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Dime tu edad y te diré cuánto deberías ahorrar

Especial de Nicolás Litvinoff para el diario La Nación

Solemos hablar abiertamente sobre temas como fútbol, religión y, sobre todo, política. Muchas veces, discutimos de manera acalorada sin medir las consecuencias. Sin embargo, con el dinero no sucede lo mismo. Siempre es más lo que se oculta que la información que se revela. Casi nadie dice lo que gana y es imposible encontrar a alguien que cuente alegremente el dinero que tiene ahorrado.

Como resultado de este silenzio stampa, la mayoría de las personas carece de un GPS que les diga si van por el camino correcto y a qué destino llegar. Esto es, cuál es el monto total ahorrado que se sugiere para cada etapa de la vida. Las dudas invaden incluso a aquellos ciudadanos tenaces que logran, pese a la inflación y las crisis recurrentes, generar un excedente monetario la mayoría de los meses. “¿Es suficiente el monto que tengo ahorrado? ¿Cuál debería ser mi objetivo? ¿Le tengo que meter pata ahora o aún tengo tiempo para acelerar?”, se preguntan nuestros amigos ahorristas e inversores.

A continuación, brindaremos nuestras respuestas poniéndole números y fijando metas.

De 20 a 30 años

Sin importar su origen social, los jóvenes de entre 20 y 30 años son los más proclives a derrochar dinero. El retiro laboral y la vejez suelen verse como algo tan lejano que resulta muy difícil convencerlos de ahorrar.

Es muy común ver cómo destinan sus excedentes al consumo que les permite aparentar. Hablamos de la compra de lo último en tecnología o de la ropa de moda. Por eso hay tantas marcas que compiten por formar parte de su lenguaje, ese que los identifica que deja afuera a quienes no pueden acceder a los productos. Este tipo de comportamiento se conoce como “la trampa del estatus”.

Paradójicamente, el ahorro a esta edad resulta el más provechoso de todos, porque, siempre que sea correctamente invertido, le permitirá a la persona gozar de más tiempo libre a lo largo de su vida y tener más tiempo al tener dinero “trabajando” para ella, en lugar de ella esforzándose para conseguir dinero.

Para este grupo etario la recomendación es ahorrar por lo menos el 10% del ingreso mensual, de manera tal que, hacia el final del período, se haya acumulado el equivalente a un año de trabajo.

Para un ingreso de, por ejemplo, 30 mil pesos mensuales, una persona de 29/30 años debería contar con ahorros por 360.000 pesos (cerca de 10.000 dólares al tipo de cambio actual).

De 30 a 40 años

Esta es la década en la que se suelen tomar grandes decisiones. En este punto, llamamos a tener cuidado, dado que algunas de esas decisiones pueden desembocar en desaciertos financieros que luego se lamentan.

Un error típico pasa por tener entre ceja y ceja el objetivo del techo propio y endeudarse fuerte para cumplirlo hipotecando buena parte de los ingresos futuros.

Hoy en día, tener una casa propia no se considera una inversión en sí, ya que lo que estamos haciendo es comprar un pasivo: un bien que sacará dinero de nuestro bolsillo todos los meses.

En términos económicos, observamos que el “costo de oportunidad” del techo propio es muy alto: los inmuebles se venden a un precio tan elevado que, aún con alquileres altos en relación con los salarios, la rentabilidad promedio que genera ponerlos en alquiler no supera el 3% anual para los propietarios, quienes además deben velar por el estado de sus propiedades. A modo de comparación, hoy se pueden conseguir tasas de rentabilidad del 6 o 7% anual en dólares invirtiendo en bonos u acciones preferentes de empresas estadounidenses de primera línea.

En lugar de comprar una casa, mejor invertir bien dinero y usar los intereses para pagar el alquiler y financiar otros gastos corrientes.

Dicho esto, el ahorro mínimo del que se debería disponer al finalizar esta etapa de la vida (39/40 años) equivale al doble de los ingresos anuales. Imaginando un ingreso mensual de 50 mil pesos, el piso deseado es de unos 33.300 dólares.

De 40 a 50 años

Llegamos a la madurez y, en el mundo ideal, los ingresos acompañan a nuestros conocimientos. Por lo tanto, percibimos más dinero que antes.

Quienes aún no ahorraron, pueden ser optimistas y pensar que están recién en la mitad del camino gracias a la extensión de la esperanza de vida.

De todos modos, la prudencia debe estar a la hora del día y las inversiones deben justificarse con argumentos de peso. Nada de seguir opciones que prometan dinero fácil y rápido.

Es la etapa más productiva. Los ahorros lo saben. Por lo tanto, debemos aprovecharla al máximo duplicando el monto de dinero que sabremos destinar a inversiones que generen ingresos pasivos.

Con ingresos totales rondando los 70 mil pesos por mes, deberíamos llegar al final de la década con una cifra equivalente a cinco veces nuestros ingresos anuales: unos 4,2 millones de pesos o 117.000 dólares estadounidenses.

Más de 50 años

El ideal para este período de la vida -en especial si hablamos de los 59/60 años- habla de ir cosechando lo sembrado en épocas más tempranas. No obstante, como la mayoría de las personas continúan trabajando y generando ingresos, el dinero acumulado debería aumentar, más allá de que la paga mensual pueda haberse reducido en comparación con la edad dorada de diez años atrás.

Las inversiones deben tener cada vez más un sesgo conservador, a fin de evitar que los vientos de frente de una economía que suele bailar con las crisis no nos dejen prisioneros de un ciclo recesivo y nos impidan por largos años recuperar el capital cosechado. Además, tranquilidad y previsibilidad son sinónimos de salud en esta etapa.

Adoptando las medidas adecuadas, no hará falta pensar cuánto dinero es necesario para jubilarse, una pregunta anticuada para los tiempos que corren, con la gente pensando cada vez menos en una jubilación y más en años sabáticos o retiros temporarios.

Conclusión y aclaraciones

Entiendo que el lector podría considerar arriesgado retirarse a los 50 años con 120.000 dólares en el banco. En ese caso, lo llamaría a revisar el punto de partida de su análisis y observar que el actual es un escenario de dólar alto donde la divisa verde ostenta un alto poder de compra. Claramente, en otro contexto propondríamos cifras más altas en dólares.

Por lo tanto, más allá de los cálculos aquí vertidos, lo importante es medir nuestros avances de manera relativa, respetando la relación entre total de ingresos y ahorros anuales para cada etapa de la vida (de 20 a 30 años el equivalente a un año de ingresos ahorrado, de 30 a 40 años al menos dos años de ingresos ahorrados y a los 50 años deberíamos poseer al menos 4 años de ingresos anuales en la “alcancía”).

La hoja de ruta está trazada. Las cifras que aquí se plantean se pueden cuestionar, pero la idea de fondo debe ser constituir el punto de partida para lograr una vida más saludable en términos financieros y con mayor tiempo libre. Es el GPS que necesitamos para empezar a navegar. Puede corregirse o actualizarse, pero no descartarse. Sin él, no podremos llegar al destino deseado.


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