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El rulo, el bucle y el dinero fácil

Especial de Nicolás Litvinoff para el diario La Nación

Podés ganar dinero fácil y rápido haciendo un rulo o un bucle. No hay impedimentos ni riesgos. Solo necesitás el capital inicial y la cuenta comitente en una sociedad de bolsa para hacerlo. ¿Qué estás esperando? ¡Hacelo!”

Palabras más, palabras menos, esta es la nueva avivada argentina, la favorita de los ejecutivos de cuenta y de los autoproclamados genios de las finanzas que diseñaron su versión light del “hecha la ley, hecha la trampa”, porque, al fin y al cabo, no había trampa, aunque sí una vocación clara por aprovechar el desconcierto del Gobierno y la distorsión de precios que generó el cepo.

Si sos un comprador compulsivo de espejitos de colores, no leas la columna de hoy. Venimos a bajar las expectativas. Por un lado, los rulos y los bucles no son tan sencillos de realizar. Por el otro, tienen costos y riesgos ocultos (financieros y de otro tipo) que ahuyentan a los inversores minoristas.

Pasemos a la acción. Analicemos cada tipo de operación.

Los arbitrajes financieros

El arbitraje financiero es una operación que surge por una divergencia, por la distancia temporal que aparece en el precio de dos activos que tienen características similares de riesgo, flujos futuros de fondos, etc. Dado que en situaciones normales deberían valer lo mismo para el mercado, se dice que uno está sobrevaluado (el que se vende más caro) y el otro subvaluado (el que se vende más barato).

Frente a esta situación, un inversor rápido de reflejos actúa comprando el que está “barato” y vendiendo el que está “caro” (o apostando a su baja mientras mantiene el activo hermano). Y si hablamos de un mismo activo con dos valores distintos, según la forma en la cual se lo compra o vende, el inversor interviene comprándolo con la modalidad de precio “barato” y vendiéndolo con la modalidad del precio “caro”.

Esta operación es realizada por numerosos inversores hasta que los precios se equiparan. En el mercado, se dice que los precios se van “arbitrando” hasta igualarse.

Lo cierto es que, para que la operación sea considerada un arbitraje financiero, no debe existir ningún tipo de riesgo, ya sea de variación de precios en el medio de la operación o de costos ocultos, derivados o implícitos.

Veremos que este no es el caso del rulo ni del bucle, erróneamente promocionados como un pasamanos sin riesgo.

El rulo

Bautizado así en la jerga financiera, esta operatoria consistía en comprar dólares en el banco al tipo de cambio oficial y, con esos dólares, adquirir un bono argentino dolarizado para convertirlo a su versión en pesos y venderlo de inmediato aprovechando que en la conversión de los bonos existen una diferencia de tipo de cambio que juega a favor del hacedor del rulo. Con los pesos obtenidos se compraban los mismos dólares que antes y al inversor le quedaba ese ahorro en divisas más un excedente en pesos.

El rulo se basaba estrictamente en la diferencia de precios entre el dólar oficial y el dólar MEP (el que rige el precio del dólar para los bonos argentinos que cotizan en el mercado local, pero que se negocian en dólares).

Esta operatoria se podía realizar varias veces hasta llegar a los 10.000 dólares mensuales, el límite que fijó el Gobierno para la compra de divisas en el mercado de cambios. Los amantes del rulero aseguraban que con esta operación se podía ganar en pocos minutos hasta un 7% de lo invertido en pesos.

Más allá de que el Banco Central y la Comisión Nacional de Valores emitieron normativas contra esta operatoria (primero restringiéndola a una operación por semana y luego obligando a los agentes de liquidación y compensación a contar previamente con una declaración jurada del inversor que manifieste que los dólares no provienen de una operación de Mercado Único y Libre de Cambios -MULC- realizada en los últimos 5 días hábiles), el rulo ya contaba con otros factores intrínsecos que lo volvían de muy difícil acceso para el ciudadano de a pie entusiasta del dinero rápido y fácil. Estas dificultades eran:

  • La adquisición de los dólares a precio oficial para dar inicio a la operatoria no es tan sencilla. Muchos bancos solo venden 1.000 dólares mensuales por persona por ventanilla. El resto hay que comprarlo por home banking, para lo cual hay que tener el dinero bancarizado y en pesos, con los riesgos que eso significa en términos de devaluación de moneda y pérdida de poder adquisitivo.
  • A futuro, la AFIP podría hacer inspecciones a las personas que realizaron la operatoria para estudiar el origen de los fondos involucrados.
  • Es muy probable que el dinero y las ganancias involucradas terminen pagando el impuesto a la renta financiera por esa ganancia.
  • Había que tener aceitada la autopista financiera para poder meterse en el rulo. Esto implica una cuenta en una sociedad de Bolsa, comisiones bajas que no licúen la ganancia, reducir costos de transferencia del dinero de un banco a una sociedad de Bolsa, evitar demoras en las transferencias y más.

El bucle

El bucle apareció recientemente como una versión vip del rulo, pensado para inversores más pudientes con 10.100 dólares adquiridos previamente.

Con esas divisas se compra un tipo de bono especial que es el Bonar 2024 en dólares (AY24D), que tiene la particularidad de que se liquida de inmediato y de contado. Se lo convierte a su primo hermano en pesos y se lo vende en el mercado. Con esos pesos se compran los 10.000 dólares permitidos por mes al tipo de cambio oficial. Así, el inversor tendrá el capital original (100 dólares menos, en rigor) más unos 60.000 pesos.

Para realizar el bucle todos los meses, habrá que comprar cada 30 días unos 10.000 dólares, algo difícil de justificar ante la AFIP (la operatoria debe hacerse a título personal ya que las empresas tienen prohibida la compra de dólares para atesoramiento). Por otra parte, es probable que un cambio en las reglas termine también con esta práctica, que además esconde todos los riesgos mencionados más arriba para el rulo.

Conclusión

Ya hemos hablado de esto en columnas anteriores: la búsqueda de dinero fácil y rápido no es otra cosa que una pérdida de tiempo que quita energía y frustra a quien lo persigue.

Así como busca bajar las expectativas de los soñadores del batacazo financiero, esta nota debería traer alivio a quienes leyeron con avidez los pormenores del rulo o del bucle y sienten que se están perdiendo algo realmente bueno por no haberse animado a actuar.

Mejor utilizar ese tiempo y esa energía para invertir el dinero con fundamentos en negocios menos vertiginosos, pero realistas y rentables.

Los arbitrajes financieros existen y todos podemos aprovecharlos cuando estamos preparados para hacerlo, aunque en general duran muy poco y suelen ser explotados por los traders que conocen las vicisitudes de la operatoria, tienen contactos para realizarla sin sobresaltos y saben cómo evitar o reducir riesgos en su aventura.

Para el resto de los mortales nada está perdido: si enfocamos los cañones a la inversión en el largo plazo, podemos obtener grandes resultados en los próximos años. El contexto actual es propicio. Imitemos la paciencia de la araña. Es mucho más efectiva que la ansiedad humana.


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