¿Tenés problemas de ahorro? Cinco señales para saberlo

Especial de Nicolás Litvinoff para el Diario La Nación

Cumpliendo con lo prometido, continuamos con la tercera entrega de esta serie que comenzó con las ya publicadas “¿Tenés problemas de Ingresos? Cinco señales para saberlo“ y “¿Tenés problemas de gastos? Cinco señales para saberlo”.

En esta ocasión, profundizaremos sobre una de las áreas más importantes de las Finanzas Personales: la del ahorro, paso previo a la obtención de los ingresos pasivos, tan necesarios para nuestro bienestar económico y la generación de tiempo de ocio.

Comencemos con las señales de alarma:

No sabés calcular tu ahorro para emergencias

Sos consciente de su importancia, pero, al igual que a la mayoría de las personas, te cuesta horrores generar un excedente de dinero que actúe como chaleco salvavidas en caso de que el barco de los ingresos naufrague de improviso.

Lo cierto es que, antes de poner manos a la obra para contar con un buen ahorro de emergencia, primero tenés que aprender a calcular el monto recomendado según tu situación personal. Esa cifra generará en vos certidumbre o, dicho de otro modo, una meta cierta y realista que resultará motivadora.

Entonces, ¿Cuánto dinero se recomienda destinar a ese ahorro? 

El monto mínimo que debería constituir un ahorro de emergencias equivale a 6 meses de ingresos presentes, después de un ajuste del 30% en los gastos, que es el que deberás llevar a cabo en una situación crítica.

La cuenta es la siguiente: multiplicás el importe total de tus gastos mensuales por 0,7 y volvés a multiplicar el resultado por seis. Por ejemplo: si tus gastos mensuales totales son de 25.000 pesos, entonces la cuenta sería 25.000 x 0,7 x 6 = 105.000 pesos de ahorro para emergencias.

No discriminás entre activos que se aprecian y los que deprecian con el paso del tiempo

Existe una distinción que toda persona debería conocer desde la educación temprana, aunque sabemos que esta materia no se dicta en las escuelas y tampoco se transmite en la gran mayoría de las familias: hay bienes o activos que se aprecian con el tiempo y otros que se deprecian, que cada vez valen menos en términos monetarios.

¿Cómo nos damos cuenta si un activo se aprecia o deprecia con el tiempo en una economía inflacionaria como la nuestra, donde todo o casi todo aumenta en pesos? Básicamente, midiendo su precio de mercado en moneda dura: el valor económico de un bien se deprecia cuando, tiempo después de adquirido, solo lo podemos vender o canjear por menos dólares o euros de los que destinamos en su momento para comprarlo.

Ejemplos de activos que se deprecian con el tiempo son: autos, motos, ropa, calzado, celulares, notebooks y consolas de videojuegos.

Ejemplo de activos que se aprecian con el tiempo son: acciones bursátiles, criptoactivos, instrumentos de renta fija, inmuebles y terrenos, cocheras.
Ahora que contás con esta información, resta que revises la composición de tu patrimonio para conocer cuál es la ponderación de los activos que se aprecian y los que se deprecian, buscando luego que los primeros sean cada vez más y los segundos tiendan a desaparecer.

No conocés los distintos tipos de ahorro existentes

Así como aprendimos que existen diferentes tipos de ingresos y de gastos, también existen distintos tipos de ahorro. Conocerlos resulta clave para fijar tus objetivos financieros de corto, mediano y largo plazo.

Además del ya mencionado “ahorro para emergencias”, podemos mencionar otros 3:

  • Ahorro para consumo: Esta categoría se asocia con el ahorro destinado a la compra de un bien o servicio específico (un nuevo modelo de celular, un cambio de auto, un viaje, etc). El ahorro para consumo difícilmente nos hará más ricos, pero al menos nos servirá de entrenamiento para modificar nuestros hábitos en general y lograr objetivos superadores, como los que veremos más adelante.
  • Ahorro patrimonial: Es el ahorro en base a propiedades, vehículos o cualquier otro bien que se encuentre libre de deudas. En caso de que exista una hipoteca o crédito prendario, el bien en cuestión no puede ser considerado parte del ahorro patrimonial, puesto que sobre él pesan deudas que deben cancelarse. Mucha gente tiene la costumbre algo peligrosa de intentar elevar su patrimonio a través de la compra de bienes a crédito. Este modus operandi solo funciona cuando el ingreso crece en forma mensual y permite afrontar los intereses y otros gastos sin caer en un default personal. Esta modalidad de ahorro es frágil porque, ante una situación imprevista, toda la estructura puede desmoronarse como un castillo de naipes.
  • Ahorro para el retiro: Este es definitivamente el ingreso más productivo de todos. Se logra al separar todos los meses un porcentaje específico del ingreso (los especialistas parten de un piso del 10%) y colocarlo en una cuenta de ahorro e inversión, donde deberá permanecer hasta el momento de retirarnos del mercado laboral. El ahorro para el retiro debe ser constante: la inflación y otras adversidades de la coyuntura no deben afectar este hábito.

Tu “yo presente” pierde siempre la batalla contra tu “yo futuro”

De algo estamos seguros: no sabemos lo que sucederá más adelante. Será por eso que, desde el punto de vista emocional, nuestra actitud con relación al ahorro refleja dudas y temores respecto del futuro.

En nuestro interior se libra una batalla constante y un tanto injusta entre un “yo presente” y un “yo futuro”, donde el primero se vuelve tangible, actual y más importante que el segundo, percibido como lejano y borroso.

Esta situación genera una “sobre ponderación del tiempo presente” en aquellos que ven pasar los meses y los años sin poder generar un ahorro; y una “sobre ponderación del tiempo futuro” en quienes atesoran la mayor parte de sus ingresos para otro momento y postergan al extremo el disfrute de los ingresos que generan.

De acuerdo con esta línea de pensamiento, el ahorro equilibrado se presenta como una correcta ponderación del tiempo presente y futuro al mejorar la calidad de vida actual. Gastás y disfrutás sin arriesgar tu porvenir y con la tranquilidad de saber que contás con respaldo suficiente para tomar decisiones importantes que no dependan de las urgencias económicas.

Como ganás poco, pensás que no tiene sentido ahorrar

“¿Para qué voy a ahorrar un 10% de mis ahorros ganando tan poco dinero por mes?” Este es uno de los razonamientos más comunes que escucho en boca de personas con problemas de ahorro. Sin embargo, el argumento parte de un error conceptual, tal como lo demostramos a continuación:

  1. El arte de ahorrar no tiene que ver con cantidades, sino con adquirir el hábito y transformar nuestra conducta diaria incorporando ciertos comportamientos y mecanismos de compromiso que nos lleven a cuidar mejor nuestro dinero.
  2. En finanzas existe un aliciente para ahorrar conocido como la magia del interés compuesto, que permite obtener un rendimiento exponencial al invertir no solo el dinero ahorrado sino también los intereses obtenidos de esa inversión inicial.

El punto de partida puede ser muy bajo en términos de volumen de dinero ahorrado al comienzo, pero si mantenemos la conducta y mejoramos nuestros conocimientos, podremos ver cómo ese monto irá creciendo con el tiempo, un aumento que nos llenará de satisfacción.

Conclusión

Diversificar fuentes de ingresos, sumar ingresos pasivos a los ingresos totales, clasificar los gastos y optimizarlos como paso previo a generar un excedente de dinero que deberá transformarse en alguno de los tipos de ahorro vistos hoy. Ese es un camino a seguir para asegurarnos un ahorro de emergencia, un ahorro patrimonial, un ahorro para el retiro y un ahorro para consumo futuro.

La clave, como siempre, pasa por incorporar estos conocimientos y llevarlos a la práctica.

Próximamente concluiremos esta serie con una columna imperdible: las señales que indican problemas a la hora de invertir lo ahorrado y las estrategias para solucionarlos.

¡Hasta la semana que viene!


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