Cómo deshacerte de tu jefe diseñando tus finanzas personales.

La mayor parte de las personas tiene un trabajo de ocho horas que lo aleja de perseguir otros objetivos, porque los ata a un sueldo mensual. Pero si tomamos los pasos correctos, de a poco, podremos diseñar un estilo de vida diferente, más cercano al disfrute.

Especial de Nicolás Litvinoff para la revista Mercado.

Lifestyle Desing significa, en español, “diseño de estilo de vida”, y hace alusión a la capacidad de una persona para diseñar por si misma el tipo de vida que quiere vivir en detrimento del tipo de vida que la sociedad le tiene preparada.

Esta nueva corriente está teniendo mucha repercusión en los Estados Unidos y Europa al plantear nuevos proyectos de vida que a menudo acompañan procesos de transformación profundos en las personas: cambio de actividad, de ubicación geográfica, abandono de la “oficina” y de las nueve horas diarias de trabajo, crecimiento exponencial de tiempo de ocio e incluso potenciales cambios en la estructura familiar.

Este cambio radical se volvió más accesible en las últimas décadas gracias a los avances tecnológicos financieros, que facilitan los mecanismos de automatización de negocios que no requieren la presencia física de quién los usufructúa, liberando con ello tiempo que puede ser utilizado ahora en otro tipo de actividades que no tengan que ver con lo laboral sino más bien con una nueva faceta recreativa.

Es entonces que las finanzas personales forman parte del “core” del Lifestyle Design y lo vuelven posible a partir del aumento en la cultura financiera del individuo, brindándole los recursos necesarios como para poder proyectar su propio “plan de vida” en relación de independencia laboral y profesional.

La auto-mentira del “trabajo de lo que me gusta”

Por un lado, está la gente disconforme con su trabajo, cuyo caso no requeriríademasiado análisis en cuanto a la conveniencia de adoptar el Lifestyle Design como manera de cambiar su realidad por una más disfrutable. El tema aquí pasa más por los miedos emergentes que todo cambio importante trae aparejado.

Pero, por otro lado, están los que apelan al famoso “trabajo de lo que me gusta” como manera de justificar largas e interminables jornadas laborales, que suenan más a un autoengaño que a una conclusión valedera.

Según mi opinión, justificar una vida con intensidad laboral alta (digamos 8 horas o más por día, 40 horas o más por semana) porque estamos “haciendo lo que nos gusta” es un argumento bastante débil.

¿Puede a alguien gustarle una sola actividad en la vida como para dedicarle tanto tiempo? Por más que guste mucho, esas ocho o 10 horas por día claramente imposibilitan realizar cualquier otro tipo de actividad, y no estoy hablando aquí de hacer algún deporte o mirar series por Netflix, sino de desarrollarse intelectualmente en otras áreas en las cuales también existan intereses.

“Hacer lo que te gusta” es buenísimo, y para quienes trabajan de algo que no les satisface puede ser visto como una panacea, pero encasillarse en una sola cosa a la larga puede terminar siendo limitante y poco satisfactorio, porque tenemos una sola vida para vivir y seguramente muchas cosas que nos gustaría hacer en caso de poder elegir.

Por otro lado: ¿Qué pasa con los afectos? Pocos discutirán que todo el dinero del mundo pierde sentido si el costo de ello es pasar poco tiempo y encima de mala calidad con la gente que queremos y le da sentido a nuestra existencia.

Por más que se haga lo que guste, el que haya una retribución económica por ello genera un tipo de relación en donde existirá cierta exigencia o demanda por parte de los clientes que, en algunos casos, puede no estar en línea con expectativas de trabajo. Pensar lo contrarío sería ilusorio, y basta con una simple prueba para corroborarlo: preguntarle a una persona que dice hacer lo que le gusta si no hay ciertas áreas de su trabajo que le generan stress y que no haría (o por lo menos, no las haría de esa manera) si no le estuviesen pagando por ello.

De tal manera y por más que muchos no lo puedan ver aún, el Lifestyle Design aparece como una opción valedera para comenzar a vivir la vida que, en el fondo, deseamos vivir, en donde reducimos la carga laboral al mínimo mientras disfrutamos de “mini-retiros” en vida en vez de esperar a jubilarnos a una edad en la cuál no tendremos la energía para disfrutar de las cosas que ahora nos estamos perdiendo.

Como encontrar tu poder financiero personal

Empecemos por el final. El LifeStyle Design ocurre cuando se logra generar un flujo de ingresos pasivos que requieren poco tiempo de monitoreo semanal. La originación de ese flujo de ingresos pasivos se consigue gracias a la creación de los Vehículos Automatizados de Ingresos (VAI), sobre los cuáles me he explayado en entregas anteriores. 

Al mismo tiempo, para poder sembrar y posteriormente cosechar de estos fértiles campos que ofrecen los VAI, necesitamos primero encontrar nuestro Poder Financiero Personal, que a su vez está compuesto por dos poderes distintos pero interrelacionados.

Todos tenemos un Poder Financiero Personal, lo sepamos o no. Parte del mismo te lo da la sociedad en función de lo que vos elegís para desarrollarte profesionalmente. Estoy hablando del famoso Poder Adquisitivo. La mayoría de la gente termina renunciando a sus sueños y aceptando un trabajo en relación de dependencia en donde su Poder Adquisitivo estará en función del libre juego de la oferta y la demanda en el mercado laboral. Y ya sabemos como funcionan estas leyes: cuando las empresas restringen su demanda, el pago por hora trabajada también disminuye, haciendo que caiga el Poder Adquisitivo de la gente en momentos en donde más lo necesita.

Si, en cambio, te animás a hacer lo que te apasiona y con eso lográs despertar la atención de la gente agregándoles valor o ayudándolos a cubrir una necesidad, la sociedad te compensará al otorgarte un mayor Poder Adquisitivo. El aumento de ese poder adquisitivo hará que la espera entre la aparición de tu deseo y la concreción se reduzca.

Pero dijimos que sola una parte de ese Poder Financiero Personal te lo da la sociedad. ¿Qué sucede con la otra parte? Como en cualquier sociedad la otra parte depende de cada uno, y tiene que ver con el Poder de Distribución y Reciclado, que se compone asimismo por dos compartimentos: el primero, tiene que ver con la capacidad para distribuir el ingreso monetario con el que se cuenta y, el segundo, con el reciclado del mismo que se produce cuando logramos orientar una parte hacía la producción de nuevos ingresos, a través de alguno de los VAI citados.

De lo visto se desprende que el nivel de nuestro Poder Financiero Personal dependerá de la relación existente entre el dinero que ganamos (Poder Adquisitivo) y la capacidad que tenemos para distribuir racionalmente el mismo con el fin de satisfacer nuestras necesidades y generar nuevos ingresos a su vez (Poder de Distribución y Reciclado).

A la hora de planificar nuestro LifeStyle Design tendremos que tener en cuenta estas enseñanzas, dado que el camino será más sencillo de resolver si logramos desarrollar nuestro deseo en el campo profesional ocupándonos de llevar adelante aquella actividad que sentimos nos vuelve potentes, para luego pasar a la siguiente etapa que tiene que ver con la monetización y la posterior automatización de esta nueva faceta laboral.

Derribando mitos

Es importante que desbaratemos la falsa dicotomía reinante que nos dice que si no logramos ser empresarios exitosos y dueños de empresas debemos entonces trabajar en relación de dependencia desarrollando una ocupación que nos trae pocas satisfacciones.

El Lifestyle Design nos muestra que hay un punto intermedio que tiene que ver con utilizar los VAI que tenemos a nuestro alcance para generar ingresos pasivos que cubran nuestros gastos totales y nos brinden con ello la independencia financiera que necesitamos para tomar las riendas de nuestras vidas.

¿Trabajar solo tres mañanas por semana? ¿Viajar más seguido? ¿Realizar actividades deportivas y recreativas todos los días, aprendiendo cosas nuevas que nos entusiasmen? ¿Multiplicar por cuatro el tiempo que pasamos con nuestros afectos y en la naturaleza? ¿Tener tiempo para leer, curiosear o adquirir hábitos más saludables? Contrariamente a lo que cree la gran mayoría, no hace falta ser millonario para poder hacer todo eso y mucho más sin tener que preocuparse por el ingreso a fin de mes. Solo hace falta diseñar nuestra vida en función de lo que queremos y no queremos hacer, y luego tomar decisiones que nos acerquen gradualmente -y sin saltos al vacío- a esos objetivos.

Aumentando nuestra cultura financiera reduciremos exponencialmente el monto de dinero (al mismo tiempo que incrementamos el caudal de ideas) que necesitamos para generar los ingresos pasivos necesarios para liberarnos de la oficina, y podremos experimentar por fin la más honesta sensación de libertad que trae aparejado el sentir que estamos trabajando en la concreción de nuestros sueños en vez de aceptar que otra persona nos pague para que podamos concretar los suyos.

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