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Páguese a usted primero: El nuevo enfoque de las Finanzas Personales.

Especial de Nicolás Litvinoff para el diario La Nación.

En el término finanzas personales encontramos la palabra “personas”, lo cual indica que toda persona que vive en sociedad e interactúa con sus semejantes practica esta disciplina. En “finanzas patrimoniales” hallamos la palabra patrimonio, que hace alusión a los recursos financieros que son propiedad de una persona y que generan, además, algún tipo de flujos de ingresos (esto último forma parte de una nueva visión de las finanzas, más información aquí).

Siguiendo este razonamiento, cada interacción que involucre dinero de manera directa o indirecta pertenece al universo de las finanzas personales, desde pasar la tarjeta por el molinete del subte a la mañana cuando salimos rumbo al trabajo hasta lo que elegimos de cenar a la noche antes de acostarnos. De lo dicho se desprende que las finanzas personales están presentes de manera recurrente en nuestra cotidianidad, mientras que las finanzas patrimoniales sólo “aparecen” unas pocas veces al mes, o incluso al año, cuando se toman decisiones de inversión que involucran el patrimonio de una persona.

Pero que exista esta diferencia entre ambas no quiere decir que las mismas no estén intrínsecamente relacionadas: salvo que hayamos recibido una herencia o ganado la lotería, es imposible “pasar” a las finanzas patrimoniales sin haber aprendido a manejar antes las finanzas personales. Y aún en el caso de haber tenido padres millonarios o de haber tenido la suerte de acertar la boleta ganadora del Quini, el desconocimiento de las finanzas personales puede poner en riesgo rápidamente a las finanzas patrimoniales, deglutiendo los recursos (patrimonio) que la misma ofrece en post de mantener a flote la economía doméstica y cotidiana.

Veremos a continuación un enfoque moderno de las finanzas personales que brinda mayores chances en cuanto a la generación de patrimonio, necesario para dar el paso superador que estamos analizando.

Luego, estudiaremos algunas claves de las finanzas patrimoniales con el fin de estar preparados para cuando llegue el ansiado momento de involucrar el patrimonio creado en la búsqueda de la tranquilidad financiera.

Págase a usted primero: el nuevo enfoque de las finanzas personales

Según las teorías de finanzas personales antiguas, son 4 los pilares que sostienen esta ciencia: I (Ingreso), G (Gasto), A (Ahorro) e IN (Inversión).

Según esta nueva división entre finanzas personales y finanzas patrimoniales, la IN deja de pertenecer al universo de las finanzas personales para pasar al de las patrimoniales, dejándonos solamente 3 variables para analizar: I, G y A, que a la vez interactúan entre sí.

En las finanzas clásicas se plantea la siguiente ecuación:

A= I – G (Ahorro es igual a ingreso menos gasto).

Esta es la ecuación que de manera consciente o inconsciente tenemos grabada a fuego en la cabeza: podemos ahorrar lo que nos quede del ingreso luego de los gastos.

Recibimos nuestro sueldo o ingreso todos los meses, cumplimos con los gastos que tengamos y lo que sobra (si es que sobra algo) lo ahorramos. Pero al mismo tiempo, si G es mayor a I (es decir, el gasto es mayor al ingreso) entonces A (ahorro) será negativo. ¿Qué quiere decir que A sea negativo? Simple: que necesitamos echar mano a ahorros para poder cumplir con nuestros gastos o que, en caso de no poseer los mismos, nos estamos endeudando.

Pero sin complicarnos demasiado y siguiendo siempre las reglas más simple de las matemáticas, las variables que forman parte de una identidad o ecuación como la presentada pueden pasar de una lado al otro del signo igual siempre y cuando cambien su condición de positivo a negativo o viceversa al hacerlo. En dicha identidad, A es positivo, al igual que I, mientras que G es negativo (porque está precedida del signo menos).

Sabiendo esta sencilla regla, vamos a realizar una simple operación que consiste en despejar dos de las variables, es decir, pasarlas de un lado a otro cambiando a su vez el signo: A, que está en la izquierda y con signo positivo, pasará a la derecha con signo negativo, y G que está en la izquierda con signo negativo pasará a la derecha con signo positivo. La ecuación queda entonces de la siguiente forma:

G= I – A (Gasto es igual a ingreso menos ahorro).

¿Qué implicancia tiene esta modificación realizada? Ahora el gasto (G) deja de ser una variable activa para pasar a transformarse en una variable pasiva o dependiente, y lo contrario ocurre con el ahorro (A).

Resumiendo: el gasto está ahora subordinado a lo que queda luego de haber separado una parte del ingreso para el ahorro. Nos estamos pagando primero a nosotros (al ahorrar) para recién luego de ello cancelar pagos con terceros asumiendo el gasto mensual. Ese ahorro que ahora existirá mes a mes formará la base del patrimonio, que dará nacimiento a las finanzas patrimoniales.

¿De cuánto tendrá que ser ese ahorro? Se recomienda al menos el 10% del ingreso, pero el no poder llegar a ese porcentual no será excusa suficiente para transformarlo en cero: cualquier ahorro positivo, aunque sea del 2% del ingreso, también sirve y es deseable para lo que viene.

Las Finanzas Patrimoniales: dos claves fundamentales a tener en cuenta

Ese ahorro que ahora se generará todos los meses deberá ser transformado en inversión para transformarse a su vez en patrimonio. Esto es así porque de esa manera generará un flujo de ingresos que se sumarán a los ingresos mensuales que recibimos por nuestro trabajo.

Para que se entienda mejor: el ahorro es simplemente los pesos que ahora separamos, como primera operación, todos los meses una vez recibido el ingreso. Pero ese ahorro debe convertirse rápidamente en inversión y más aún en un país como el nuestro, en donde en caso contrario la inflación irá mermando rápidamente su poder adquisitivo.

Las opciones de inversión son amplias y variadas, y así como analizamos antes la ecuación de las finanzas personales, en las finanzas patrimoniales existen dos claves fundamentales a tener en cuenta:

1) A mayor rentabilidad esperada, mayor riesgo:

Los flujos de fondos que provendrán de la inversión del patrimonio se encuentran ahora en un futuro incierto, y por ello cuando hablamos de rendimientos tenemos que hablar de “rendimiento esperado”. No existe en finanzas ningún patrimonio que nos ofrezca flujos futuros de fondos que sean 100% ciertos; siempre algún riesgo existirá.

El axioma inquebrantable que existe en las finanzas patrimoniales tiene que ver con que a mayor rentabilidad esperada, mayor será el riesgo, lo que traducido quiere decir que mientras más alta sea la tasa o monto de rendimiento prometido, mayor riesgo estará asumiendo el inversor.

Aquí es cuando entra en juego la codicia, que es una emoción que nos puede estimular a tomar mayor riesgo del que deberíamos cegados por la tentación de ganar dinero fácil y rápido: si ello sucede nuestro patrimonio podrá evaporarse rápidamente, de un día para el otro.

Un buen consejo para reducir el riesgo es diversificar entre distintas inversiones que tengan una baja correlación entre sí.

Pero debemos tener en claro que no se trata de eliminar el riesgo, que siempre existe aún cuando no hacemos nada (y, en nuestro país, se incrementa incluso ante la pasividad financiera), sino de aprender a convivir y manejar el mismo

2) Conflicto de interés:

Cuando generemos un patrimonio, la segunda tentación más fuerte (luego de la codicia) será entregarle el mismo a un tercero para que lo maneje, lo cuál sería un grave error.

El conflicto de interés que emerge aquí tiene que ver con que el ejecutivo de cuenta o asesor financiero que elijamos tendrá como objetivo incrementar sus propios ingresos, que estará en función de los productos del banco que nos pueda vender, mientras que el nuestro será incrementar el patrimonio y los flujos provenientes del mismo gracias a la inversión que habremos de realizar.

Por consiguiente, no nos queda otra que involucrarnos en este juego asumiendo la responsabilidad en cuanto a la toma de decisiones, yendo de a poco y ganando experiencia en el camino.

La actitud de “embarrarse” las manos en este proceso de transformar el ahorro en inversión bajo las premisas de las finanzas patrimoniales pude desembocar en un premio mayor: el de la verdadera libertad financiera.

Conclusión

¿Cuánto sabe el/la argentino/a promedio de finanzas personales? En un país en donde opinar y criticar es casi un “deporte nacional”, es de suponer que pocos tendrán la autocrítica suficiente como para reconocer que en términos de finanzas personales actúan de manera puramente intuitiva, logrando resultados dispares que estarán en concordancia además con el entorno micro (familia, contacto, trabajo) y macro (ciclos económicos del país y del mundo).

Mientras menos cultura financiera tenga la mayoría, mayor será la ganancia exponencial de una minoría, y en ese sentido trasunta que pueden existir ciertos intereses del establisment para mantener las cosas como están. En esta cosmovisión reinante, la puerta de acceso al camino que debemos transitar para pasar de las finanzas personales a las finanzas patrimoniales está al alcance de todos nosotros, pero oculto bajo un manto de niebla y señales contradictorias.

Los argumentos aquí expuestos tienen como fin guiar al lector al acceso de ese camino y equiparlo con un “GPS” para que pueda transitar esta senda con mayor seguridad.


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