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Por qué pienso que las acciones le ganarán al dólar en los próximos años

Especial de Nicolás Litvinoff para el diario La Nación

El dólar fue la mejor inversión de los últimos 4 años. Subió casi 350% contra el peso y se convirtió en la alternativa más segura para un país que desde enero de 2018 vio derrumbarse a los activos de riesgo en moneda local.

La pregunta ahora es: ¿seguirá sucediendo lo mismo a partir del 10 de diciembre? Mi opinión es que no, y que, si bien el dólar muy probablemente mantenga a salvo el poder adquisitivo del pequeño ahorrista, la apuesta en renta variable (acciones) se convierte ahora en una jugada mucho más atractiva que antes. Todos los inversores deberían tenerla en su radar.

El derrumbe del Merval y. ¿su posterior recuperación?

El 10 de diciembre del 2015, cuando asumió el actual gobierno, el índice bursátil Merval estaba en 13.106 puntos, mientras que el dólar blue cotizaba en 14,70 pesos (el dólar oficial $ 9,70). Al momento de escribir esta nota, el Merval se ubica en la línea de los 35.500 puntos y el dólar blue se negocia a $ 65. En consecuencia, en dólares el Merval se derrumbó casi el 40%. Para ponerlo en el contexto de los mercados financieros mundiales, en el mismo lapso de cuatro años el índice Dow Jones Industrial de la Bolsa de los EE.UU. ganó un 57% en dólares. Por lo tanto, frente al Dow Jones la pérdida supera el 60%.

Esta violenta destrucción de riqueza en las principales empresas argentinas genera sin dudas espanto entre los inversores inexpertos que se dejan influenciar por el relato de la grieta, que toma por locos a los que, luego del resultado electoral, piensan invertir en el país. ¿Opinaban lo mismo en enero de 2018, cuando comenzó el derrumbe de los papeles pese a que aún nadie pronosticaba una derrota del Gobierno en las urnas?

El inversor más experimentado y astuto, en cambio, sostiene que Argentina, una vez más, ofrece una oportunidad única de comprar buenos activos a precios de remate. En el mundo -advierte-, estas oportunidades se dan pocas veces en la vida. Sabe muy bien que los mercados bajistas siempre han sido pasajeros, al igual que los alcistas, y que la compra de activos depreciados y despreciados en momento de alta incertidumbre política y económica es el mejor negocio.

Mi opinión es que en los próximos 4 años el Merval medido en dólares no solo recuperará lo perdido, sino que ganará valor para retomar la senda del crecimiento histórico, aprovechando un escenario internacional de tasas de interés a la baja que estimulan la inversión en mercados emergentes como el nuestro, ahora con un sesgo más industrial que financiero.

Por supuesto, es imposible predecir lo que ocurrirá con el precio de las acciones en los próximos meses, aún durante el primer año del nuevo mandato, pero esa duda se transforma en férreo convencimiento cuando hablamos de un período de cuatro años, con una recuperación de precios que se dará -imagino- mucho antes de lo que la mayoría cree.

Argumentos económicos: sencillos pero potentes

Una economía crece cuando su PBI (Producto Bruto Interno) aumenta. ¿Y de qué está compuesto el PBI? Básicamente, es igual a C (consumo) más I (Inversión) más G (Gasto Público) más X menos M (Exportaciones menos Importaciones).

Entonces: PBI = C + I + G + (X-M)

Mi razonamiento es sencillo: el gobierno saliente desatendió el consumo (los tarifazos y la duplicación de la inflación anual erosionaron el poder de compra de la población), con lo cual cayó C.

Por motivos que no abordaremos ahora, la “lluvia de inversiones” nunca llegó, con lo cual también descendió I.

Asumamos que el gasto público se mantuvo constante (en términos reales descendió), entonces G constante.

Las brutales devaluaciones desestimularon las importaciones (M), pero no lograron impulsar las exportaciones (X), por lo que en esa dimensión tampoco tuvimos aumentos.

El resultado está a la vista: en lo que va de 2019 la caída del PBI en dólares es mayor al 3%. Se trata del segundo año consecutivo de profunda recesión.

El nuevo gobierno plantea “volver a poner dinero en el bolsillo de la gente”, lo cual quiere decir fundamentalmente que buscará fortalecer el consumo. Ese aumento del consumo elevará la deprimida demanda agregada, lo que llevará a las empresas a incrementar su producción.

¿Y qué pasa con la inversión? No veo que en una primera etapa lleguen capitales productivos del exterior, pero como hay más de 300.000 millones de dólares de los argentinos “debajo del colchón”, sobra dinero fresco para invertir en la economía real y generar nuevos negocios más prometedores y rentables que en tiempos recesivos como el actual.

Como la sangre atrae a los tiburones, los inversores extranjeros buscarán luego destinar una ínfima parte de sus tenencias en el país cuando vean que los inversores locales están obteniendo rendimientos interesantes.

Así subirán C (mayor consumo) e I (primero por aumento de la inversión local, luego por la extranjera). El gasto público (G) deberá también incrementarse en términos reales por subsidios y transferencias. Cuando la economía argentina crezca, sus exportaciones lo harán más que proporcionalmente, aunque es probable que también lo hagan las importaciones.

En resumen, el PBI crecerá en dos etapas: primero tímidamente por el aumento del consumo interno y luego de manera más acelerada por el incremento de las inversiones, puesto que la fortaleza de la demanda impulsará las ganancias de las empresas.

Como hojas que arrastra el viento, los analistas financieros hoy son muy pesimistas. Aunque a priori luzca como un dato negativo, esa mirada escéptica, casi oscura, sobre el porvenir de las empresas argentinas hará que sus reportes de balances trimestrales sorprendan favorablemente y generen alzas en los precios de sus acciones, con lo que el ahorrista que invierta en los próximos meses con un horizonte no inferior a 2 años tendrá la posibilidad de subirse una fuerte escalada de valores, con volatilidad (movimientos en forma de serrucho), pero dentro de una tendencia alcista del principal índice bursátil y sus componentes.

Conclusión y recomendaciones finales

Está claro que existen desafíos y obstáculos en el camino de la recuperación económica que deben tenerse en cuenta. La renegociación de la deuda con el FMI -que debería incluir un período de gracia de 1 o 2 años y alguna que otra concesión-, el necesario reperfilamiento de la deuda con acreedores privados e institucionales, la inflación y la obsesión por el dólar se ubican entre los principales.

También debe quedar claro que lo que aquí se plantea es una lectura sobre la realidad que no es única ni necesariamente mejor que otras, pero que tiene sus fundamentos basados en conocimiento, experiencia y, sobre todo, apertura mental para no comprar discursos que hunden al país en recurrentes crisis de recesión y endeudamiento.

Si no estás de acuerdo con este análisis simplificado, lo mejor será que mantengas tu inversión conservadora. A nivel global, mal no te va a ir, a lo sumo pagarás un alto costo de oportunidad por haber dejado pasar una ganancia significativa.

Si compartís los postulados expuestos más arriba, entonces lo aconsejable es orientar la inversión hacia acciones de empresas que no brinden servicios públicos, sino que se vuelquen a la exportación, al consumo masivo y al sistema bancario. Los unicornios argentinos como Mercado Libre y Globant también podrían ingresar en una cartera de inversión agresiva.

Por último, no olvides la clave para el éxito de un inversor de largo plazo: la disciplina. El período de inversión es de 4 años. En el medio habrá dudas, caídas con posterior recuperación y cientos de analistas que, por formación, dinero o ideología, difundirán pronósticos fatalistas. Lo cierto es que cuando se invierte con argumentos y con seguridad, hacer oídos sordos a estas profecías puede redundar en un excelente negocio.

Los inversores experimentados saben que las ganancias extraordinarias provienen de inversiones que se hacen cuando “corre la sangre en Wall Street” y se producen violentos derrumbes en las cotizaciones. Somos la segunda economía más grande de Sudamérica. Tenemos recursos naturales que son la envidia de muchos países y recursos humanos capaces de capear temporales de estrés económico como el actual.

La recuperación llegará inexorablemente, como sucedió en repetidas ocasiones a lo largo de nuestra vertiginosa historia. Los inversores más osados que peguen primero serán los que mejor aprovechen este cambiante escenario económico.


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