Especial de Nicolás Litvinoff para el Diario La Nación 

“El tiempo es lo único que no se puede comprar. Podrás comprar un reloj con tu dinero, pero nunca el tiempo que marca.”

Existe una creencia muy arraigada acerca de que hay que vivir intensamente y darse los gustos en el presente, puesto que no hay forma de comprar más tiempo de vida y nada nos garantiza que mañana estemos para ver el sol.

Esta idea trágica y romántica es, a mi juicio, totalmente simplista. Las herramientas de las finanzas personales nos permiten cuestionarla con estrategias y argumentos sólidos, para sembrar dudas allí donde otras personas creen observar verdades irrefutables. La mente abierta es clave.

Lo primero que debemos hacer es revisar la noción de tiempo y comprender que no existe un solo tiempo, sino al menos tres: tiempo pasado, tiempo presente y tiempo futuro.

Hecha esta distinción, formulamos la pregunta fundamental: ¿Se puede comprar el tiempo? Ahora pensemos…

Cómo comprar tiempo futuro

¿Quién se animaría a negar que una persona puede comprar tiempo libre en el futuro si genera la renta necesaria para trabajar menos el día de mañana? Nadie. ¿Acaso eso no es comprar tiempo? Sí.

Como vemos, el tiempo futuro se puede comprar. Ahora bien, ¿Cómo se compra ese tiempo futuro? La respuesta inmediata, dictada por el sentido común, sería “ahorrando”. Sin embargo, no es tan fácil.

Desde un punto de vista emocional, nuestra actitud hacia el ahorro refleja nuestras dudas y temores respecto del futuro. En nuestro ser se libra una batalla un tanto injusta entre un “yo presente” y un “yo futuro” donde el primero se vuelve tangible, evidente y más importante que el segundo, percibido como lejano y borroso.

Este conflicto desigual genera, en el extremo conformado por las mayorías, una sobreponderación del tiempo presente en quienes ven pasar los meses y los años sin poder generar ahorros. Del otro lado, un ataque furibundo de una minoría al consumismo y un atesoramiento exagerado del dinero generado para utilizarlo en un futuro que nunca llega.

Unos quieren disfrutar bienes y servicios aquí y ahora, mientras que otros guardan y alejan de su vista la mayor parte de sus ingresos prometiendo gastarlos con sentido más adelante, aunque nunca encuentran una razón de suficiente peso como para justificar el consumo, por lo que los ahorros se acumulan indefinidamente.

En contraste con los casos extremos, el ahorro equilibrado se presenta como una correcta ponderación de tiempo presente y futuro que repercute favorablemente incluso en la calidad de vida actual: vivimos más tranquilas y tranquilos al saber que contamos con el respaldo económico suficiente para tomar decisiones importantes sin que posibles urgencias financieras nos condicionen y atenten contra nuestro proyecto de largo plazo.

Si, a pesar de tus buenas intenciones, ahorrar es algo que te está costando horrores, en esta columna que escribí el año pasado te explico cómo entender los distintos tipos de ahorro existentes a fin de que puedas concentrar tus energías en aquel con el que más te identifiques.

Cómo comprar tiempo presente

El mercado laboral podría verse como un espacio al que concurren oferentes de tiempo (trabajadores) y demandantes de tiempo (empresas). Nuestro problema como trabajadores es que no es tiempo laboral el que nosotros queremos sumar a nuestras vidas, sino todo lo contrario: tiempo libre.

Por lo tanto, debemos cumplir los siguientes pasos para revertir la tendencia:

1) Determinar el valor correcto de nuestro tiempo presente: el precio que le pongamos a nuestras horas laborales lo es todo, pero para cotizar bien el valor de nuestro tiempo necesitamos primero saber rechazar a los consumidores de nuestro tiempo libre, que intentarán transformarlo en tiempo laboral por un valor que, aunque sea el del promedio del mercado, siempre será bajo en función al que podríamos conseguir si redireccionamos con éxito nuestras energías para trabajar en proyectos propios.

2) Incorporar la regla 80/20 de Wilfredo Pareto, un prestigioso economista y sociólogo que vivió entre 1848 y 1923. Su principal contribución a las ciencias sociales se conoce hoy como la “distribución de Pareto” o la regla 80/20, que buscaba explicar por qué alrededor del 80% de la riqueza del mundo quedaba en manos del 20% de la población mundial, aunque luego se descubrió que podía aplicarse la misma proporción a una lista importante de sucesos. Por ejemplo:

– El 80% de los beneficios de una empresa proviene del 20% de sus productos y clientes.
– El 80% de las ganancias en la Bolsa corresponde al 20% de los inversores que apuestan en ella.
– El 80% de nuestros resultados laborales son producto del 20% de la utilización de nuestro tiempo.

Conociendo este último dato, cabe preguntarse: ¿Conviene invertir el 80% de nuestro tiempo para lograr un 20% adicional de resultados? El objetivo pasa por detectar cuál es ese 20% de nuestro esfuerzo realmente productivo para potenciarlo y duplicar así nuestros ingresos reduciendo a menos de la mitad el tiempo empleado.

Cómo comprar tiempo pasado

Aquí llegamos al punto más complejo de todos: el tiempo pasado no puede ser comprado porque ya pasó. Es cierto, pero… ¿A qué llamamos tiempo pasado? ¿Dónde nos paramos en la línea de tiempo para hablar de pasado?

Si nos paramos en el presente, claramente no hay forma de rebobinar. Sin embargo, si nos proyectamos en un tiempo futuro, el pasado puede ser el presente de hoy o, incluso, también en futuro. Por lo tanto, encarando nuestros proyectos personales ahora con el objetivo de generar ingresos pasivos podremos comprar tiempo pasado de ese futuro que apenas podemos imaginar. 

El tiempo pasado no puede ser comprado de aquí para atrás, pero sí de aquí en más.

Para comprar el tiempo pasado del futuro debemos considerar estas 2 recomendaciones:

1) Automatizar ingresos: Hoy en día prácticamente todo puede ser automatizado (la producción, la atención al cliente, las compras online, las ventas y más). En consecuencia, ¿Qué nos impide automatizar parte de nuestros ingresos? En esta nota, comparto un estudio sobre las 6 fuentes de ingresos posibles, de las cuales 4 pueden ser automatizadas.

2) Modificar paulatinamente la composición de tus ingresos totales: Los ingresos pasivos que se logran vía automatización son liberadores de tiempo por excelencia. Sabemos que los ingresos totales están compuestos por la sumatoria de ingresos activos (los que conseguís solo si estás presente en el lugar de trabajo) e ingresos pasivos. En consecuencia, la pregunta que cabe hacerse es: ¿Qué porcentaje de mis ingresos totales está formado por ingresos activos y cuánto por pasivos? Por más que en estos momentos la respuesta sea que el 100% de nuestros ingresos totales son activos, el objetivo debe ser modificar paulatinamente la ponderación para que ganen cada vez más participación los ingresos pasivos gracias a la utilización de varios de los Vehículos Automatizados de Ingresos existentes (Financieros, Propietarios, Patentados o Monitoreados).

Conclusión

Hemos aprendido a discriminar entre los 3 tipos de tiempo existentes: pasado, presente y futuro. Esta distinción nos permite cuestionar la frase anónima con la que iniciamos la columna de hoy. No es verdad que el tiempo no se pueda comprar.

El estudio y la aplicación de diferentes técnicas nos permitirá generar ingresos pasivos. Con la automatización de nuestro trabajo, podremos comprar tiempo presente y tiempo futuro, mientras repensamos el pasado y dejamos de lamentarnos por el tiempo perdido.

Te invito a cuestionar las frases simplistas que te desalientan porque tanto el lamento como la queja sin acción solo conducen a la resignación. Es tiempo de tomar las riendas del destino. Lo hecho, hecho está; pero lo que haremos de aquí en adelante depende, ante todo, de nosotros mismos.

 


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“Le enseñamos a generar sus propios VAIs (Vehículos Automatizados de Ingresos).”