Opciones de Inversión para diferenciarse del rebaño consumista.

Es normal pensar que lo que hace la mayoría está bien, e incluso es muy común creer que si todos están yendo en la misma dirección, no tiene sentido que uno encare para otro lado. Instinto de mandada, que le dicen, pero esto tiene también su explicación científica basada en nuestro instinto animal de supervivencia: una liebre sola es una liebre muerta.

La política económica en la Argentina, en estos momentos, está más que clara: se trata de mantener la economía recalentada cueste lo que cueste. Para ello, se necesita que la gente gaste, consuma, compre, pida prestado (aunque no necesariamente en ese orden).

Esto, pienso yo, es bueno para el país: el aumento de la demanda trae aparejado un aumento de la producción, mayor actividad industrial, mejora de empleo, etc… hasta entrar en un círculo virtuoso.

Más allá de las discusiones políticas sobre nuestros gobernantes, la forma que tienen de manejarse y demás, vayamos a los fríos resultados: el PBI viene creciendo a tasas chinas hace ya 7 años, con crisis subprime en el medio.

Entonces, ¿Dónde está el problema? A mi juicio, en un aspecto muy sutil, un tanto controversial tal vez pero que es necesario entender:

Muchas veces, lo que es bueno para la sociedad en su conjunto no es bueno para uno mismo.

Y aunque esto suene como una contradicción (al fin y al cabo, alguien podría argumentar que la sociedad no es ni más ni menos que la sumatoria agregada de los comportamientos individuales de cada uno de nosotros), es de vital importancia para la salud de nuestras finanzas personales y nuestros anhelos de independencia financiera percatarse de ello.

Los fantasmas y el estímulo: inflación y cómodas cuotas.

Que la inflación es un tema importante en nuestros días, que duda cabe. La inflación la sentimos en la piel, cuando vamos al supermercado o en cualquier otra transacción comercial. Pero también hay que reconocer que el aumento de precios no es para todos igual y que no todos los precios aumentan un 2% mensual.

Vamos a los ejemplos: Los alquileres suelen renegociarse cada dos años, y luego de subir mucho a la salida de la convertibilidad ahora se fueron quedando un tanto mas rezagados.

Por otro lado tenemos las publicidades que nos incitan a comprar en 50 cuotas sin interés (no se ilusionen, acá nadie regala nada, la expectativa de inflación está metida en el precio que terminan pagando por el flat si lo comparan con su valor en efectivo) o los descuentos de las tarjetas de débito en shoppings y supermercados.

Todos los caminos conducen a Roma: consumir, consumir y consumir.

Eso es lo que necesita la economía, es lo que necesita el país. Y el efecto mandada hace que la gente entre en este juego de comprar aún sin necesidad para acceder a cuotas y descuentos o para que la inflación no se “coma” los ahorros.

Ahora bien, lo que planteo desde este post es que lo que le da libertad al ser humano es justamente su poder de elección. En esta vorágine de gastos, préstamos y consumo, hay lugar para que unos cuantos se salgan del rebaño y busquen su propio camino, resistiendo la presión de un marketing agresivo que nos quiere hacer creer que el dinero quema y que no queda otra que gastarlo.

Ahorrar=invertir (hacé lo que yo digo pero no lo que yo hago)

Mientras el gobierno nos incita a gastar, se conocen dan a conocer cifras acerca del nivel de reservas en dólares del Banco Central: 50.604 millones de dólares, record histórico. Es decir, mientras todos gastamos el gobierno ahorra.

Si se logra asomar la cabeza sobre el agua, se verá que existen opciones de inversión que van desde el 7 al 35%, en pesos.

En el rango inferior tenemos los plazos fijos y en el superior préstamos a Pymes respaldadas por mutuos. En el medio podemos encontrar fondos de fideicomisos y bonos del gobierno nacional en pesos con vencimientos largos, junto con otra gama interesante de opciones (departamentos amueblados para alquilar a turistas, hipotecas en dólares al 16%, y muchas otras).

Claro, nadie nos va llamar a nuestra casa para decirnos que existe una Pyme muy sólida que necesita dinero y paga un 35%, pero créanme que las oportunidades están y es solo cuestión de buscarlas, instruirse, averiguar, preguntar, ser curioso.

Pero para llegar a esto, primero hay que tomar la decisión de no entrar en la manía de consumo y pensar antes en cada peso/dólar que entra en nuestro poder como un empleado que trabajará junto con otros para nuestro beneficio. Prueben pensar en cada 10.000 pesos que ganan como $150 pesos más por mes de ingresos pasivos (que es lo que lo podríamos hacer rendir invirtiéndolo al 16% anual en un mix de las opciones antes citadas) en vez de el nuevo Iphone o el Flat 3D.

Hoy, más que nunca, es necesario diferenciarse y comenzar a construir nuestro futuro de una manera un tanto “outsider”: trabajar para consumir productos que nos dan una felicidad frágil y efímera o trabajar para dejar de trabajar y disfrutar de otras cosas a tiempo.

No hay margen para error y está en juego ni más ni menos que nuestro futuro económico.


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