia se llene, la fuente de ingresos desbordará hacia las otras tres cuencas: i) inversiones conservadoras, ii) inversiones moderadamente riesgosas e iii) inversiones de alto riesgo.

En este punto, Allen recomienda enfocar la energía laboral y la búsqueda de oportunidades a negocios que sean 100% escalables.

¿Qué significa esto? Lo vemos con un ejemplo:

Supongamos que estamos analizando la compra de un restaurante. Para tomar una decisión, las preguntas adecuadas serían: ¿Puedo abrir más restaurantes de la marca? ¿Conceder franquicias? ¿Se pueden vender algunos de los platos de la carta como alimento congelado en supermercados? ¿Publicar un libro de cocina con las recetas? ¿Realizar un programa de televisión sobre cocina gourmet desde el local?

Los negocios escalables son aquellos que permiten generar múltiples fuentes de ingreso a partir de una misma razón social o derivadas de ella.

Las enseñanzas de este autor pueden resultar de gran utilidad para cualquier persona que esté evaluando iniciar un emprendimiento por fuera de su relación de dependencia. En mi vida marcaron un antes y un después.

Warren Buffett

Buffett es uno de los cinco hombres más ricos del mundo y el único del top ten que ganó todo su dinero en la Bolsa.

Hay 2 enseñanzas suyas que me marcaron:

1) “No has de ser un ingeniero espacial. La inversión no es un juego donde el tipo con un coeficiente intelectual de 160 vence al de coeficiente 130.”

Mucha gente piensa que para invertir su dinero en los mercados financieros necesita haber estudiado economía, administración de empresas o una carrera similar. No hay nada más alejado de la realidad.

Como dice Warren, la inversión no es un juego solo para inteligentes, porque incluso la persona más rápida del mundo puede actuar muy influenciada por las emociones a la hora de tomar decisiones vinculadas con el dinero. Si eso pasa, su inteligencia poco podrá hacer y lo más probable es que el fracaso sea rotundo.

Basta con ver la suerte que corren y corrieron miles de profesionales de distintas áreas que se acercaron a la Bolsa tentados por la ilusión de la ganancia fácil y rápida y sin mayor capacitación tanto en lo financiero como en el manejo de su costado emocional.

2) “Nunca invierta en un negocio que no puede entender.”

¿Por qué alguien habría de invertir sus ahorros en un negocio que no conoce realmente ni comprende como funciona?

Por la misma razón que antes: la codicia. También, por el deseo de sentirse experto simplemente porque invierte en activos o instrumentos financieros que, si le preguntan, no sabría describirlos con precisión. Algo similar ocurre cuando una persona pone un comercio en un rubro cuyas características particulares desconoce…

Retornando a los mercados, cualquiera podría pensar que es difícil que una persona invierta de esa manera, pero nuevamente basta con aproximarse a la realidad para encontrarse con hechos propios de la ficción: el estallido de la crisis de las hipotecas en 2008 en Estados Unidos encontró a millones de personas con su dinero atrapado en instrumentos derivados que casi nadie entendía y que aún hoy muy pocos pueden detallar.

Lo dicho hasta aquí no significa que sea necesario convertirse en un especialista para invertir nuestro dinero. Alcanza con comprender el funcionamiento básico de un tipo de activo o instrumento financiero, el riesgo que implica y la manera como paga una renta para incluirlo en nuestra cartera de opciones de inversión.

Un periodista le preguntó a Warren Buffett sobre las razones que lo llevaron a comprar acciones de la empresa Gillette en momentos que pocos las querían: “Invertí en Gillette luego de razonar que, por más crisis económicas que haya, billones de personas alrededor del mundo seguirán afeitándose todas las mañanas“. Y ganó millones…

Conclusión

Por una cuestión de espacio debí dejar afuera de esta selección a otros gurúes que guiaron mi camino financiero y cuya lectura recomiendo. Algunos de ellos son Napoleon Hill, George Soros, Peter Lynch, Tim Ferriss y Benjamin Graham.

El comienzo de las vacaciones de verano representa una muy buena oportunidad para recostarse en la playa y disfrutar de alguno de los libros escritos por estos grandes autores que nos ayudarán a calibrar nuestros objetivos económicos para el 2017, porque, como dijo Jim Rohn, “la educación formal te dará un sustento, mientras que la autoeducación te dará una fortuna”.

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“Los analfabetos del siglo XXI no serán aquellos que no sepan leer y escribir, sino aquellos que no sepan aprender, desaprender y reaprender.”

 

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