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Cinco reglas de oro para el inversor de largo plazo

Especial de Nicolás Litvinoff para el diario La Nación

En columnas anteriores hemos dedicado tiempo en analizar a los inversores ansiosos, buscando determinar lo que no se debe hacer a la hora de invertir en Bolsa o en criptoactivos.

En la nota de hoy seguiremos profundizando el conocimiento acerca de este apasionante mundo de la inversión en renta variable para estudiar cinco reglas de oro para el inversor de largo plazo. Queremos generar conciencia sobre la necesidad de mantener una conducta productiva y segura para que los ahorros trabajen para nosotros.

Regla de oro #1: Dedicarle tiempo y esfuerzo al “research fundacional”

Llamamos “research fundacional” al estudio que deriva en la elección de las acciones o criptoactivos en los que invertir. Este análisis se puede hacer con varios métodos. Entre ellos, los siguientes:

  • El análisis fundamental, que implica el estudio de las variables financieras de una empresa emisora de acciones, como ser la relación precio/ganancias, valor libro o proyecciones de crecimiento y ventas.
  • El análisis técnico, que estudia la evolución del precio del activo en gráficos buscando niveles de soporte y resistencia, tendencias alcistas y bajistas, etc.
  • Conocimiento local. Es decir, aprovechar nuestro rol de consumidores e invertir en empresas con productos y/o servicios que consideremos de calidad, que brinden buena atención al cliente, que tengan buena imagen y cuya marca tenga valor en el mercado.

Es importante que el estudio no sea hecho a las apuradas y que podamos defender con argumentos nuestra inversión, porque cuando el mercado se nos ponga en contra, la fortaleza de los cimientos será la que nos permitirá soportar el vendaval que, caso contrario, podría convencernos de malvender nuestra tenencia.

Regla de oro #2: No sobreponderarse

El inversor de largo plazo compra tranquilidad y para ello es conveniente que sus inversiones estén debidamente diversificadas. De esta forma, su portafolio no sufrirá demasiado por la pérdida de valor de uno o dos de los activos que lo componen.

La regla de oro de no sobreponderarse nos ofrece una solución al problema: nunca se debe colocar más del 10% del total de nuestros ahorros en un solo activo de riesgo, no importa cuánto nos guste ni qué ganancias prometa.

Por lo tanto, un portafolio de inversión no deberá tener menos de 10 activos ni más de 20, puesto que la diversificación exagerada termina limitando los potenciales beneficios.

Regla de oro #3: Pensar siempre en términos de ganancias y pérdidas realizadas

El inversor de largo plazo no piensa que un día en particular está ganando X cantidad de dinero porque sus activos están subiendo. Tampoco se deprime pensando que está perdiendo X cantidad de dinero cuando tiene lugar una mala jornada. Las pérdidas o ganancias no realizadas son siempre parciales y no representativas del éxito o fracaso de la inversión en el largo plazo.

Lo que realmente importa es el precio del activo elegido en momentos cercanos al final de la inversión, si es que ese plazo está definido de antemano.

Las variaciones de precio de corto plazo deben ser anecdóticas para el inversor de largo y no representativas del valor intrínseco de la inversión, determinado durante el cumpliento de la regla de oro #1.

Regla de oro #4: Aprovechar las bajas por motivos exógenos

La caída de precio de los activos puede darse por factores endógenos o exógenos. Se dice que una baja en el precio de las acciones es endógena cuando responde a motivos vinculados directamente con la empresa emisora, como puede ser un balance trimestral malo; mientras que se habla de razones exógenas cuando son ajenas a la empresa, más allá de que puedan terminar afectándola, como por ejemplo un dato de crecimiento económico menor al esperado del país en el cual la empresa opera.

En las caídas endógenas el inversor de largo plazo debe analizar si esa situación cambia en algo su research fundacional, aunque en rigor son pocos los casos en que eso sucede si el análisis original fue riguroso y abarcativo.

Las caídas exógenas, en cambio, pueden ser vistas de la misma manera que las promociones de los supermercados en determinados días y con determinadas tarjetas: una oportunidad de compra.

Regla de oro #5: No dejarse tentar por el canto de las sirenas

Habrá momentos de quietud para los activos que estemos invirtiendo y que coincidirán con fuertes subas de los precios de otros activos que no tenemos en cartera.

Un error muy común es enojarse con nosotros mismos, sentirnos estúpidos y pensar que “vamos en carreta mientras que otros van en avión”. Los más ansiosos desarman posiciones con buenos researchs fundacionales para saltar al activo del momento.

La historia no suele terminar bien para este tipo de cambios compulsivos: la carreta sigue avanzado a paso lento pero seguro, mientras que el avión termina estrellándose al poco tiempo.

El inversor de lago plazo debe hacer lo mismo que hizo Ulises frente al canto de las sirenas: taparse bien los oídos y atarse al mástil de sus inversiones, dejando que otros traten de ganarle al promedio de mercado en el corto plazo (cosa que, está demostrado, es prácticamente imposible de realizar de manera continua y permanente).

Conclusión

El Meval (índice bursátil argentino) rindió 60% promedio anual en pesos en los últimos 16 años. La suba eclipsa a cualquier activo que se pueda comprar por estas pampas. El bitcoin , por otro lado, fue el activo de mejor rendimiento a nivel global desde su creación (año 2009) a excepción del año 2014, y ha multiplicado miles de veces su valor inicial. ¿Quiénes vienen aprovechando estas sostenidas tendencias alcistas? Seguramente, no fueron aquellos que gustan del trading. Podrán realizar buenas operaciones puntuales de corto plazo, pero muchas tendrán resultado negativo, aunque prefieran no comentárselo a sus amigos, conocidos y clientes.

El abandono de las creencias nocivas que aseguran que en la Bolsa se puede hacer dinero fácil y rápido, junto con el cumplimiento de estas 5 reglas de oro, implica adoptar una actitud profesional que nos dará la posibilidad de aprovechar el crecimiento económico y la aparición de nuevas tecnologías. Nuestras finanzas personales nos lo agradecerán toda la vida.


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