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La muerte del trabajo.

Especial de Nicolás Litvinoff para el diario La Nación.

El trabajo, tal como se lo concibe tradicionalmente, está herido de muerte. Lo podés negar, como algunos niegan al cambio el cambio climático, o asumir y comenzar a actuar para evitar daños colaterales en tu vida.

La crisis de confianza global en los líderes políticos (Trump, Temer, Maduro, etc.) tiene mucho que ver con eso. Tanto desde la derecha como desde la izquierda se promete algo que no se va a cumplir: la creación de empleos en un mundo que tiende irremediablemente a generar cada vez más desempleados como consecuencia de las innovaciones tecnológicas y el reemplazo del humano por el robot.

La mayoría de los trabajos actuales se encuentran en un proceso de automatización donde las máquinas son protagonistas. La inteligencia artificial se cuela a diario en nuestras vidas a través de cajeros automáticos, bancos online, autos que se manejan solos, noticias financieras que son elaboradas por computadoras y muchos otros desarrollos que enorgullecen a la comunidad científica.

Hoy podemos afirmar que los trabajos que quedarán en nuestras manos luego de la revolución tecnológica que estamos experimentando serán aquellos donde mostremos un mejor desempeño que los algoritmos informáticos, aunque lo cierto es que aún no sabemos con exactitud de qué tipo de ocupaciones estamos hablando.

La buena noticia es que es factible que la tecnología que destruye empleos actuales sea la misma que genere nuevas maneras de brindar una mejor calidad de vida a la masa creciente de desocupados. En este punto, la preocupación colectiva pasa por el uso que se haga de esta tecnología y la distribución que se le de a las riquezas que genere.

En términos financieros, ¿cómo podemos prepararnos para lo que sucede y lo que vendrá? ¿Es posible separar la noción de trabajo de la de ingresos para beneficiarnos con el cambio de paradigma?

A partir de nuestros conocimientos en Finanzas Personales y la noción de “Los 3 ejes para ganar dinero”, ensayaremos algunas respuestas.

Los nuevos desocupados y el desdoblamiento de lo real

La relación entre el uso de capital humano y el valor de mercado de una compañía ha sufrido un cambio drástico en las últimas décadas. La incorporación de más empleados ya no genera necesariamente riqueza empresarial. Un caso paradigmático de los tiempos que corren es Tesla, la automotriz que fabrica vehículos eléctricos. La empresa emplea a poco más de 17.000 personas, nada en comparación con las 200.000 de Ford. Sin embargo, por el notable aumento de precio de sus acciones, exhibe un valor de mercado superior (51.000 millones de dólares contra 43.000 millones).

Dado que Tesla es considerada el futuro de la industria automotriz, ¿quién podría pensar que el mercado laboral irá en sentido contrario a esa evolución?

El segundo problema que plantea el nuevo escenario refiere ya no a aquellos oficios que estarán a cargo de robots sino a los nuevos conocimientos que demande la industria. Muchos ciudadanos podrían verse marginados por el simple hecho de no contar con la formación adecuada para encontrar un nuevo empleo.

Considerando lo visto hasta ahora, lo más probable es que en el mundo aflore un ejército de desocupados mayor al actual que deberá seguir viviendo y, sobre todo, consumiendo. Será obligación de los Estados ocuparse tanto de sus necesidades más elementales como de mantenerlos ocupados y mínimamente motivados para evitar que salgan del sistema y, eventualmente, se rebelen contra él.

¿Cómo alcanzarán los Estados su meta? La creación de una realidad virtual a través de las redes sociales y los nuevos dispositivos inteligentes serán probablemente una fuente de contención y entretenimiento para quienes no sean útiles en el área productiva. No obstante, es posible que esta solución termine beneficiando a muchos de estos consumidores, quienes podrían pasar al campo de los productores de servicios virtuales en su búsqueda por obtener ingresos adicionales.

Pero más allá de estos cambios importantes que ya se notan en el entramado social, lo que nos interesa aquí es dilucidar la mejor forma de prepararnos a nivel individual para que el divorcio entre trabajo e ingresos no nos afecte.

Vivir sin trabajar

En notas anteriores hemos tratado largamente la posibilidad de vivir sin trabajar. En general, enfocamos el tema desde la pregunta acerca de cuál sería el monto de dinero que deberíamos acumular para concretar ese sueño financiero. Imaginemos una situación absolutamente diferente: la de quienes no trabajan no porque no quieren sino porque no pueden. Claramente, resulta desesperante.

Por eso, si no comenzamos a separar la noción de ingresos de la de tiempo, más adelante la sociedad lo hará por nosotros de manera compulsiva. Uno puede dedicarse a algo en la vida y generar dinero por otras vías. Es la mejor manera de llegar bien posicionados al partido.

En mi nota “Los 3 ejes para ganar dinero” establecí los argumentos a partir de los cuales debemos concentrarnos en generar ingresos adicionales extrayendo el jugo de nuestras ideas y del dinero que vamos ahorrando.

Incorporar estas ideas nos permitirá entender que la muerte del trabajo no es otra cosa que la reducción lenta pero constante de oportunidades de generar ingresos a partir del uso del cuerpo (el eje en el que se basa más del 90% de la población mundial). Sin embargo, el caudal de agua rica en ingresos que emana de las ideas y de los ahorros no debería verse afectado por la nueva revolución de la industria.

Comenzá a ejercitar desde ahora el eje “dinero” mejorando tu nivel de conocimientos financieros y verás que el futuro ya no te causará temor. El mismo mandato aplica para el eje “ideas”, que requiere de ejercicios constantes y buena predisposición para emprender negocios que te brinden ingresos pasivos o semipasivos.

Conclusión

¿Cómo serían tus días sin tener que ir a trabajar? ¿Qué harías? ¿Con qué actividades y grupos te identificarías? Viene muy bien comenzar a trabajar sobre estas preguntas en el mundo de las finanzas personales, aunque siempre con un sesgo más pragmático que filosófico.

Un ejercicio recomendado consiste en imaginar una semana de tu nueva vida y describirla día por día en una agenda. Cuantos mayores detalles puedas volcar en esas páginas, más impacto tendrá en vos el hecho de leerte y cotejar tus deseos con la realidad.

Será suficiente motivación para que avances en una doble misión: liberar tiempo hoy dedicado al trabajo para otros y generar ingresos por vías alternativas que te permitan disfrutar de “la muerte del trabajo”, en lugar de sufrir sus consecuencias.


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