La Regla del 72: El sencillo truco matemático que te puede ayudar con tus inversiones

 

Especial de Nicolás Litvinoff para el Diario La Nación

De un tiempo a esta parte, amparadas en la inflación, las tasas de interés vienen subiendo fuerte en Argentina. Leemos los titulares que anuncian nuevas subas ordenadas por el Banco Central, escuchamos a economistas analizar el impacto de las medidas en la economía y vemos propagandas en Youtube donde supuestos analistas aseguran tener la fórmula para ganarle con los intereses a la inflación, ¿pero en ese océano de información logramos rescatar algo o simplemente nos perdemos como un navegante que ha dejado de ver tierra a causa de la niebla?

Para despejar el horizonte y llegar a buen puerto, en la columna de hoy abordaremos el concepto de interés desde distintos ángulos: el del deudor, el de la persona que comienza a ahorrar y el del inversor.

De esta forma, repasaremos juntos algunos tips para la aplicar los intereses en nuestra vida de la manera más conveniente posible.

Deudores: Los intereses de las tarjetas y el índice Cash Flow

Un conducta equivocada y muy común entre los deudores pasa por restarle importancia a los intereses. Así es como la mayoría termina comprando todo en cuotas y, al momento de hacer frente al resumen mensual, decide cumplir solo el pago mínimo de la tarjeta, que representa apenas el 4% del total gastado en el período. Esta elección lleva a esas personas a asumir -muchas veces sin saberlo- tasas de interés exorbitantes que se transforman en una bola de nieve y las dejan al borde del abismo financiero.

Para colmo, los intereses que deberán afrontar a partir de ese momento se calculan mediante un sistema de amortización nada conveniente para el deudor conocido como Sistema de Amortización Directo, donde el monto del interés a pagar se define por el total adeudado en un principio, sin importar si luego se va saldando parte del capital.  

Comprender el peso de los intereses implica actuar diferente. Esto es, comenzar a abonar el total de la tarjeta de crédito todos los meses sin excepciones e intentar cancelar las deudas anteriores, si las hubiera.

Ante la típica pregunta acerca de cuál de las tres deudas conviene atacar primero (el capital no pagado, los intereses generados o el nuevo resumen), la mayoría de los asesores financieros responderá que lo mejor será honrar la que contenga una mayor tasa de interés, pero el consejo es erróneo, puesto que lo mejor pasa por utilizar el índice Cash Flow (ICF).

El ICF es un sistema desarrollado por Garrett Gunderson que prioriza la precancelación de deudas en función del flujo de dinero que cada una le quita al deudor mes a mes.

El cálculo es el siguiente: Monto de la deuda a pagar / Pago mínimo mensual

Cuanto más bajo sea el resultado, más urgente será la precancelación de esa deuda.

El ICF nos dice que, si el resultado da entre 0 y 50, la deuda es muy nociva o simplemente nociva para nuestros bolsillos, por lo que conviene precancelarla cuanto antes.

Un resultado entre 50 y 100 habla de una deuda no tan nociva a la cual, de todos modos, se le debe prestar atención para no perder de vista su evolución.

De 100 en adelante no sería tan relevante para nuestras finanzas personales. Por ende, los estímulos para su precancelación disminuyen.

Primeros ahorristas: La magia del interés compuesto y la Regla del 72

El interés compuesto es un beneficio que disfrutan quienes reinvierten los intereses que van cobrando.

La metodología es sencilla: cada vez que cobran intereses, los suman al capital invertido. De esta forma, agrandan el capital y los intereses futuros, que también serán reinvertidos, a fin de incrementar cada vez más la renta.

Este proceso les permitirá aumentar la base de dinero sobre la cual estimar las ganancias futuras, tal como lo vimos semanas atrás en esta nota.

¿Cuál es la diferencia con el interés ordinario? Básicamente, que el conocido como interés simple no tiene en cuenta los intereses percibidos previamente para originar nuevos intereses, mientras que el interés compuesto sí.

Plazos fijos, acciones que pagan dividendos, bonos que pagan cupones y cualquier otro tipo de colocación con flujo de fondos positivos son instrumentos que nos brindan dos aliados: el tiempo y la magia del interés compuesto.

Si los dejamos trabajar en equipo, podremos cumplir más rápido nuestras metas materiales sin tener que aumentar el riesgo asumido. Claro que al principio el incremento de los intereses será lento, pero luego, con el paso del tiempo, la reinversión de intereses, cupones y/o dividendos rendirá frutos tan grandes que no podremos creer la distancia abismal con el capital inicial. La aceleración será exponencial.

Llegado este punto, a los lectores más ansiosos, esos que no pueden esperar para saber cuánto tiempo les llevaría duplicar el valor de sus inversiones, les presento la Regla del 72, un artilugio matemático que puede resultar de mucha utilidad.

Veamos un ejemplo acerca de cómo utilizarlo:

Si invertimos nuestro dinero en un plazo fijo a una tasa del 25% anual con interés compuesto (reinvirtiendo todos los años los intereses cobrados), al dividir 72 por ese número nos da 2,88. Esto quiere decir que, para duplicar nuestro capital, necesitaríamos alrededor de 2 años y 10 u 11 meses.

La Regla del 72 puede utilizarse también para calcular qué tasa necesitamos para duplicar el capital en un período de tiempo determinado. En el ejemplo la cuenta sería: 72 / 2,88 = 25.

Inversores con patrimonio: Conflictos de intereses y la Regla del 120

En este caso, no estamos hablando de intereses financieros, sino de intereses contractuales que, no obstante, pueden ocasionar un gran daño a inversores desprevenidos.

En concreto, nos referimos a las personas que suelen confiar en las recomendaciones de su asesor financiero, quien muchas veces suele ser un empleado del banco o la sociedad de Bolsa a través de la cual invierte su dinero.

 

Mientras el inversor solo piensa en hacer crecer su patrimonio, el asesor financiero solo tendrá en mente aumentar los ingresos del banco o la sociedad de Bolsa para la cual trabaja.

Para la entidad financiera, lo mejor que puede pasar es que el inversor realice muchas operaciones, a fin de terminar cobrándole suculentas comisiones, o adquiera productos y servicios financieros del banco, sin importar si realmente le conviene contar con ellos.

Este es un obstáculo típico del inversor que quiere hacer crecer su patrimonio y no tiene la formación mínima necesaria para realizar sus propias lecturas del mercado y de los instrumentos financieros a disposición.

Lo cierto es que, teniendo más información como la que brindamos en esta columna el año pasado, se cuenta con más chances de reducir el impacto del conflicto de intereses a su mínima expresión, a fin de lograr relaciones comerciales donde ambas partes (la persona que invierte y la que asesora) puedan alinear sus intereses.

Por otra parte, si queremos resolver temas importantes como la ponderación ideal entre acciones y bonos en nuestro portafolio de inversiones sin tener que pasar por un asesor financiero, podemos aplicar la Regla del 120, que repara en la edad que tengamos al momento de realizar el cálculo. 

Lo que se hace es restarle nuestra edad al número 120. El resultado es la cantidad porcentual que debería invertirse en acciones, siempre según esta regla. La otra parte debería invertirse en bonos.

Por ejemplo, para una persona de 60 años, la cantidad a invertir en acciones es el 60% de su cartera, que es el resultado de restarle 60 a 120. El otro 40% debería destinarse a la compra de bonos.

La estrategia responde a la siguiente premisa: cuando una persona es joven, puede asumir más riesgos en sus inversiones, puesto que, en esa etapa de la vida, el dinero es un bien “renovable”. Aún le quedan años para seguir trabajando y reponerse de una potencial caída en el precio de las acciones.

En consecuencia, a una persona de 20 años usualmente se le recomienda estar invertida 100% en acciones, debido a que 120 menos 20 da 100.

En cambio, para una persona de 80 años el porcentaje a invertir en acciones es de 40%, ganando mayor ponderación el capital invertido en bonos (60%).

Conclusión

Sabido es que en los mercados financieros la beneficencia no cotiza. Por el contrario, muchas veces se asemejan a una jungla financiera donde solo sobreviven quienes saben cuidar sus intereses. Para ello, la información y las reflexiones de esta columna puede resultar de vital importancia.

Se te concentrás en aplicar lo aprendido hoy, los intereses de tus inversiones se volverán más que interesantes y el resultado, a medida que pase el tiempo, será cada vez más evidente.

¡Hasta la próxima semana con más consejos financieros!

 


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